Capítulo 30
–H ola, Ruby. —Lena levantó la vista cuando su hermana entró como un torbellino por la puerta de la cocina. Puso los ojos como platos al ver a Ruby, empapada y hecha una furia—. ¿Qué ocurre?
—Nada. —Ruby se quitó el abrigo y lo colgó junto a la puerta trasera—. Que los hombres grandes e idiotas siempre serán grandes e idiotas. Ah…, hola a todos. ¿Qué pasa aquí?
Ruby reparó en la escena que tenía ante sus ojos.
Lena estaba sentada a la mesa de la cocina con varios ovillos grandes y coloridos delante de ella.
Theo se encontraba sentado enfrente, con las manos levantadas y los dedos extendidos con lana enredada entre ellos como si estuviera sujetándola mientras Lena intentaba hacer punto. Eso era algo nuevo.
Phoebe se hallaba sentada en el suelo, con la espalda contra la pared. Lucifer estaba acurrucado en su regazo. Ruby lo oyó ronronear desde la puerta.
— ¡Estoy haciendo punto! — anunció Lena alegremente.
— Ya lo veo, pero… ¿por qué?
Lena sacudió la cabeza riéndose e intercambió una mirada con Theo, como queriendo decirle «¿Ves con lo que tengo que lidiar todos los días?». ¿Cuánto tiempo había estado ausente Ruby como para que su hermana ya hubiese desarrollado un vínculo con Theo?
— He pensado que podía dedicarme a hacer punto para aportar algo de dinero extra.
— Lena…
— No, en serio, ¡es una buena idea! Estuve hablando con Rafe sobre su perfil en Etsy…
Theo soltó una sonora carcajada.
— Espera un momento, ¿Rafe tiene un perfil en Etsy?
Lena le lanzó una mirada que Ruby imaginó que sería la misma que empleaba con sus alumnos de preescolar.
— Lo siento — murmuró él.
Phoebe soltó una risita desde el suelo.
— En fin — prosiguió Lena — , que creo que podría abrirme un perfil. — Miró con el ceño fruncido las agujas que sostenía entre las manos — . Cuando consiga entender cómo manejar esto.
— Claro. — Ruby se quitó las botas haciendo palanca con los pies y las dejó junto a la puerta — . Bueno, seguro que al final lo consigues.
— Gracias.
— Creo que deberíamos marcharnos — anunció Theo tratando de desenredarse la lana de los dedos.
— Gracias por esta tarde tan divertida, Lena — dijo Phoebe, quitándose a Lucy del regazo con cariño.
— No hay de qué, pero ¿no quieres quedarte y ver a tu hermano? — preguntó Lena.
Theo se rio.
— Qué va. Ha sido mucho más divertido pasar el rato contigo. — Le dio un beso a Lena en la frente y esta sonrió radiante.
— Gracias, chicos — dijo Ruby mientras acompañaba a Theo y a Fee hacia la puerta de entrada — . ¿Ha…, eh…, ha ocurrido algo raro mientras no estábamos?
Phoebe le dedicó una mirada compasiva.
— Ha ido todo bien. Tu hermana está perfectamente bien.
—Y tampoco ha habido Highlanders de mierda husmeando por aquí —agregó Theo.
—Gracias —repitió Ruby, abrumada por el número de personas que ahora estaban de su lado.
—¡Estoy segura de que volveremos a vernos pronto! —gritó Fee por encima del hombro mientras corrían juntos de vuelta hacia la camioneta de Theo.
Ruby suspiró de regreso a la cocina. La camioneta de Rafe seguía aparcada a oscuras en el camino de acceso. No tenía idea de si él estaba dentro o se habría ido a alguna parte. Sabía que no llegaría muy lejos.
Al fin y al cabo, tenía que llevarla a trabajar.
Volvió a entrar en la cocina y encontró a Lena tratando de recuperar la lana que le había robado el gato.
—Oye, Lena, ¿puedo hablar contigo de una cosa?
—Sí, por supuesto.
Ruby la miró de arriba abajo. Ese día tenía buen aspecto. Parecía menos cansada que la noche del bar, menos desaliñada. Probablemente debiera aprovechar la oportunidad para contarle la verdad acerca de su situación actual.
— La cuestión es la siguiente… — Se aclaró la garganta — . Es que… A ver, es un poco difícil de explicar, pero…
— ¡Ruby, escúpelo de una vez! — se rio Lena.
— Vale, allá va. Rafe es un hombre lobo y su hermano Theo también.
Y hay un tercer hermano que imagino que estará igual de bueno y que ahora es el nuevo alfa de su manada, salvo que hace un año que Theo y Rafe no viven con la manada, porque su padre deseaba que libraran un combate a muerte entre ellos y ahora Rafe cree que es una persona horrible, pero te juro, Lena, que no lo es, a pesar de las vibraciones que transmite…
— Ruby, respira.
— Claro. Perdona. — Le dedicó a Lena una sonrisa débil — . Han pasado muchas cosas y no soporto mentirte, pero no encontraba la manera de contártelo sin parecer una pirada.
— Bueno — dijo Lena pellizcándose el puente de la nariz — , no puedo decir que no parezcas una pirada.
Ruby soltó una carcajada por la nariz.
— ¿Seguro que no es como esa vez en la que estabas convencida de que Casper el fantasma vivía en el desván? — preguntó Lena con un suspiro, otra vez con el gesto cansado.
— Ja. Ja — contestó Ruby negando con la cabeza — . No es lo mismo en absoluto. ¿Recuerdas la mañana del garaje? Pues bien, Rafe estaba allí porque la noche anterior había resultado herido cuando estaba transformado en lobo, así que lo metí allí para que se recuperase.
Lena asintió lentamente, meditando sobre sus palabras.
— ¿Y por qué sigue aquí entonces?
— Bueno, esa es la parte que no quería contarte para no preocuparte. — Ruby jugueteó nerviosa con las puntas de su pelo. El moño se le había deshecho tiempo atrás.
— Cuéntamelo. — La fuerza con la que habló Lena resultó casi reconfortante. Era su voz de no andarse con rodeos.
Ruby echaba de menos esa voz.
— Digamos que me atacaron. Fue un lobo.
Lena se quedó boquiabierta. Dejó caer el ovillo de lana y Lucifer lo lanzó triunfante por el suelo de la cocina.
— Pero estoy bien, obviamente. — Ruby se señaló con un brazo para demostrar lo bien que estaba, aunque en su interior bullese una mezcla de rabia, dolor y deseo — . Rafe estaba allí y me salvó, desde entonces se ha propuesto protegernos, supongo.
— Mmm. ¿Así que no salís juntos?
— Bueno…, es complicado.
— ¿Por qué discutíais?
Ruby se desplomó sobre su silla, permitiéndose adoptar el mohín que llevaba conteniendo todo el día.
— ¿Cómo sabías que estábamos discutiendo?
—Era evidente cuando has entrado.
—No para de intentar convencerme de que es peligroso y de que debería olvidarme de lo que hay entre nosotros, pero es una gilipollez.
—A ver, es un hombre lobo. Eso parece peligroso. —Lena pronunció esas palabras como si no se las terminara de creer, como si estuviera siguiéndole la corriente a su hermana.
—Hay algo más.
—¿Cómo podría haber algo más? —preguntó Lena con un suspiro.
—Rafe cree que eres una especie de vidente, como una pitonisa, con el poder de ver el futuro.
Lena puso los ojos como platos.
—¿De qué estás hablando? — Sacudió la cabeza y el cabello oscuro le cayó sobre los hombros.
Antes le caía formando densas ondas negras, pero ahora se veía fino y quebradizo — .
No empieces otra vez con esas chorradas, Ruby — le advirtió — .
Ya tengo bastantes cosas de las que ocuparme. No quiero más problemas.
— Necesitamos conseguirte ayuda, Lena. Tienes que controlar las visiones en lugar de dejar que ellas te controlen a ti. Quizá sea la única forma de…
Lena se levantó de forma abrupta y las patas de su silla arañaron con fuerza el suelo.
— Ruby, para. — Tenía justo la misma cara que cuando eran pequeñas y Ruby le contaba historias de fantasmas antes de dormir.
A Lena no le gustaba. No soportaba que Ruby adoptara actitudes macabras después de la muerte de sus padres.
Para ella carecía por entero de sentido.
Al igual que lo que acababa de contarle tampoco tenía sentido.
— Lena…
— No. Para, por favor. Con tu novio puedes jugar a todos los juegos raros que se te ocurran, pero a mí no me metas.
No intentes fingir que mi salud es algún tipo de poder sobrenatural.
Así no funcionan las cosas, Ruby. — Se recogió los faldones de su albornoz como si fueran la cola de un vestido de noche — .
Los médicos encontrarán la solución, no me cabe duda.
Fin de la discusión. —Se dio la vuelta y salió de la cocina hecha una furia.
—¡Lena, espera! —gritó Ruby tras ella—. ¡No es ningún juego! ¡No puedes seguir fingiendo que esto desaparecerá sin más!
Sus palabras obtuvieron por respuesta el portazo del dormitorio de Lena y, después, nada salvo un silencio atronador.