¿Dónde estás, lobo feroz? (Maple Hollow 1) Capítulo 26
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Capítulo 26

–C uéntame más. —Estaban sentados a la mesa de la cocina, cada uno con una taza de manzanilla.

Callie y Sawyer habían insistido en ir también a casa de Ruby, asegurando que tenían asuntos importantes que tratar.

Lena estaba arropada en su cama, muy consciente de que estaban mintiendo todos al decir que iban a jugar al póker.

Estaba enfadada, aunque demasiado exhausta para llevarles la contraria.

Rafe dejó escapar un largo suspiro y se arrellanó en su silla. Esta crujió bajo su peso y él se quedó quieto, pero la silla aguantó.

—Creo que Lena es vidente, alguien capaz de ver el futuro. —Se pasó una mano por el oscuro cabello—. Nunca he conocido a una, pero había oído que existen.

Ruby miró a Callie y a Sawyer para ver su reacción a aquella noticia, y para su sorpresa ninguno de los dos pareció sorprenderse en absoluto.

—¿Qué significa eso entonces? —A Ruby se le puso la carne de gallina en los brazos pese a la humedad de la cocina.

¿Por qué la palabra «vidente» reverberaba en su interior? Aquel sueño sobre el accidente de sus padres afloró a la superficie de sus pensamientos. ¿De verdad había soñado eso la noche antes del accidente? Quizá simplemente lo hubiera soñado tantas veces desde entonces que ya no estuviese segura.

Sin embargo, el problema ahora no era aquel sueño en particular.

— ¿Qué estaba diciendo sobre lobos? Nunca antes había dicho eso.

Rafe hizo una mueca, pero no se guardó nada, tal como había prometido.

— Debe de ser algo relacionado con los lobos que os han estado acosando. Quizá sea eso lo que ve. Quizá sepa…

No fue necesario que concluyera la frase. A juzgar por la angustia de su rostro, Ruby supo lo que iba a decir. Quizá Lena supiera lo que le iba a ocurrir. Quizá hubiera visto el destino de Ruby y no fuese nada bueno.

— Espera un segundo, joder — interrumpió Callie, dejando su taza con un fuerte golpe sobre la mesa — . ¿Te están acosando unos lobos? ¿Por eso te ayudé a meter a uno a rastras en tu garaje?

— ¿La ayudaste a meter a un lobo a rastras en el garaje? — preguntó Sawyer con los ojos como platos.

— Lo cierto es que era yo. El lobo soy yo — contestó Rafe encogiéndose de hombros. Muy bien, al parecer esa noche habían decidido ser completamente sinceros.

La mesa quedó sumida en un profundo silencio durante dos segundos.

— Creo que quizá haya llegado el momento de contarle a Ruby dónde has estado estos últimos dos años, Cal — sugirió Sawyer con una carcajada incrédula.

Ruby clavó la mirada en su amiga y a Callie se le sonrojaron las mejillas.

— ¡No me digas que tú también eres un lobo!

— No, un lobo no.

— Es una bruja — explicó Sawyer con una sonrisa, claramente disfrutando con todas aquellas confesiones.

— ¿Eres bruja? ¿De las que vuelan con escoba, lanzan hechizos y llevan sombrero de punta?

— No llevo ni llevaré jamás un sombrero de punta.

Sawyer volvió a reírse y Ruby creyó estar a punto de sufrir un auténtico brote psicótico.

— Poseo ciertas habilidades atmosféricas — dijo Callie. Como si aquella fuese una revelación de lo más normal.

— Puede controlar el clima — explicó Sawyer, poniéndose en pie para ir a rebuscar en la nevera — . ¿Tienes algo de picar?

— Hay helado en el congelador — respondió Ruby con un hilo de voz antes de volverse hacia Callie — : ¿De qué narices está hablando?

Callie expulsó un largo suspiro y dijo:

— Advertí algunas cosas raras en relación con mis emociones.

— Provocó un relámpago cuando nos besamos. Alucinante, ¿a que sí?

— Sawyer, por favor.

— Perdón. — Sawyer se sentó con un bol de helado e imitó con la mano el gesto de una cremallera cerrándole los labios.

— Sucedía cuando me sentía abrumada o percibía algo con mucha fuerza.

— Fue un beso increíble — le susurró Sawyer a Rafe, y este le devolvió una sonrisa divertida.

— El caso — prosiguió Callie ignorándolo — es que me fui a pasar un tiempo con mi abuela y digamos que ella…

— Le enseñó a aprovechar sus poderes. Como un Yoda de verdad.

Callie lo fulminó con la mirada, pero se rindió.

— Sí, la verdad es que es bastante acertado.

— Vale — dijo Ruby sacudiendo la cabeza — . A ver si lo he entendido. ¿Besaste a Sawyer y te pusiste tan nerviosa que se produjo una tormenta de rayos y entonces huiste a casa de tu abuela y ella ha estado entrenándote y por eso no te he visto desde hace dos años?

— Pues… — Callie se mordió el labio antes de continuar — . Sí… Más o menos es eso.

— Joder, Cal. — El comentario acerca de que Sawyer la había visto tal y como era y que no se había espantado cobraba ahora mucho más sentido. Había descubierto que Callie era bruja y la había aceptado de igual modo. A Ruby le cayó todavía mejor.

— Iba a contártelo, pero no pensé que fueras a creerme, y luego sucedió todo esto. — Señaló a Rafe, que estaba allí sentado con el ceño fruncido y una diminuta taza entre sus enormes manos — . Y he pensado que este era un buen momento para sincerarme.

Claro. Por supuesto. Un hombre lobo, una bruja y una vidente. ¿En qué momento su vida se había convertido en un perverso cuento de hadas?

— ¿Y qué me dices de ti, Sawyer? ¿Eres vampiro?

— ¡Ja! No, ya me gustaría. Por desgracia, no soy más que un ser humano normal y corriente. — Lamió el helado de su cuchara y sonrió a Callie — . Pero siempre que lo hacemos sale el sol, así que mola bastante.

— ¡Sawyer! — Callie se cubrió el rostro con las manos, pero Rafe dejó escapar una risotada.

— La verdad es que sí que mola bastante — admitió Ruby.

Callie se retiró las manos de la cara.

— ¿En serio? — preguntó.

— ¡Pues claro! Mi mejor amiga es bruja. Mola mucho. ¿Podemos hechizar a la gente? Porque Trina me ha estado sacando de mis casillas últimamente.

— No, lo siento — se rio Callie — . Está bastante limitado a patrones climatológicos muy localizados, pero, si alguna vez quieres tomarte el día libre, es probable que pueda provocar una buena tormenta de nieve.

— Increíble. Ya seguiremos hablando de eso, pero ¿qué pasa con Lena?

— Cierto. Por eso quería contarte todo esto. Estaba pensando que quizá mi abuela podría ayudarnos. Me refiero a que tal vez pueda ofrecernos algún consejo.

— Sí, perfecto — dijo Ruby mientras se le llenaban los ojos de lágrimas — . Gracias, Cal.

— Ya te dije que podías contar conmigo. —Callie la estrechó entre sus brazos.

Ruby alcanzó a ver la cara de Rafe por encima del hombro de su amiga, con esa expresión que parecía indicar «te lo dije».

Pero a ella no le importó en absoluto.

Se alegraba de que llevase razón.