¿Dónde estás, lobo feroz? (Maple Hollow 1) Capítulo 37
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Capítulo 37

–Q ué acogedor —dijo Ruby mientras Rafe se subía a la caja de la camioneta.

Habían ido a cenar a un antro que había carretera abajo y ahora se estaban poniendo cómodos en la parte trasera de la camioneta. Rafe había llenado la caja del vehículo con sacos de dormir y colchas desgastadas, creando un agradable nido en el que Ruby pudiera acurrucarse.

—Confío en que sea lo bastante cómodo —le dijo con una sonrisa tímida.

Ruby notó los nervios aleteando en su tripa.

Tenían la camioneta aparcada debajo de los imponentes pinos, y el cielo estaba despejado y lleno de rutilantes estrellas.

Ruby se tumbó bocarriba y aspiró el húmedo aire boscoso, evitando la mirada de Rafe.

La noche era fresca y agradecía que tuvieran mantas.

Las hojas secas se agitaban con la brisa; los halcones nocturnos se llamaban unos a otros; los murciélagos revoloteaban sobre sus cabezas.

El bosque le parecía lleno de vida y ella se sentía igual. Tremendamente viva.

La camioneta se meció con el peso de Rafe cuando este se acostó a su lado.

—¿Estás bien así? —le preguntó a pesar de que sus brazos ni siquiera se tocaran.

—Sí —contestó ella con un nudo en la garganta—. Muy cómoda. Gracias.

Él se movió y le rozó el hombro con el suyo. Era firme. Todo en él era firme. Y su cercanía le resultaba algo abrumador. Incluso ahí fuera, bajo el cielo abierto, le daba la impresión de estar a punto de asfixiarse si no decía algo, si no le confesaba lo que estaba pensando.

—Rafe. —La voz le salió ahogada, delatándola por entero, pero siguió adelante de igual modo—. Tú también lo notas, ¿verdad?

Mantuvo la cabeza inclinada hacia las estrellas, aunque detectó que Rafe se volvía para mirarla. Su mirada le erizó el vello de todo el cuerpo.

— Sí. Yo también lo noto.

—Me alegro —contestó ella con un suspiro de alivio.

Rafe se incorporó apoyándose en el antebrazo para mirarla desde arriba y sus ojos plateados destellaron en la oscuridad.

—Siempre y cuando no sea la única que cree que está perdiendo la cabeza —dijo ella con una risa irónica, pero Rafe soltó un improperio y se incorporó.

—Maldita sea.

Ruby lo imitó y se incorporó también hasta quedar mirándolo en la oscuridad. Lo vio menear la cabeza y el cabello le rozó los hombros.

—Te deseo muchísimo, joder. —Dejó salir las palabras con una única exhalación—. Te deseo, pero pensé que sería mejor para ti si te mantenía alejada, a salvo.

—Algo te he oído mencionar, sí — contestó ella con ironía.

Rafe soltó una carcajada apenas audible.

Ruby le retiró el pelo de la cara y apretó la frente contra la suya.

—Yo también te deseo. Para mí no eres peligroso. —Susurró las palabras y él tragó saliva.

—Alejarme de ti anoche me costó un triunfo.

Ruby lo agarró con más fuerza, clavándole los dedos en el pelo.

—En ese caso no te alejes esta noche.

Rafe vaciló un segundo más antes de juntar los labios con los suyos. La caricia fue tan suave que apenas alcanzó a sentirla. Gimoteó y él transformó su boca en una sonrisa.

—¿Así que lo de anoche no sirvió para que te olvidaras de mí? —le preguntó, acariciándole la piel con sus palabras.

—Ni de lejos.

Rafe gimió y la sentó en su regazo. Ella se situó a horcajadas encima de él, el nido de mantas enredado en torno a sus piernas.

Se meció sobre su polla rígida y él por fin reclamó sus labios, mordiendo y lamiendo hasta que Ruby abrió la boca.

Sabía a naturaleza, a libertad y a cielos nocturnos y despejados.

Rafe mantuvo una mano detrás de su cabeza, sosteniéndola cerca, mientras con la otra le apretaba el trasero, acercándola aún más.

Estaba aprisionada contra él, sus brazos la mantenían sujeta.

La sensación de saberse atrapada le provocó un cosquilleo por todo el cuerpo.

Le gustaba, disfrutaba de sentirse presa de aquel hombre.

Aquel hombre que podía herirla, pero que jamás lo haría.

Volvió a mecerse, rodeándole el cuello con los brazos, y él aumentó la presión de sus besos, lamiéndola, saboreándola. Se besaron así, despacio, con languidez, como si dispusieran de todo el tiempo del mundo.

Cuando Rafe al fin se apartó, tenía los labios hinchados y los ojos oscuros por el deseo. Se le había revuelto el pelo a causa de los dedos de Ruby y respiraba con exhalaciones rápidas y entrecortadas. Lucía un aspecto feroz y a Ruby le dieron ganas de huir. De huir para que él pudiera atraparla.

—Dios, Ruby — murmuró, recorriendo con un pulgar sus labios sensibles—. Qué sexi eres, joder. ¿Cómo he podido vivir tanto tiempo sin ti… y nunca… no…? —Tragó saliva con una mueca de dolor.

—No pasa nada —susurró ella—. No pasa nada.

Rafe se incorporó de pronto y apartó la mirada de ella.

—No podemos… Lo siento… Todavía no. —Tomó aire, aguardando su respuesta. El gesto nervioso con el que arrugó el entrecejo estuvo a punto de destrozarla.

—Haremos lo que tú quieras —le dijo Ruby pasándole una mano por el pecho.

— Es que… es complicado.

—¿Asuntos complicados de hombres lobo? —preguntó ella con gesto afirmativo.

—Sí —contestó Rafe con una sonrisa de alivio—. Asuntos complicados de hombres lobo.

—De acuerdo, esperaremos. —Ruby intentó retirarse de su regazo, pero él la mantuvo sujeta por las caderas.

—No. —Hundió los dedos en su carne— . Quiero volver a comerte. Como anoche.

A Ruby se le encendió una bengala en la tripa.

—Ah —murmuró.

Rafe volvió a besarla, enredando la lengua con la suya. Ella gimió, pero se apartó.

—Solo para que quede claro —dijo con la voz grave y ronca por el deseo mientras se retorcía sobre su regazo—. No podemos…, eh…, realizar el coito, ¿pero todo lo demás sí se puede hacer?

—¿Coito? —repitió Rafe con una carcajada.

—De acuerdo —contestó Ruby mordiéndole el labio inferior— . ¿No podemos follar, pero sí podemos usar las manos y la boca?

La sonrisa de Rafe se volvió lobuna y sus ojos se iluminaron como las estrellas.

—Sí, exacto.

Ruby no tuvo tiempo de preguntar por qué ni de preocuparse por ello antes de que Rafe la tumbara boca arriba y se deshiciera a toda prisa de sus vaqueros y de sus bragas. Si el tipo deseaba volver a comérselo, ¿quién era ella para discutírselo?

Y, Dios, sí que lo deseaba. Empezó a lamerla como si se muriese de hambre, como si ella guardara los secretos de la vida entre los muslos, como si hubiera estado esperándola desde siempre.

Ruby sonrió contemplando el cielo nocturno.

Joder, qué bien se le daba. Hundió los dedos en su pelo, necesitaba algo a lo que aferrarse antes de salir flotando hacia las estrellas que los protegían.

Rafe la miró, sus ojos plateados refulgentes en la oscuridad, las manos sobre sus muslos, abriéndola para él, y Ruby supo que no era solo deseo.

Que lo que había entre ellos no se resolvería con orgasmos, aunque los orgasmos nunca venían mal.

En sus ojos se veía algo que excedía el deseo y la pasión, era otra cosa, algo más suave, algo parecido a…

Rafe apartó la mirada y le acarició el clítoris con la lengua hasta que a ella le temblaron los muslos y a sus pies les costó trabajo agarrarse a la cama hecha con mantas.

—¿Te gusta eso, chica valiente? —Su voz le recorrió el cuerpo a Ruby como una caricia y ella gimoteó.

Rafe repitió el movimiento con la lengua, ejerciendo más presión esta vez, lamiéndola con un ritmo frenético.

Rafe le apretó el culo con una mano y, con la otra, deslizó un dedo en su interior. Follársela con los dedos debía de estar permitido, pensó ella, casi riéndose antes de quedarse sin respiración al notar otro dedo más que se sumaba al primero.

Rafe gimió, penetrándola con movimientos lentos de los dedos, y ella se sintió llena.

—¿Así está bien? —le preguntó, atento a su reacción, acariciándole el muslo con la otra mano.

—Sí, muy bien.

Él sonrió y Ruby necesitó sentirlo más cerca.

Tiró de él hasta tenerlo frente a frente, sin que sus dedos cesaran sus tortuosos movimientos.

Tenía los labios suaves, cálidos y húmedos.

Lo besó y Rafe gruñó contra su boca, introduciendo la lengua en ella, salada y dulce a la vez.

Se mantuvo apoyado con un codo mientras sostenía a Ruby acurrucada contra su costado.

Rodeó su clítoris con el pulgar mientras los demás dedos la embestían con mayor rapidez, pero no apartó los labios de los suyos, besándola, devorándola, sin soltarla hasta que se corrió contra su mano y sus gemidos inundaron el aire callado de la noche.

Ruby se dejó caer sobre las mantas y Rafe se mantuvo incorporado junto a ella, su respiración casi tan acelerada como la suya.

—Joder, Ruby —murmuró, agachándose para acariciarle el cabello húmedo con la nariz y darle besos por el cuello— . Eres preciosa. —Se llevó los dedos a la boca y se los limpió a lengüetazos, excitándola nuevamente.

—Se te da muy bien —dijo ella con un suspiro.

Sus labios se tornaron en una sonrisa.

—Me alegra que lo hayas disfrutado. —Había empezado a darle besos por el cuello y el pecho, de modo que susurraba las palabras contra su piel—. Esto tendrías que quitártelo. —Tiró de su camiseta hasta que ella se rio y se la quitó.

Rafe le besó la parte superior del sujetador, gimiendo para sus adentros.

—Dios, qué tetas. Son perfectas, joder.

—Sí, no están mal para ser unas tetas.

Rafe la miró desde abajo y soltó una carcajada que le erizó la piel.

— Son alucinantes. —Le pasó el brazo por la espalda, soltó el cierre y liberó sus pechos al aire nocturno—. Perfectas —murmuró mientras succionaba un pezón y después el otro, venerándola con la lengua una y otra vez.

—Rafe —dijo ella ahogando un grito; la sensación le parecía demasiado fuerte, como una tortura.

—¿Mmm? —Rafe no apartó la mirada de sus pechos, siguió succionando y lamiendo.

Ella notó que el calor se le iba acumulando otra vez entre las piernas. Deslizó una mano sobre su vientre hasta alcanzar el lugar donde necesitaba más, más fricción, más de todo.

Rafe soltó un gemido al darse cuenta de lo que estaba haciendo, pero no dejó de acariciar, morder y succionar, y Ruby pensó que quizá tuviera razón, que sus tetas eran perfectas porque, ahora mismo, le hacían sentirse de maravilla.

Entre la habilidosa boca de Rafe y su propia mano entre las piernas, Ruby no tardó en volver a correrse, de forma súbita y potente.

—Joder —gimió, y esta vez Rafe se dejó caer junto a ella, abrazándola contra su cuerpo. Ruby se acurrucó contra él durante un minuto antes de darse cuenta de cuál era el problema— . ¿Por qué tú sigues vestido?

La carcajada de Rafe recorrió su cuerpo como una vibración.

Dios, cómo le gustaba esa risa. Ruby se incorporó y lo miró en la oscuridad.

Seguía sonriendo. Parecía joven y feliz.

Ni rastro de su expresión homicida. Aquel Rafe parecía dulce y atento, como si por fin su interior se viera reflejado en el exterior.

Ruby se apartó el cabello de la cara.

—Lo digo en serio. Desnúdate, hombre lobo. Quiero verte.

A él le resplandecieron los ojos.

—Esto era solo para ti, Ruby —dijo, deslizó un dedo por su brazo y ella se estremeció.

—Has dicho que las manos y la boca estaban permitidas. —Ruby levantó las manos delante de ella y las volteó para que él las admirase—. Y yo también tengo de eso.

La mirada de Rafe se tornó oscura, como si estuviera imaginando todas las posibilidades.

—Así que desnúdate.

Rafe se incorporó y su mirada tan solo abandonó sus ojos el tiempo justo de quitarse la camiseta por la cabeza y dejar al descubierto los gloriosos músculos de debajo. Ruby se arrodilló frente a él apoyando las manos en sus hombros.

—¿A que así está mejor? —preguntó, agachándose para volver a besarlo.

Él recorrió su espalda con las manos, rebasando la curva de su trasero para después volver a subir.

—Este culo me vuelve loco cada vez que te pones una de esas faldas tan cortas —dijo con un gruñido.

Ruby se rio y volvió a besarlo.

—¿En eso pensabas cuando me seguías por el bosque? —preguntó casi sin aliento—. ¿En mi culo?

—Intentaba no hacerlo —confesó él y le mordió el labio inferior—. Pero no lo conseguía.

Ella gimió, loca de deseo al sentir el roce apenas perceptible de sus dedos sobre la piel.

—¿Eso es lo que querías, chica valiente? ¿Te adentrabas en el bosque con la esperanza de que el gran lobo feroz te encontrara?

Ruby no pudo contener un gimoteo, ni la humedad que impregnaba la parte superior de sus piernas. Las palabras de Rafe se asemejaban mucho a sus fantasías secretas.

—El gran lobo feroz no —murmuró—. Tú.

Rafe presionó la frente contra la suya sin dejar de recorrer sus curvas con las manos, sin apenas tocarla aún, cuando lo que más deseaba ella era que la agarrara, que empujara y la apresara.

—¿Y qué querías que hiciera cuando te encontrara? —le preguntó, su voz un trueno lejano.

A Ruby se le formó un nudo en la garganta.

—De todo.

Rafe gimió y blasfemó entre dientes, y sus manos por fin la agarraron con fuerza y tiraron de ella.

—Ruby, yo… No… —Intentó buscar las palabras adecuadas, y quizá ella debería haberle permitido encontrarlas, quizá debería haberle dejado intentar explicarse, pero no quería que terminara, aquella noche, aquel momento, lo que fuera que existiera entre ellos.

Deseaba aferrarse a ello el mayor tiempo posible.

No quería que volviese a apartarse de ella.

—Esto es perfecto, Rafe. Esta noche es perfecta. —Se echó hacia atrás para que él pudiera ver que hablaba en serio.

El sexo era el mejor que había experimentado nunca, y lo que fuera que le impedía a Rafe llegar hasta el final era algo que ya discutirían más adelante.

Volvió a ver la expresión compungida en su rostro, el entrecejo arrugado. Deseaba borrar ese gesto. Solo por una noche, deseaba que fuera feliz. Tiró de la cintura de sus pantalones.

—Quiero hacer que te sientas bien —susurró.

Un temblor recorrió el cuerpo de Rafe al oír sus palabras.

—Ruby…

—Quiero hacerlo.

Él le sostuvo la mirada, sus ojos negros de deseo.

El cambio en su expresión fue tan sutil que le habría pasado desapercibido de no haber estado mirándolo.

Empezaba a perder el autocontrol. Se lo notaba en cada tic de sus músculos, en su forma de apretar la mandíbula.

Ya no podía seguir negándose lo que sentía, al menos por esa noche.

—¿Y cómo vas a hacerme sentir bien, chica valiente? —preguntó con la voz áspera, poco más que un susurro.

Ruby sonrió antes de responder.

—Bueno, en primer lugar, voy a chuparte la polla.