¿Dónde estás, lobo feroz? (Maple Hollow 1) Capítulo 29
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Capítulo 29

E l trayecto de vuelta a casa fue silencioso, ambos procesaban todo lo que habían hablado con Eloise.

La anciana les había dado ejercicios que Lena podía poner en práctica para tratar de calmar la mente y acceder a sus visiones, así como algo de historia que había descubierto acerca de ese poder.

Pero nada de ello serviría de ayuda si no le contaban a Lena lo que estaba ocurriendo.

Por no mencionar la teoría de que unos lobos estaban intentando secuestrarla y quizá siguieran empeñados en lograrlo. A Ruby no le entusiasmaba la idea. Y, a juzgar por la fuerza con la que Rafe agarraba el volante, dio por hecho que a él tampoco le entusiasmaba.

Rafe detuvo la camioneta frente a la diminuta casita que Ruby llamaba hogar. No se movió cuando él apagó el motor.

—¿Entramos? —preguntó Rafe con la voz ronca.

—Necesito un minuto.

—De acuerdo. —Se quedó mirando el parabrisas, viendo las gotas de lluvia que resbalaban por el cristal.

Entre la temprana hora a la que se ponía el sol y las nubes grises que cubrían el cielo, ya empezaba a oscurecer.

A Ruby le encantaba la oscuridad cuando podía fantasear sobre las criaturas que habitarían entre las sombras de los árboles.

Sin embargo, ahora que todo aquello le había sido confirmado, le provocaba más terror del que querría admitir.

—Tengo que contarte una cosa.

—Vale. —Rafe apretó la mandíbula.

—Tuve un sueño cuando era pequeña. O creía que había sido un sueño. Pero quizá fuera… otra cosa.

— ¿A qué te refieres? — preguntó él volviéndose para mirarla.

— Antes del accidente de mis padres, soñé que ocurriría. Intenté convencerlos para que no se marcharan, pero les pareció una tontería por mi parte. Se fueron de todos modos…, y entonces…

— Joder, Ruby.

— ¡Lo sé! Siento no habértelo contado antes, cuando me preguntaste si era cosa de familia.

Pensaba que no. Lo que le ocurre a Lena es muy diferente de lo que me ocurrió a mí, pero ahora, con todo este asunto de la confusión de identidades…

Quizá no sea una confusión. Quizá estén dispuestos a llevarse a cualquiera de las dos.

— No se llevarán a ninguna — gruñó Rafe entre dientes.

— De acuerdo — susurró ella.

Las ventanas se habían empañado y sus cuerpos calientes competían con el aire frío de fuera. Se volvió para mirarlo, con una pierna escondida debajo de la otra.

— Tienes un agujero en los leotardos. — Rafe lo dijo como si eso le causara dolor. Recorrió el diminuto agujero con un dedo enorme y Ruby se estremeció.

— Lo siento — contestó.

— ¿Qué es lo que sientes?

— Pues todo esto. Siento que te veas aquí atrapado conmigo.

Rafe clavó su mirada oscura e intensa en la suya.

— No querría estar en ninguna otra parte — dijo.

— Quieres decir que no podrías estar en ninguna otra parte.

— ¿De qué estás hablando?

— Dijiste que te sentías atraído por mí — contestó Ruby con un suspiro que denotaba su frustración — , como si yo ejerciera una fuerza sobre ti. — Se encogió de hombros — . Eso no significa que desees estar aquí.

Él se rio. ¡Se rio de ella! Fue un sonido profundo y gutural, tan sexi que le molestó.

— ¿De qué te ríes?

— Ruby, ¿por qué crees que me siento atraído por ti? ¿Porque te odio?

— No…, supongo que no…, pero dijiste que…

— Lo dije en serio. — Había vuelto a ponerse serio, olvidadas ya sus risas — . No puedo mantenerme alejado de ti, pero es más que eso. Es que no quiero.

— ¿No quieres?

Rafe negó con la cabeza y respondió:

— Debería mantenerme alejado de ti.

— Pero ¿no quieres? — sugirió ella esbozando una sonrisa de suficiencia.

Rafe se inclinó hacia delante para capturar su rostro en la palma de la mano, cálida y áspera.

— No, Ruby, no quiero, porque eres divertida y cariñosa, aunque finjas que no, y eres leal, condenadamente leal, y te preocupas por tus amigos y por tu familia más que por nada, y… — Se detuvo para respirar.

— Continúa — le dijo ella agrandando la sonrisa.

Rafe la miró con los ojos entrecerrados como si pudiera asustarla.

— Tienes un gusto pésimo para las películas, pero un gusto excelente para los libros. Te pintas las uñas de los pies de colores brillantes, aunque siempre vistas de negro. Bebes demasiado café y duermes hasta muy tarde. Eres imprudente, valiente y…

— ¿Y? — La palabra le salió de los labios sin apenas sonido.

— Y eres la mujer más sexi que he conocido.

— ¿De verdad?

— Pues sí. Y conseguir no tocarte es lo más difícil que he hecho en mi vida.

— No es que te hayas resistido mucho que digamos — contestó ella recordando los besos que se habían dado.

Rafe flexionó los dedos contra su mandíbula. Ella sintió sus callos ásperos sobre la piel.

— Lo sé.

— Así que quizá lo mejor sea que dejes de resistirte.

Se le había acercado más aún, de manera que, cuando habló, sus labios casi rozaron los de ella.

— Aunque deje de resistirme, no puedo quedarme, Ruby. No puedo permitir que mi vida, mi gente y toda la violencia asociada a ello te arruinen la vida a ti también.

— No te tengo miedo, Rafe. — Le mordió el labio inferior y él soltó un gemido.

— Deberías tenérmelo. — Apretó la boca contra la suya, con urgencia y pasión. Ella lo agarró, cerrando los puños sobre su camisa. Él le asió la muñeca y tiró de ella hasta sentarla en su regazo — . Joder, Ruby — jadeó — . No puedo… No podemos…

— ¿Por qué no? Dime por qué.

Él se quedó mirándola con los ojos muy abiertos, asustado. Asustado de lo que pudiera hacer.

— No soy una mascota, Ruby. No soy un perro. Soy un puto hombre lobo. — Se le despertó entonces el tic de la mandíbula.

Ruby restregó las caderas contra su evidente erección y ambos gimieron, inundando con sus voces los confines de la camioneta.

— Soy muy consciente.

— Ruby — siseó él, hundiendo los dedos en sus caderas para sujetarla — . ¿Quieres saber por qué abandoné a mi manada?

No esperó su respuesta antes de continuar.

— Mi padre quería que matara a mis hermanos, que ocupara el lugar que me correspondía por derecho como alfa. Era el más grande, el más fuerte. Él quería que fuera yo.

A Ruby se le formó un nudo en la garganta.

— Pero no lo hiciste.

— Luchamos durante horas, los tres. Mi padre siempre nos obligaba a hacer mierdas por el estilo. A pelear para llegar a ser alfa. Quería que toda la manada viera cuál de todos era el que más lo merecía.

— Eso está fatal, Rafe, pero no significa nada sobre nosotros.

— No es cierto — gruñó él — . Significa que yo soy así, Ruby.

— Dímelo — respondió ella pasándole los dedos por el pelo — . Dime cómo eres.

Rafe le sostuvo la mirada mientras continuaba:

— Para cuando empezó a llover, ya estábamos exhaustos y heridos.

Theo era el más débil. Podría haber acabado fácilmente con él.

Mi padre me gritaba desde un lateral del cuadrilátero.

«¡Mátalo! ¡Mátalo!». El viejo cabrón se estaba muriendo y quería ver al nuevo alfa coronado antes de abandonar este mundo.

Aprisioné a Theo contra el suelo. A mi propio hermano, sangre de mi sangre.

Él se enfrentó a mí con uñas y dientes. Le rajé la cara y la sangre se le metió en los ojos.

Tú misma has visto la cicatriz, Ruby. — Le sostuvo la mirada y ella asintió sin darle la espalda a su dolor — .

Podría haber acabado con él, pero vacilé.

Knox se nos echó encima y me clavó los colmillos en la garganta.

Y yo me alegré, me sentí aliviado. Si me mataba sin más, habría acabado con todo.

Con todo lo que mi padre quería de nosotros.

Sus ojos destellaban con un intenso fulgor plateado, su voz se había tornado un profundo gruñido. Hasta sus dientes parecían más largos, más afilados. Ruby le puso una mano en el pecho y casi alcanzó a sentir a la bestia que acechaba bajo la piel humana.

— Pero entonces la vi. A Phoebe. Estaba escondida entre los árboles, observando, llorando en silencio.

No dejaba de mirar a Theo. Mi hermano estaba tendido en el barro, su pecho subía y bajaba de forma acelerada, tenía la cara cubierta de sangre.

Se lo había hecho yo. A mi propio hermano.

Pero Knox me tenía agarrado por el cuello.

Estaba aprisionado panza arriba, y lo único que le impedía matarme eran mis garras contra su pecho.

Si dejaba que me matara, a continuación mataría a Theo.

Hice lo único que se me ocurrió. Algo desesperado y asqueroso.

La respiración le salía en largas bocanadas temblorosas, como si acabara de estar en el cuadrilátero, como si la pelea no hubiera tenido lugar más de un año atrás. Sus ojos habían adquirido el brillo oscuro de los recuerdos.

— Me transformé. Volví a mi forma humana, allí mismo, en el cuadrilátero.

Todos se quedaron de piedra. Es algo que está prohibido.

Los lobos solo combaten como lobos. Avergoncé a mi padre y a mi manada.

Knox no sabía qué hacer. Y empleé la sorpresa general a mi favor.

Le grité a Theo que huyera y eso hizo. Torpemente, medio ciego, se adentró corriendo en el bosque.

Mi padre entró en el cuadrilátero hecho una furia, pero era tan viejo y estaba tan enfermo que yo ya no le tenía miedo.

»Me escupió a los pies, a mis pies descalzos y humanos que se hundían en el barro. “Largo de aquí. Para nosotros estás muerto”, me gritó. Y eso hice. Y así sigo. Muerto para mi manada, pero también soy un humano de mierda. No soy nada.

— Salvaste a tus hermanos — susurró Ruby.

Él soltó una carcajada gutural y burlona.

— Maldita sea, Ruby. A ver si te entra en la cabeza. En toda mi vida, no he hecho otra cosa que pelear y matar. Al final, lo único que hice fue avergonzar a mi gente. Soy un monstruo, también un cobarde.

— Pero…

— Para. — Su voz sonó dura y fría, inflexible — . Deja de intentar verme como algo que no soy. Pon fin a este encaprichamiento ridículo. Eres una niña tonta a la que le gustan los cuentos de fantasmas, pero yo no soy un cuento, acabaré por hacerte daño.

Ruby tragó saliva para contener las lágrimas de rabia que le obstruían la garganta.

— Haz lo que te dé la gana. — Ruby pasó la pierna por encima de su regazo y regresó a su lado de la camioneta con la mayor elegancia posible, que no era mucha dada la situación — .

Puede que yo sea tonta y ridícula — Rafe hizo una mueca como si ya se arrepintiese de sus palabras — , pero eres tú quien sigue creyendo todas las mentiras que le contó su padre.

Eres tú el que tiene una visión totalmente distorsionada de sí mismo.

Todo eso que dices sobre protegerme cuando en realidad lo único que quieres es protegerte a ti mismo.

—Ruby, espera. Lo siento. No debería haber dicho que…

Ella lo miró por encima del hombro antes de bajarse de un salto de la camioneta.

—Pero que conste que me sigues gustando.

Se echó el abrigo sobre los hombros, cerró la camioneta de un portazo y atravesó corriendo la lluvia antes de entrar en la casa.