¿Dónde estás, lobo feroz? (Maple Hollow 1) Capítulo 40
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Capítulo 40

R afe había pasado un año largo y solitario desde que abandonara su manada.

No creía que la hubiera echado de menos.

Las apariencias, las peleas, las discusiones con su padre.

Pero, ahora que estaba allí, todo lo demás acudió también a su mente.

La compañía, la lealtad, la sensación de que alguien más entendía quién y qué eras.

Quizá sí que lo hubiera echado de menos. Un poco.

Caminaron hacia el campamento, Ruby bien pegada a su costado.

El peso de la mirada de su gente bastaba para ralentizarle el paso.

¿Y si le daban la espalda? Se le formó un nudo en la garganta, medio temiendo que su padre emergiera de entre las sombras.

Si alguien era capaz de aparecerse como fantasma vengativo, ese era él.

El campamento tenía el mismo aspecto que cuando se marchó: agrupaciones de tiendas en torno a los pozos para hacer fuego y algunas caravanas para los meses más fríos.

Nada era permanente. La manada llevaba allí varios años, pero seguían viviendo como si quizá tuvieran que marcharse en cualquier momento.

Rafe recordaba las veces que habían tenido que irse de forma precipitada, por lo general después de demasiados enfrentamientos con los humanos de la zona.

Al final, sus vecinos contraatacaban y entonces eran los lobos quienes se convertían en la presa.

Rafe reconoció los rostros, lobos y humanos, que los miraban a Ruby y a él conforme se adentraban en el campamento. Vio cómo sus expresiones de perplejidad mudaban en gestos inquisitivos. Nadie mostraba una actitud abiertamente hostil, cosa que ayudó a aliviar la tensión de sus músculos.

«El viejo ha muerto», se recordó a sí mismo dejando escapar una larga bocanada de aire. Le agarró la mano a Ruby y ella se la apretó como si su vida dependiera de ello. Había sido un idiota por llevarla allí, pero ya no había vuelta atrás.

Una de las mujeres mayores de la manada fue la primera en aproximarse a ellos. Dina lo conocía desde hacía más tiempo que la mayoría. Su rostro bronceado se veía surcado de arrugas a causa de la edad.

—Has vuelto — declaró sin más, evaluándolo con la mirada.

— He vuelto.

La mujer desvió entonces su oscura mirada hacia Ruby.

— Has traído a una humana.

— Es una amiga.

Si Dina percibió que Ruby era algo más que eso, no dio muestras de ello. Se limitó a asentir una vez con la cabeza, pero se mantuvo firme en mitad del camino.

— ¿Has venido a causarnos problemas, Rafe?

La vergüenza ardió con fuerza en sus tripas. Eso era lo que pensaba de él su manada, incluso después de tanto tiempo. Que había acudido allí a resucitar antiguas batallas.

— No, señora. — Se aclaró de nuevo la garganta, las palabras se le atascaban.

Ruby le apretó los dedos. Él aspiró profundamente su aroma y se recordó a sí mismo por qué estaba allí — .

Solo he venido a hablar con mi hermano. — Dina enarcó sus canosas cejas, pero Rafe alzó una mano en señal de rendición — .

Hablar, Dina. Nada más. No he venido a remover el pasado.

En eso se había convertido la relación con sus hermanos. Nadie creía que pudiera tener algún otro motivo que no fuera buscar pelea. ¿Por qué iban a creerlo? Hacía años que no mantenía con Knox una conversación civilizada.

Dina se quedó estudiándolo unos segundos más y Rafe sintió un hormigueo en la piel bajo su escrutinio.

Los lobos no eran como los humanos. No se molestaban en ser educados.

Se quedaban mirándote, te olfateaban y te calaban por completo.

Con un lobo, no podías fingir o mentir. Te conocían demasiado bien.

Otros lobos se habían reunido en torno a ellos mientras hablaban, varios de ellos aún transformados en animal.

Olfateaban a Ruby y ella se acercó más a su lado.

De pronto, Rafe se sintió expuesto, abierto en canal delante de todos.

¿Se darían cuenta ellos también? ¿Sabrían que ella era su compañera predestinada?

Theo lo había percibido. Y Theo no percibía la mayoría de las cosas.

Aquello en lo que nunca había creído le parecía de pronto más real que cualquier otra cosa. Sentía que Ruby llevaba la palabra grabada en la frente. Debería habérselo contado esa misma mañana.

Volvió a mirar a Dina y se encontró una sonrisa resentida dibujada en su rostro.

— Ha pasado mucho tiempo, Rafe.

— Pensé que sería mejor así.

La mujer encogió sus hombros menudos.

— Quizá pensaste mal.

Rafe no tuvo tiempo de descifrar aquel comentario antes de que se reu nieran a su alrededor más lobos y personas para ver de qué iba todo aquello. No resultaba fácil hacer nada por allí sin que se enterase toda la manada.

Rafe escrutó los distintos rostros conocidos, algunos con sonrisas reticentes, otros con el ceño fruncido. Caras de gente con la que se había criado. La gente que no hizo nada por frenar los abusos de su padre. Su hermano no se encontraba entre ellos.

— ¿Has vuelto para quedarte? — Ryder, un amigo de toda la vida, le dio una fuerte palmada en el hombro, atreviéndose a acercarse ahora que Dina había dado su aprobación.

— No, estoy de visita. — La respuesta apenas salió de sus labios.

Las imágenes y los olores lo abordaron desde todos los flancos, los recuerdos se agolparon en su cabeza.

Su hogar. La palabra, la sensación, fue como recibir un puñetazo en el pecho.

El pelaje, los pinos y el humo de la leña impregnaban el aire.

Caras que no había visto más que en sus sueños flanqueaban ahora el camino frente a él.

— ¿Rafe? — Una voz de mujer irrumpió en mitad del escándalo creciente de la multitud.

Todos los demás se difuminaron. Seguía teniendo el mismo aspecto que el día en que él se marchó, salvo que esta vez no tenía las mejillas bañadas en lágrimas. Su piel olivácea y sus ojos claros aún le conferían una belleza llamativa, igual que a su hijo.

Se aproximó despacio, parpadeando como si no confiara en lo que estaba viendo.

— Eres tú — le dijo con una sonrisa; a continuación, le rodeó el cuello con los brazos.

Rafe la abrazó, aspirando su aroma familiar a lavanda y a té muy cargado.

— Mamá — murmuró. Los largos cabellos rizados de ella le hacían cosquillas en los brazos al devolverle el abrazo.

Ruby se aclaró la garganta y ahuyentó así los miles de recuerdos que Rafe tenía de aquella mujer que lo había cuidado y querido cuando no tenía a nadie más. Había sido su lugar seguro. El único en una infancia marcada por lecciones duras y castigos aún más duros.

Volvió a dejar sus pies en el suelo y ella le dedicó una sonrisa radiante.

— Ruby, te presento a mi…, bueno…, mi madrastra, supongo que podríamos decir. Mamá, te presento a Ruby.

Nell, la única madre a la que había conocido, desvió su astuta mirada hacia Ruby. Un ceño fruncido le oscureció el rostro.

— Encantada de conocerla — dijo Ruby.

Rafe se dio cuenta de que era la primera vez que hablaba desde que habían llegado. Nell no contestó de inmediato, se quedó mirándola con fijeza.

Ruby, visiblemente nerviosa, siguió hablando sin parar.

— He conocido a su hijo. Bueno…, me refiero a su otro hijo…, a Theo. Es muy simpático. Encantador. Se parece mucho a usted.

Los labios de Nell esbozaron una sonrisa al oír el nombre de Theo.

— Es un buen chico. — Miró entonces por encima del hombro de Rafe — : ¿Ha venido?

— Esta vez no. Lo siento, mamá.

Su hermoso rostro adoptó una mueca de decepción, aunque enseguida se recuperó.

— Bueno, me alegra que tú hayas vuelto, Rafe.

— No he vuelto.

Nell se estremeció al oír la sucinta respuesta y entonces él suavizó el tono.

— No he vuelto, solo he venido a hablar con Knox. Es importante.

Ella lo estudió durante un rato más antes de asentir con la cabeza y hacerle un gesto para que la siguiera. Habló por encima del hombro mientras la seguían a través del campamento y de los susurrantes grupos de lobos.

— A Knox le sorprenderá verte.

Eso era quedarse corta, pero su madrastra siempre había tendido a restarle importancia a los problemas que tuvieran los hijos de su alfa.

— Ha estado muy ocupado desde que murió vuestro padre. Tiene grandes planes para la manada.

— No me cabe duda — murmuró Rafe.

Nell se giró abruptamente para mirarlo.

—Tu hermano es el alfa, Rafe. Si has venido a desafiar eso, deberías marcharte ahora mismo.

Rafe rechinó las muelas.

—Ha venido por mí, no por él.

Nell clavó entonces la mirada en Ruby.

—¿Ah, sí?

Ruby estiró los hombros y se enfrentó a la mujer lobo.

—Rafe solo ha venido para ayudarnos a mi hermana y a mí. Fui atacada por un lobo.

—No sería uno de los nuestros —contestó Nell con actitud defensiva.

—No. Pero confiamos en que Knox pueda ofrecernos alguna respuesta.

Nell se quedó observándolos a ambos, desaparecida ya su sonrisa anterior. Siempre sucedía lo mismo con su madre adoptiva. Para ella, la manada estaba por encima de todo lo demás. Incluso por encima de sus hijos.

—Por favor. Solo queremos hablar con él. —La voz de Ruby sonaba firme, aunque Rafe alcanzaba a oler el miedo que desprendía su piel. Deseaba agarrarla y huir con ella muy lejos de allí.

Se detuvieron frente a una enorme tienda de campaña de camuflaje situada en el centro del campamento.

Había lonas suspendidas sobre la zona exterior de cocina y varias sillas desparejadas reunidas en torno al pozo para hacer fuego.

La manada vivía la mayor parte del año allí fuera hasta que el clima se tornaba demasiado frío.

Entonces se trasladaban a las caravanas, y había quien se marchaba para alquilar una casa en el pueblo durante el invierno.

Eran okupas en el mejor de los casos, vagabundos en el peor de ellos.

La cabaña de Rafe era todo un lujo comparada con aquello.

Cualesquiera que fueran los grandes planes de Knox no parecían incluir mejoras en la vivienda, al menos de momento.

Tampoco podía hacer gran cosa si la manada no era propietaria del terreno donde vivía.

Pero Rafe no había venido por nada de eso.

Nell abarcó las sillas con un gesto de la mano.

— Knox ha salido a cazar, pero podéis quedaros y esperar. — Su expresión se suavizó y le puso una mano a Rafe en el brazo — . Me alegro de verte.

— Yo también.

Se puso de puntillas para darle otro abrazo rápido.

— Ten cuidado con esa humana — susurró.

A Rafe se le paró el corazón y después se le aceleró.

Nell le dedicó una sonrisa cómplice al apartarse.

— Buena suerte, Rafe. La próxima vez, no tardes tanto en volver.

Rafe se quedó mirándola mientras se alejaba, dejándolos a Ruby y a él solos en la parcela de Knox. O todo lo solos que podían estar teniendo en cuenta que los lobos y la gente seguían pasando por allí delante para poder echar un vistazo al hijo deshonrado del antiguo alfa.

— En fin — murmuró Ruby — . Ha sido… intenso.

Rafe se rio pese a las emociones que se le enredaban en las tripas.

— Lo siento. Debería haberte preparado mejor. Pueden ser muy intensos, sí.

— Cosa que resulta sorprendente, porque tú eres muy relajado — bromeó ella dejándose caer en la silla más cercana.

Él meneó la cabeza, queriendo sentarla en su regazo y abrazarla, queriendo volver a esa mañana, cuando la había tenido entre sus brazos. Pero allí no podían. No con todo el mundo mirándolos.

— ¿Estás bien? — le preguntó Ruby siguiéndolo con la mirada mientras él daba vueltas de un lado a otro delante de ella.

— Sí.

— Rafe. — Su voz sonó suave, suplicante — . Siéntate.

Él obedeció, acomodándose en la silla situada junto a la de ella.

— No esperaba sentirme tan… revuelto.

Ruby le estrechó la mano y recorrió con el dedo las líneas de la palma. La caricia le produjo un cosquilleo por todo el cuerpo.

—Volver a casa siempre es duro.

—Pensé que odiaba todo esto y a todos los que viven aquí. —Bajó la voz pese a estar seguro de que todo el mundo tendría aguzado el oído y estaría escuchándolos. Le daba igual lo que oyeran—. Pero estar aquí otra vez es más complicado.

—Lo entiendo.

Se giró para mirarla; al verla en su antiguo hogar, su maraña de emociones se enredó todavía más.

—¿De verdad?

—Pues claro. Quizá no sea lo mismo, pero justo antes de marcharnos, Lena básicamente me dijo que cree que soy una persona ridícula que se inventa historias de miedo porque eso me excita, y sin embargo aquí estoy, intentando salvarle el culo. Así que sí, entiendo que las familias son complicadas.

Rafe se llevó a la boca sus manos entrelazadas y le cubrió de besos los nudillos.

—Ha sido una estupidez traerte conmigo, pero me alegro de haberlo hecho.

Experimentó una revelación al ver la sonrisa de Ruby. Quería que ella lo deseara, no por un motivo absurdo y paranormal relacionado con el destino, sino porque lo deseaba sin más. Por como era.

Era tan sencillo y tan complicado como eso.

—Ruby, hay algo que debes saber.

Ella se inclinó hacia delante, brindándole toda su atención, pero Rafe no llegó a contarle todo lo que le rondaba por la cabeza. Tendría que esperar.

Knox había regresado.