Capítulo 25
A Rafe se le erizó el vello de la nuca. Ruby tenía los ojos desencajados, presa del miedo.
Un discreto murmullo inundó sus sentidos.
—Lena —dijo Ruby con un grito ahogado.
Su hermana se había desplomado contra él y de sus labios brotaban palabras ininteligibles.
Por primera vez desde que la conociera, Ruby le pareció auténticamente aterrada.
A él se le encogió el corazón. Su instinto le exigía que pusiera fin a aquello, que impidiera que Ruby siguiera sufriendo.
Era peor que ver cómo aquel gilipollas le metía mano, aunque eso había estado a punto de despertar en él una rabia homicida.
Esto, sin embargo, le provocaba impotencia.
Por mucha violencia que empleara, no lograría curar a la hermana de Ruby.
—Todo irá bien —le dijo a Ruby, obligándola a mirarlo—. Te lo prometo.
Ruby gimoteó, desviando la mirada de forma errática en torno al establecimiento.
Callie le pasó un brazo por los hombros.
Rafe sabía que para Ruby era importante mantener la discreción en lo referido a los problemas de Lena.
Inclinó su cuerpo para proteger a Lena lo mejor posible del resto de los presentes en el bar.
Ella tenía los ojos muy abiertos, pero no parecía ver nada.
—¿Suele ser así? —preguntó Rafe con la voz convertida en un susurro; no quería despertar a Lena.
Ruby asintió con los ojos oscuros humedecidos por las lágrimas.
—Por lo general no dura mucho.
—De acuerdo — contestó él poniéndole una mano en el hombro a Lena. Su cuerpo era ligero y frágil en comparación con las exuberantes curvas de su hermana — . Tendremos que esperar a que se le pase.
Callie abrazó a Ruby con más fuerza.
— Lena, ¿nos oyes? — Rafe la zarandeó muy suavemente por el hombro.
Ella giró la cabeza hacia un lado. Se quedó mirándolo sin ver y un escalofrío trepó por su columna.
— Lena — repitió — . ¿Qué ves?
Lena interrumpió su letanía y arrugó el entrecejo como si pudiera oírlo y estuviera meditando la manera de responder.
— Un lobo — dijo.
Ruby, con los ojos muy abiertos, encontró su mirada de inmediato.
— Nunca antes había dicho algo así.
Lena estiró una mano, Rafe se la estrechó y cerró los dedos en torno a los de ella, que estaban helados. Lena abrió más los ojos durante un segundo y a continuación dejó escapar un largo suspiro.
— Veo sangre — siguió — . Mucha sangre.
A Rafe se le había quedado el cuerpo gélido.
¿Qué lobos? ¿La sangre de quién? Necesitaba saber más; sin embargo, Lena había cerrado los ojos y su respiración se había tornado lenta y regular, como si se hubiera quedado dormida.
Deseó zarandearla. Deseó gritar. Deseó agarrar a Ruby y huir con ella hasta que estuviera a salvo.
Pero no podía hacer ninguna de esas cosas.
De manera que, en su lugar, mantuvo agarrada a Lena hasta que volvió en sí.
— Mierda — dijo con un quejido, frotándose los ojos como si acabara de despertarse de la peor siesta del mundo — . Ha vuelto a ocurrir, ¿verdad?
— Ya te digo. ¿Te encuentras bien? — Callie se inclinó sobre la mesa para estrecharle la mano.
Lena suspiró, pero entonces reparó en las patatas fritas que Ruby había depositado frente a ella.
— Ay, patatas. Gracias, Ruby.
Ruby y Callie intercambiaron una mirada.
— ¿Cómo te encuentras, Lena? — volvió a preguntar Callie.
— Como si me hubiera pasado un camión por encima — contestó Lena encogiéndose de hombros antes de dar un mordisco a una patata frita embadurnada de kétchup — . Pero dentro de unos minutos se me habrá pasado.
— ¿Recuerdas algo esta vez? — quiso saber Ruby con el ceño fruncido por la preocupación — . ¿Has visto algo?
Lena suspiró como si estuviera cansada de esas preguntas, y seguramente así fuera. A Rafe no le cabía duda de que estaría harta de responder las preguntas de los médicos, de los terapeutas y de Ruby.
— Nunca recuerdo nada, ya lo sabes.
— Pero has…
— ¿Por qué no dejamos que coma? — la interrumpió Rafe.
Lena lo miró con gesto afirmativo a modo de agradecimiento. Ruby abrió la boca para protestar.
— Ya hablaremos de ello más tarde — prosiguió él, y Ruby le sacó la lengua.
— No hay nada de lo que hablar — insistió Lena — . Pero podéis analizarme todo lo que queráis.
— No estamos tratando de analizarte. Solo deseamos ayudarte. Nos has dado un buen susto y…
— Me vendría bien otra cerveza. ¿Sawyer, Callie? — volvió a interrumpirla Rafe.
Ruby dio la impresión de querer darle una patada en las pelotas.
—Claro, yo me tomaría otra —contestó Sawyer, y Callie le lanzó una mirada—. ¿Qué pasa? Necesito beber algo después de esto —se justificó él, desviando la mirada nerviosa en dirección a Lena.
—Lo cierto es que yo también —admitió Callie.
—¿Y qué pasa conmigo? —preguntó Lena, recuperando el mohín—. He venido a divertirme un poco.
Rafe alcanzó a ver la frustración en el gesto de Ruby, como si tuviera ganas de gritar. Él le agarró el brazo.
— Fantástico. Ruby, ¿me ayudas con las bebidas?
Ella lo fulminó con la mirada; aun así, se puso de pie y lo siguió hacia la barra.
— ¿Qué coño haces? — le preguntó entre dientes — . ¡Estaba hablando de lobos, Rafe! Eso no había ocurrido nunca. Tenemos que…
— ¿Qué, Ruby? Es evidente que hacerle más preguntas no ayuda.
— Rafe. — Su voz fue más un ruego. Estaba empezando a temblar y se le había quedado la cara pálida.
— Ven conmigo. — La rodeó con un brazo y la condujo hacia el despacho de Macy, situado en la trastienda. Se hallaba vacío y se apresuró a entrar — . Siéntate — le ordenó.
Ruby se dejó caer sobre la silla del escritorio de Macy. Rafe se arrodilló delante de ella.
—Respira.
Ella tomó aire y lo expulsó lentamente por la nariz, pero no antes de que las lágrimas comenzaran a resbalar por sus mejillas.
—No sé qué hacer. No sé de qué va todo esto ni sé cómo ponerle fin, y Lena y yo estamos solas y…
—No es verdad.
—¿El qué no es verdad? —Ruby frunció el ceño. Se sorbió la nariz y él agarró un pañuelo de papel del escritorio de Macy y se lo alargó.
—Lena y tú no estáis solas. Tienes a Callie. Y Sawyer parece un buen tipo. No ha salido huyendo.
Ruby se sonó la nariz con un graznido adorable. Rafe reprimió una sonrisa. Aquel no era el momento.
—Es un buen tipo. Nos criamos todos juntos.
—Me alegro —dijo Rafe, dejando una mano posada sobre la rodilla de Ruby. Con la palma, cubrió el pequeño agujero de sus leotardos— . Y tienes a Gert. También a Macy y a Sal y, como mínimo, la mitad del bar le daría una patada en el culo a cualquiera que intentara haceros daño.
— Supongo.
— Y me tienes a mí.
No debería haber dicho eso. No debería pensarlo, pero así era. Al menos de momento. Al menos hasta que averiguara qué estaba ocurriendo con Wyatt y compañía. No sabía qué hacer respecto a su hermana, pero al menos podría protegerla de los demás lobos.
— ¿En serio? — preguntó Ruby, y él supo que le había enviado demasiadas señales confusas.
— No permitiré que te suceda nada.
— ¿Por qué? — le preguntó.
— Ruby — masculló. ¿Cómo podría responder a esa pregunta?
— Lo digo en serio, Rafe. ¿Por qué te importa tanto lo que me suceda? ¿Qué significo para ti como para que te tomes tantas molestias?
Él sacudió la cabeza, no queriendo pararse a pensar en lo que significaba para él.
Ruby le puso una mano en la mejilla y lo obligó a mirarla. Y eso fue suficiente. La palma de ella contra su cara y el pulgar de él trazando círculos sobre su rodilla. Dos diminutos puntos de contacto y se sintió indefenso.
No había otra cosa que pudiera hacer salvo decirle la verdad.
— No lo sé. No sé lo que me pasa contigo.
Hacía años que no me importaba ningún otro ser humano.
Los evitaba a toda costa. — Se inclinó hacia delante, solo un par de centímetros, algo apenas perceptible, y ella se inclinó también.
Con su otra mano le tocó la otra mejilla, hasta acabar rodeándole el rostro mientras él hablaba — .
No sé por qué no puedo mantenerme alejado de ti, por qué me atormentabas antes incluso de conocerte.
No sé por qué estoy aquí ni por qué no puedo marcharme.
Pero sé que no puedo. Sé que, aunque ahora me fuera a casa, no pararía de pensar en ti, en tu olor, en el roce de tus labios, en el tacto de tu piel, pero sobre todo me atenazaría el terror de pensar que no estás a salvo, y sé que volvería corriendo junto a ti.
Ruby respiró profundamente.
— No sé nada, salvo que mataría por ti.
Ella abrió mucho los ojos, pero no se apartó. Observó su rostro y vio que hablaba en serio, que estaría dispuesto a hacerlo.
— ¿Crees que…? — susurró — . ¿Que será necesario?
A él se le formó un nudo en la garganta. Notaba los pulgares de Ruby acariciándole los pómulos.
— Hubo otra mujer — consiguió decirle con voz ahogada. Ruby lo mantuvo agarrado — . Una humana. Scarlet.
Ella aguardó mientras ordenaba sus pensamientos, mientras trataba de encontrar las palabras adecuadas para transmitirle su miedo.
— Debería haberme mantenido alejado de ella. — Rafe cerró los ojos con fuerza hasta que sintió la presión de la frente de Ruby contra la suya.
— No pasa nada — susurró ella — . Puedes contármelo.
— Pero no me mantuve alejado. Fui débil y ella murió por mi culpa.
— Ay, Rafe.
Ruby enredó las manos en su pelo y le dedicó una mirada suave y tierna.
No se la merecía.
Se apartó. Y Ruby dejó caer las manos sobre el regazo.
— Si esos lobos regresan, me encargaré personalmente de rajarles el cuello para evitar que se acerquen a Lena y a ti.
Ruby se quedó mirándolo mientras se ponía de pie y comenzaba a caminar de un lado a otro del pequeño despacho.
— ¿Y por qué crees que buscan a mi hermana? — le preguntó, percibiendo que tenía una teoría. Lo conocía demasiado bien.
Rafe se detuvo. Sabía que merecía la verdad.
—Creo que tu hermana es vidente.