¿Dónde estás, lobo feroz? (Maple Hollow 1) Capítulo 28
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Capítulo 28

–N o me puedo creer que todo este tiempo estuvieras a solo unos pocos pueblos de distancia —dijo Ruby mientras Callie les permitía entrar en casa de su abuela.

Ahora que Ruby estaba al corriente de las…

tendencias de la familia, la casa cobraba mucho más sentido.

El jardín descuidado en la parte delantera, las enredaderas y hojas que se extendían por encima del sendero que conducía hasta la puerta, el viejo manzano de ramas nudosas, el colorido de la puerta y de las contraventanas de madera.

El hecho de que estuviera tan apartada, básicamente en mitad del bosque. Era la casa de una bruja.

Siempre lo había sido.

Ruby recordaba haber hecho muchas visitas a casa de Eloise con Callie a lo largo de los años. La mujer siempre tenía algo en el horno o en el fuego. Ensartadas en la cocina colgaban hierbas y flores secas, y junto al hogar de la chimenea siempre había uno o dos gatos durmiendo.

A Ruby aquella casita le parecía sacada de un cuento. Si hubiera sabido lo poco que se alejaba de la verdad.

— Estuve tentada de volver al pueblo en muchas ocasiones — le confesó Callie pasándose la trenza por encima del hombro — . Pero me daba miedo hacerle daño a alguien.

Ruby miró a Rafe, que aguardaba en el umbral. A él le sucedía lo mismo. Quizá necesitara pasar algo de tiempo con la abuela de Callie para resolver su problema.

— Bueno, adelante. Mi abuela está pasando el invierno en Arizona, pero se va a conectar con nosotros por videollamada. Y he pensado que seguramente tenga libros aquí que nos resulten útiles.

— ¿La abuela Eloise sabe hacer videollamadas? — preguntó Ruby.

A lo largo de los años, había pasado mucho tiempo con la abuela de Callie. Sabía bordar un cojín como nadie y sus pasteles caseros eran los mejores, pero a Ruby le costaba creer que las videollamadas se contaran entre su repertorio.

Callie se rio.

— Ahora se le da bastante bien — aclaró — . Le enseñé la última vez que fui a verla.

— No puedo creerme que se haya trasladado a Arizona.

— Solo a medias.

— Pero si allí hace mucho calor.

— Le gusta el calor seco.

Entraron en la cocina charlando como en los viejos tiempos mientras Rafe las seguía. Parecía demasiado grande para aquella casa y tenía que agacharse para cruzar los umbrales.

— Hola, chicos — los saludó Sawyer cuando entraron en la cocina. Tenía una pila de libros viejos frente a él y estaba hojeando el primero de todos.

— Hola, Sawyer. — Ruby no pudo evitar sonreír al verlo allí.

Si supiera la cantidad de veces que Callie y ella habían estado riéndose hablando de él en esa misma cocina mientras Eloise les servía galletas recién hechas. Si hubieran estado al tanto de los talentos de Eloise, sin duda le habrían pedido que cocinara una poción de amor.

Sin embargo, a juzgar por cómo se le iluminó la cara a Sawyer al ver a Callie entrar en la cocina, allí no hacía falta magia.

El viento agitaba los viejos cristales de las ventanas, devolviendo la atención de Ruby al frío y húmedo día.

El clima hizo que se le ocurriera otra pregunta.

— ¿Tu abuela también puede controlar el clima con su magia?

— No —contestó Callie con una sonrisa—. Es más una bruja de cocina. Incorpora su magia a la comida.

—Así que ese era su secreto —dijo Ruby sonriente. Nunca se había sentido mejor que después de comer algo cocinado por Eloise.

—Su sopa de pollo es de lo mejor que hay.

—Confiemos en que pueda cocinar algo que ayude a Lena.

Callie le acarició el brazo con la mano.

—Ya encontraremos la solución —le prometió.

Ruby le dedicó una débil sonrisa en respuesta. «Ya encontraremos la solución» se había convertido en su mantra a lo largo de los últimos meses y, francamente, no creía estar más cerca de hallar solución alguna.

Al menos, ahora no estaba sola.

Treinta minutos más tarde, y después de varios cuencos de sopa recalentada, la abuela de Callie apareció en la pantalla delante de ellos.

Ruby y Rafe estaban sentados a ambos lados de Callie en el viejo sofá del salón, el portátil sobre la mesita baja que tenían delante. Sawyer se mecía en una mecedora junto a la chimenea. Había logrado encender un agradable fuego para combatir el frío de la habitación.

—Abuela, ¿nos oyes?

— ¡Anda, ahí estáis, mis dulces niñas! ¡Ya os veo la cara! — La anciana se inclinó hacia el ordenador y su alegre rostro inundó la pantalla.

— Échate un poco hacia atrás — dijo Callie con una sonrisa — . Vale, así está mejor.

— ¿Cómo estáis? ¿Tenéis visita? No me digas que has sustituido a Sawyer por ese grandullón de ahí.

Rafe rezongó y Ruby contuvo una carcajada.

— No, no. Este es Rafe.

La anciana entornó los ojos, mirando a Rafe con atención a través de la pantalla. Agrandó entonces los ojos al reconocerlo.

— ¿El hijo de Devon? ¡Eres igualito a él!

Rafe se atragantó con la sopa.

— ¿Conocía a mi padre?

— Conocía cosas sobre él, sí. Es importante saber lo que hay por ahí fuera.

Ruby estuvo a punto de reírse de lo poco que sabía ella sobre «lo que había ahí fuera». Sawyer le guiñó un ojo como si supiera bien cómo se sentía.

— Oí que falleció.

— Hace unos meses — masculló Rafe con gesto de asentimiento — , pero yo ya no estoy con la manada.

— Pensé que tú serías el siguiente alfa, pero deduzco que no fue eso lo que pasó.

— Knox ocupó el cargo.

— Mmm. — Eloise pareció querer decir algo más, pero Callie interrumpió la charla sobre la política de los hombres lobo.

— Abuela, queríamos que nos ayudaras con una cosa.

— ¿De qué se trata, mi amor?

— Es Lena.

— ¿La hermana de Ruby? ¿La cariñosa?

— Ja. Ja. — Ruby puso los ojos en blanco.

Eloise se carcajeó.

— Tú eres la peleona, Ruby, querida. El mundo os necesita a las dos.

— Gracias, Eloise. Pero a Lena le está pasando algo.

— ¿Qué le ocurre a nuestra dulce niña? — preguntó la anciana con el ceño fruncido.

— Es… Bueno…

— Lena tiene visiones. Cosas sobre lobos y sangre, aunque es incapaz de recordarlas.

No puede decirnos más que unas pocas palabras.

— La voz de Rafe sonó áspera y apremiante.

Habló como un gilipollas, pero un gilipollas preocupado — .

Y a Ruby la siguió y atacó un lobo, un Highlander.

Ha vuelto desde entonces. No sé qué quiere, pero debe de estar relacionado.

— ¿Un ataque de hombre lobo? A lo que hemos llegado. Parece que el mundo retrocede en lugar de avanzar. — Eloise agitó una mano frente a su cara — . No puede traer nada bueno. — La anciana sacudió la cabeza y de la trenza se le soltaron algunos mechones de pelo canoso.

— Pues sí. Estoy intentando averiguar qué quieren de Ruby.

Ruby notó un escalofrío por la espalda. Al oír su situación actual explicada para otra persona, el asunto le pareció mucho más real.

El miedo le atenazó la tripa. No era producto de su desbordante imaginación, ni uno de los cuentos para dormir de la tía Millie, ni un sueño de hacía décadas. Corría peligro de verdad.

— ¿Sabe algo sobre videntes? ¿Hay algún modo de ayudarla? — Rafe hizo una pausa y respiró hondo — . Las visiones parecen hacerle daño. Se está debilitando.

La anciana arrugó la frente en señal de preocupación.

— Hacía mucho tiempo que no oía nada semejante — respondió pasados unos instantes — .

Mi abuela solía hablar de ellas, decía que las perseguían y a menudo las mataban por sus conocimientos.

O las capturaban. Una vidente poderosa podría ser un arma de gran valor.

Si las habilidades de Lena han llegado a oídos de la manada de los Highlanders, quizá quieran… llevársela prestada.

— ¡¿Llevársela prestada?! — A Ruby se le encogió tanto el corazón que estuvo a punto de gritar de dolor.

Callie le puso una mano en la rodilla y la dejó allí, ayudando con su cálido peso a aliviar el pánico lo bastante para que pudiese respirar de nuevo.

— En contra de su voluntad, si fuera necesario.

— Pero ¿por qué atacar a Ruby? — preguntó Rafe. Estaba tan echado hacia delante que Ruby temió que fuese a caerse de cara contra el portátil.

— ¿Qué ocurrió durante el ataque? — quiso saber Eloise, retirándose la trenza por encima del hombro con el mismo gesto que siempre empleaba su nieta.

Si Ruby no hubiera creído que estaba a punto de darle un infarto, habría sonreído al ver la similitud.

— Estaba… — Y rememoró el surrealismo de aquella noche — . Estaba caminando con Rafe, pero él era un lobo y yo… aún no sabía que era él. Entonces, apareció otro lobo y se abalanzó sobre mí, pero Rafe… se enfrentó a él.

Eloise frunció los labios.

— Pero ya lo había visto antes. Al otro lobo, digo. Cuando se presentó en el bar con forma humana. Me llamó Lena.

— ¡Ajá! — gritó Eloise, dando una palmada sobre la mesa como si acabaran de resolverlo todo — . Es un caso de confusión de identidades.

— ¿A qué se refiere? — La voz de Rafe se había tornado en un gruñido.

— Son mellizas —explicó Eloise lentamente, como si Rafe fuera corto de entendederas.

Él parpadeó sorprendido. Como si jamás se hubiera parado a pensar que su hermana y ella eran casi idénticas. Como si, para él, Ruby fuese tan singular que no lograse entender que alguien pudiera confundirlas.

—Así que… —prosiguió Eloise, encajando las piezas del rompecabezas como si fueran todos un puñado de detectives aficionados—.

Por alguna razón, los Highlanders se han enterado de lo de Lena.

Quieren utilizarla por su poder, me imagino.

¡Quién no querría ver el futuro! Y han confundido a Ruby con su hermana.

Doy por hecho que, si no hubieras estado allí esa noche convertido en lobo, Rafe, las cosas habrían sido muy distintas.

—¿Distintas en qué sentido? —preguntó Ruby, aunque le daba miedo oír la respuesta.

—Digamos que me alegro de que estuviera allí —respondió Eloise con una sonrisa amable—. No creo que ese otro lobo te hubiera causado daño físico, querida, pero no sé si ahora estarías aquí sentada con nosotros.

— Joder — murmuró Callie para sí.

— ¿Y qué hacemos ahora? — quiso saber Ruby sin apenas poder contenerse.

— Los despedazamos uno a uno — contestó Rafe.

Ruby vio a Sawyer enarcar las cejas hasta el nacimiento del pelo.

— Es una opción — dijo Eloise.

— Pero ¿qué pasa con Lena? — insistió Ruby para no desviarse de la conversación.

Rafe podía dar rienda suelta a su rabia homicida cuando le viniese en gana, pero ella necesitaba saber cómo ayudar a Lena, cómo impedir que siguiera presa de aquella misteriosa aflicción.

— Esperad un momento —dijo Eloise—. Voy a ver qué encuentro sobre el asunto. —Se puso de pie y abandonó la pantalla.

Sawyer dejó escapar un largo suspiró desde el otro lado de la sala.

—Madre mía. ¿Te encuentras bien, Ruby? —preguntó.

—Sí, estoy bien —le dijo ella con una sonrisa débil.

Rafe masculló en voz baja sin apartar la mirada de la pantalla, a la espera del regreso de Eloise. La mano de Callie seguía posada sobre la pierna de Ruby, y aprovechó para darle un suave apretón.

—Todo irá bien —le dijo su amiga, pero, al hacerlo, la lluvia arremetió contra la ventana y el rugido de un trueno reverberó en la distancia—. Ignora eso —agregó con una sonrisa arrepentida.

Ruby notó el roce de algo peludo contra sus pantorrillas y, al bajar la mirada, descubrió a un gato gris que la miraba con ojos ambarinos. Estiró el brazo y le rascó entre las orejas. El gato ronroneó en respuesta.

—¿Tienes un gato? —preguntó Ruby, agradecida por la distracción.

—Ah, ese es Iggy.

Ruby dejó que el ronroneo del gatito recorriera sus dedos, centrándose en eso en lugar del latido desbocado de su corazón.

Se dio cuenta entonces de que hacía días que no veía a su gato.

Debía de estar escondiéndose de su nuevo huésped, o pasando las horas en el dormitorio de Lena, lejos del gigantesco lobo que se había instalado en el de ella.

Iggy le pasó varias veces entre las piernas antes de acomodarse sobre sus botas.

Eloise reapareció en la pantalla y dejó una pila de libros sobre la mesa con un golpe seco.

—Vamos a ver qué tenemos por aquí —anunció con sombría determinación antes de abrir el primero de ellos.