¿Dónde estás, lobo feroz? (Maple Hollow 1) Capítulo 27
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Capítulo 27

–Y a te he dicho que me encuentro bien. —Lena la fulminó con la mirada por encima del borde de su libro.

Aquel día presentaba oscuras bolsas bajo los ojos y la piel cetrina bajo los rayos matutinos del sol que entraba a través de la ventana de la cocina. La hermana encantadora había vuelto a desaparecer. En su lugar, había regresado la hermana taciturna y exhausta a quien no reconocía.

Ruby estaba sentada frente a ella jugando con su desayuno, pensando aún en lo que había dicho Lena la noche anterior y en lo que podría significar.

Rafe se encontraba fuera, olfateando el perímetro en su forma humana, para asegurarse de que no hubiera peligro.

Ruby sintió un escalofrío que le corría por la espalda al pensar en lo que podría hallar, o peor… , en lo que haría si encontrara algo.

Sin embargo, lo que más miedo le daba era ver a su hermana consumirse delante de sus ojos.

Rafe había dicho que era vidente, pero ¿qué implicaba eso? ¿Qué se suponía que debían hacer ahora? Fuera lo que fuera aquello, parecía estar devorándola desde dentro.

Lena le dio un golpe en el pie por debajo de la mesa.

—¿En qué estás pensando? Has arrugado el gesto de pronto.

Ruby soltó una carcajada. Aún no le había contado a Lena la verdad acerca de Rafe ni de su teoría sobre la videncia. Ni lo de Callie, ya puestos. Se sentía culpable por no ser sincera con su hermana, por tratarla como a una niña que necesitara protección; aun así, no sabía qué otra cosa hacer.

—Nada. Pensaba en hacer hoy unos recados.

—Suena bien. —Lena se levantó y arrastró los pies hasta el fregadero para aclarar su plato—. Creo que yo estudiaré un poco de español.

Ruby asintió y la vio marchar. Aprender español era solo una de las múltiples cosas que Lena había probado a hacer durante las semanas que llevaba recluida en casa.

Pero Ruby sabía que no tardaría mucho en quedarse dormida arriba.

Muchas veces se encontraba a su hermana profundamente dormida con la aplicación de aprendizaje de idiomas pronunciando aún frases o con un libro abierto sobre el pecho o la labor de punto de cruz abandonada a un lado.

Por mucho que Lena intentara seguir siendo como antes, la cosa no funcionaba. Ruby soltó un suspiro.

Pero la idea de Rafe había sembrado algo de esperanza en ella. Quizá Lena no estuviese enferma. Quizá tuviese un don. Quizá solo tuviera que aprender a utilizarlo.

— ¿Estás bien? — La voz de Rafe la sobresaltó, sacándola de sus cavilaciones.

No había oído abrirse la puerta de atrás ni las suaves pisadas sobre el suelo de la cocina.

— Sí. Preocupada por Lena, nada más.

Rafe asintió sirviéndose un café y se sentó con cuidado en la silla que tenía delante.

Ruby lo observó pensando en lo extraño que resultaba que se hubiera instalado en su casa en los últimos días y se sintiera tan a gusto.

Ella ni siquiera había vivido nunca con un novio y ahora aquel hombre lobo grandullón y taciturno bebía café en su cocina como si fuese una mañana normal de sábado.

Y a ella le sorprendía lo normal que parecía.

— ¿A qué hora vamos a reunirnos con Callie y Sawyer? — preguntó él.

— Sobre las diez.

Aquel día iban a hablar con la abuela de Callie y, con suerte, esta les brindaría alguna información útil.

— ¿Seguro que no quieres que Lena venga con nosotros?

— Seguro.

— En algún momento tendrás que contárselo.

Ruby se puso de pie abruptamente, arañando con la silla el suelo de la cocina.

— Déjame a mí gestionar lo de mi hermana a mi manera.

—Vale, vale —contestó Rafe levantando las manos en señal de rendición—, pero voy a llamar a mi hermano.

—¿Para qué?

Los dedos de Rafe tamborilearon sobre el tablero de la mesa.

—No creo que sea buena idea dejarla aquí sola. —Dejó de mover los dedos y se sacó el móvil del bolsillo—. Puede venir Theo a quedarse con ella.

—¿Lo haría?

—Me lo debe —contestó Rafe encogiéndose de hombros y salió de la cocina para realizar la llamada.

Lo único que Ruby alcanzó a distinguir fueron gruñidos aislados, quejas ocasionales y algún que otro «Que te jodan» antes de que Rafe regresara y la informara de que Theo llegaría en menos de una hora. A juzgar por su sombría expresión, no esperaba con mucho entusiasmo la visita.

Ruby acababa de terminar de vestirse cuando llamaron a la puerta de entrada.

Atravesó aceleradamente el pasillo sin hacer ruido y pasó de largo el dormitorio de Lena.

El hecho de que su hermana estuviese demasiado cansada para quejarse de que «el hermano de Rafe está en el pueblo y va a pasar unas horas en casa» no hizo sino acrecentar su ansiedad.

—No soy un puñetero canguro. —La voz que habló sonó dulce como la miel, a pesar de que las palabras fuesen afiladas—. Me salvaste la vida una vez, no puedes cobrarte favores ilimitados.

Ruby se encontró a Rafe cara a cara con un guapo desconocido en su salón. Ambos alzaron la vista cuando llegó al último escalón.

Los carnosos labios del recién llegado se curvaron en una sonrisa lenta.

Su piel lucía un atractivo bronceado y sus ojos recordaban a aguas tropicales.

Una mata de rizos oscuros le cubría la cabeza y, pese a la fea cicatriz que le recorría el lateral de la cara, era bastante guapo.

Ruby no pudo contener la sonrisa que se dibujó en sus labios a modo de respuesta.

—Ah, ahora lo entiendo —canturreó el joven.

—No digas ni una puta palabra más —le advirtió Rafe con un gruñido gutural.

— Soy Ruby. — Le tendió la mano y el joven se la estrechó.

— Theo — ronroneó él.

— Ay, Dios — rezongó Rafe — . Ruby, te presento al imbécil de mi hermano. Pasará aquí la tarde.

— Muchísimas gracias — respondió Ruby y se dio cuenta de que Theo aún no le había soltado la mano. La retiró y él agrandó la sonrisa — . Mi hermana está arriba descansando, pero sabe que estás aquí.

Theo le ofreció un gesto de asentimiento con la cabeza.

— A tu servicio, Ruby.

Ella percibió la rabia que brotaba de Rafe como si fuera una entidad física dentro de la habitación. Aquella frase de «si las miradas mataran» nunca le había parecido más acertada.

— ¿Ahora dices «A tu servicio»? Hace un minuto te quejabas de que no eras canguro.

Theo se encogió de hombros, llamando la atención sobre sus hombros tonificados y su torso. No era tan alto como Rafe, ni tan corpulento, pero tenía el cuerpo cubierto de músculos bien definidos. Los genes de los hombres lobo no eran cosa de broma.

— Ruby me ha convencido. — Su sonrisa se había tornado traviesa y Ruby notó un intenso calor en la cara.

Rafe vibraba de rabia junto a ella.

— Corta el rollo, Theo. Vas a hacer que le explote la cabeza.

Ruby parpadeó confusa. Una menuda mujer pelirroja emergió de su cocina con su taza favorita entre las manos.

— ¿Has traído a Phoebe? — preguntó Rafe, todavía con el gesto crispado.

— Quería ver a Lena — respondió Theo encogiéndose nuevamente de hombros.

— Yo también me alegro de verte, Rafe. — Phoebe entró en la sala prácticamente levitando y aterrizó junto a Rafe. La cabeza le llegaba solo a la altura de su hombro, pero se puso de puntillas para darle un beso en la mejilla.

Rafe conservó su mirada de enfado; sin embargo, Ruby advirtió la sutil relajación de su postura.

— Hola, Fee. Me alegra ver que has salido de tu arboleda.

La mujer le sonrió.

— Se me permite salir de vez en cuando — dijo. Tenía el pelo corto y cobrizo y la piel de un tono melocotón. Un enjambre de pecas le salpicaba el rostro y los hombros, y se extendía por sus brazos. Tenía puntitos por todas partes.

— Un momento, yo te conozco, ¿a que sí? — preguntó Ruby tratando de ubicar a la mujer.

— Es posible — contestó Fee con una sonrisa misteriosa.

— ¡Ah, ya me acuerdo! Macy me llevó a verte para… — Dejó la frase a medias, invadida de pronto por la vergüenza de admitir delante de Rafe que había acudido a ver a Fee para que le diese una poción de amor.

En aquella época, llevaba mucho tiempo en dique seco y Macy estaba harta de escuchar sus quejas. Pero no creía que fuese real. Aunque conocía a bastantes mujeres del pueblo que sí lo creían.

—Sí, era yo —confirmó Fee con una sonrisa—. Supongo que podríamos decir que regento una especie de botica.

—¿Qué…? —Ruby se quedó callada. Le parecía de mala educación preguntar, pero se moría de ganas de saber.

—Phoebe es una dríade. Una ninfa del bosque —le explicó Rafe, leyéndole el pensamiento.

Phoebe le sonrió.

—Claro. Por supuesto. —Allí estaba. Una ninfa. Claro que sí.

Ahora en su salón había dos hombres lobo y una deidad de los bosques.

Ruby intentó rescatar de su memoria lo que sabía sobre mitología griega y celta, pero solo recordó que las dríades eran consideradas espíritus del bosque, vistas a menudo en arboledas sagradas.

Se moría por preguntar si Phoebe podía hacer que brotara un árbol en mitad del salón, aunque en ese momento se le antojó inapropiado.

Theo había abandonado su actitud de hombre encantador en cuanto Phoebe entró en el salón y ahora se acercó a ella.

A Ruby no le pasó inadvertida su manera de observarla, el deseo indisimulado que destilaban sus ojos.

Miró a Rafe con las cejas enarcadas; él se limitó a sacudir la cabeza en señal de fastidio.

— ¿Tú también eres vidente? — preguntó Phoebe.

— Eh…, no. Soy Ruby a secas. Una humana.

Phoebe ladeó la cabeza y la estudió con interés.

— Mmm…, ¿estás segura?

¿Segura de qué? ¿De ser humana? Ruby asintió como una estúpida, su cerebro se negaba a analizar la pregunta de Phoebe. Claro que era humana. La que tenía visiones era Lena, no ella.

— Tenemos que irnos — anunció Rafe prácticamente con un gruñido — . Volveremos con la puesta de sol.

— Hace que suene muy misterioso. Yo empiezo a trabajar a las seis, eso es todo — explicó Ruby, dejando correr el tema por ahora. Lo más importante era ayudar a Lena, solo podía pensar en eso. O al menos solo debería pensar en eso.

— Es un rasgo de familia — dijo Phoebe con una sonrisa—. A estos les gusta el dramatismo.

—¡Oye! —dijeron los hermanos al unísono, provocando la risa de ambas mujeres.

Rafe masculló y le sujetó la mano.

—Vámonos. —La arrastró hacia la puerta, pero ella miró hacia atrás y vio a Theo acercarse más a Phoebe. Deslizó un único dedo desde su muñeca hasta su codo. Ruby vio a la otra mujer estremecerse, pero a continuación se apartó.

Tenía un sinfín de preguntas que seguramente Rafe no querría responderle. Pero eso no significaba que no fuera a intentarlo.

—Tu hermano y tú no os parecéis mucho.

La camioneta rebotó al pasar un bache cuando Rafe volvió la mirada hacia Ruby desde el asiento del conductor. Estaba distraído, confiando en que la abuela de Callie les brindara algunas respuestas.

—Él es el guapo. —Le avergonzó haber sonado tan resentido.

Sintió la mirada de Ruby clavada en él; aun así, mantuvo la vista fija en la carretera.

—A mí me pareces guapo — dijo ella.

Rafe oyó la sonrisa en su voz. Estaba tomándole el pelo.

— Tenemos madres diferentes — contestó con un gruñido — . Él se parece a la suya. — Rafe no mencionó que él se parecía a su padre. Nunca le habían gustado esas comparaciones; no era necesario sacar ahora el tema.

— ¿Qué hay entre Phoebe y él? — Ruby se arrellanó en su asiento.

Él se atrevió a volver a mirarla. Tenía la vista fija hacia la carretera, con una pierna recogida bajo su cuerpo y los muslos asomando por debajo de la falda.

Se preguntó cuántas faldas negras tendría.

Notó un cosquilleo en los dedos, que agarraban el volante, consumido por la necesidad de deslizar la mano sobre una de ellas.

— Es una larga historia — respondió tras aclararse la garganta.

— Cuéntamela.

Rafe suspiró. No fingía entender el razonamiento interno de ninguno de sus hermanos, pero al menos podría ofrecerle algunos datos básicos.

— Son amigos desde hace años. Sospecho que la quiere.

— Se encogió de hombros — . Cuando abandonamos la manada, di por hecho que terminarían juntos.

Mi padre jamás le habría permitido que tuviera relaciones con una ninfa.

No toleraba a los mestizos. — Se le formó un nudo en la garganta.

Las desdeñosas palabras de su padre le parecían asquerosas salidas de su boca.

— Parece que tu padre era un auténtico capullo.

Una carcajada de sorpresa escapó de sus labios.

— Sí, lo era.

— Entonces, ¿terminaron juntos? — Ruby volvió a moverse y lo miró nuevamente.

— No. Theo se tira a quien le da la gana y sigue diciendo que Phoebe es su amiga. — De pronto, un incómodo pensamiento se abrió paso por sus entrañas — . ¿Por qué? ¿Te interesa?

— ¿Por qué? — contestó ella riéndose — . ¿Estás celoso?

— No — contestó Rafe rechinando los dientes — . Pero deberías saber que es un imbécil.

— ¿Pero es un imbécil bueno en la cama?

Rafe estuvo a punto de sacar la camioneta de la maldita carretera. Tenía el volante agarrado con semejante fuerza que se le habían puesto blancos los nudillos. La idea de que su hermano se tirase a Ruby bastaba para que le entraran ganas de…

Ruby posó la mano sobre su muslo y él se quedó con la mente en blanco.

— Estaba de broma. — Le regaló un leve apretón y a él se le agitó la polla debido a la cercanía — . No pongas esa cara de asesino —agregó con una risotada.

Rafe intentó expulsar el aire, pero sentía los pulmones llenos y ardiendo.

—Es la cara que tengo —contestó.

Ruby se inclinó por encima de la palanca de cambios y le rozó la mejilla con los labios.

—Me gusta tu cara —susurró antes de recuperar su posición inicial.

Rafe aún sentía el calor de sus labios sobre la piel cuando tomaron el camino de acceso a la vivienda. Confiaba secretamente en que el pintalabios le hubiera dejado marca.