¿Dónde estás, lobo feroz? (Maple Hollow 1) Capítulo 24
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Capítulo 24

R uby trató de distraerse con la monotonía del trabajo.

Sonreír, servir bebidas, sonreír, tomar pedido, seguir sonriendo, servir más bebida, ignorar la cháchara de Sal.

Sin embargo, no conseguía quitarse de la cabeza la imagen de Rafe mirándola mientras se tocaba.

Siendo sincera, le sorprendería que pudiera quitársela de la cabeza alguna vez.

Sería una viejecita pervertida y seguiría fantaseando con el momento más excitante de toda su vida.

Porque sin duda lo había sido. Y después él abandonó la estancia como si lo hubieran pillado mirando un accidente de tráfico.

Sacudió la cabeza para intentar sacarse a Rafe de la cabeza y algunos mechones de pelo escaparon de sus moños.

Por algún motivo, él no creía que debieran…

tontear. Y Ruby no tenía por costumbre suplicar.

Aunque lo cierto era que tenía muchas ganas de suplicar que siguiera dándole lo que le había dado esa mañana.

Quería volver a sentir su barba de dos días en la cara.

Sus manos en el culo. Sus labios, sus dientes y su enorme…

Levantó la cabeza y vio que Macy la miraba con el ceño fruncido por la preocupación. Ruby le dedicó una sonrisa tensa y dispuso las bebidas ordenadamente sobre la bandeja como si fuese la tarea más importante del mundo.

—¿Estás bien? —preguntó Macy.

—Sí, muy bien.

Las trenzas moradas de Macy resbalaron sobre sus hombros al alinear las diferentes bebidas.

—¿Seguro? Parece como si estuvieses haciendo cálculos matemáticos complejos.

—Qué va — contestó Ruby con una carcajada — . Nada de cálculos. Va todo bien.

— Esa muchacha no está haciendo cálculos — intervino Sierra — . Está pensando en sexo.

— ¡No es cierto!

Sierra deslizó un dedo de manicura perfecta por el borde de su copa de martini. Era la única persona del bar que bebía martinis. Tenían aceitunas solo por ella.

— Niégalo cuanto quieras, pero yo me doy cuenta. Mejillas sonrojadas, pupilas dilatadas…

— ¡Dios mío! ¡Deja de mirarme así!

— Vale — dijo Sierra soltando una carcajada — , lo que tú digas.

— No has vuelto a ver por aquí a ese tal Wyatt, ¿verdad? — preguntó Macy, cambiando afortunadamente de tema. Su expresión indicaba que se encargaría ella misma de darle una paliza al tipo, algo que a Ruby le pareció tranquilizador.

— No. No lo he visto. — Por supuesto, no podía decirle que Rafe lo había olfateado en su jardín, porque resultaría algo descabellado. Aunque fuese cierto.

— Vale, me alegro. Hemos colgado su foto. — Macy señaló hacia el muro de la vergüenza situado sobre la caja registradora.

Una polaroid desenfocada de Wyatt se había sumado a las otras tres que llevaban años allí colgadas.

Una pertenecía a la ex de Macy, que seguía acudiendo al bar a todas horas, ignorando la foto y las pullas de Macy.

Otra correspondía a un senderista que se había pasado por allí años atrás con una ardilla herida en la mochila.

O al menos pensaba que estaba herida hasta que la ardilla se escapó y se puso a correr como loca por el establecimiento.

Y el hombre ni siquiera dejó una buena propina.

La tercera y última era la de Paula, la maestra que tuvo Ruby en tercero, que se había visto envuelta en una estafa de marketing piramidal hasta el punto de intentar involucrar a todo el pueblo en su «lista de clientes».

Macy le dijo que podría regresar cuando accediera a no mencionar una sola palabra sobre suplementos.

No se la había vuelto a ver desde hacía años.

— Gracias, Mace. — Ruby agradecía el gesto, pero quienes figuraban en esa lista habían cometido delitos de lo más absurdos. Wyatt había hecho algo mucho peor.

— ¿Dónde está Rafe esta noche? Creí verlo antes.

Ruby sintió que se le calentaba la sangre solo con oír su nombre.

— Pues…, eh… Acaba de dejarme aquí.

Macy siguió estudiando su rostro como si pudiera ver todo aquello que Ruby desearía hacerle a Rafe en cuanto hubiera terminado su turno.

— ¿Estáis saliendo de verdad?

Eso era lo que le había dicho a Lena, que estaban juntos. Sería mejor mantener la coherencia en sus mentiras. Sierra había vuelto a erguirse en su taburete, como si también le interesase mucho oír la respuesta.

— Pues… es… algo reciente.

— En mi opinión, es un buen tipo — contestó Macy con una sonrisa — . Un carpintero asombroso.

Ruby asintió con la mirada fija en el grifo mientras Macy tiraba la última cerveza con un penacho de espuma perfecto en lo alto.

— Y no puede decirse que sea feo — añadió con una sonrisa — . Si me interesasen las personas con pene, me pondría celosa.

—Me encantaría ver lo que es capaz de hacer con su tronco —comentó Sierra, dando un alegre trago a su copa.

Ruby se atragantó de la risa. Pero era agradable poder aliviar parte de la tensión del día. Relajó los hombros hasta que tuvo que levantar la bandeja llena de bebidas.

—Dios, Sierra, contrólate un poco.

La mujer le dedicó una sonrisa traviesa.

—¡Vive un poco, Ruby! Si a mí me siguiera un hombre así…

—Nadie quiere saber lo que harías —la interrumpió Macy, ahorrándole a Ruby y al resto del bar tener que escuchar lo que Sierra querría hacer con Rafe, o más bien hacerle a Rafe.

A Ruby se le ocurrían bastantes ideas.

Sierra se encogió de hombros y su blusa con estampado de leopardo acompañó el gesto resbalándole por el brazo.

—Solo digo que el hombre está para comérselo.

—Gracias por la aportación —dijo Ruby.

—No hay de qué. Y mantennos informadas. Nos gustaría vivir indirectamente a través de ti. — Le guiñó un ojo.

Ruby tuvo que contener una carcajada mientras se abría paso por el local abarrotado.

Por desgracia, sentados a la mesa adonde se dirigía estaban Trina, Kurt y compañía. Una manera infalible de ponerla de mal humor era interactuar con aquellos imbéciles.

— Gracias, Ruby — dijo Trina. Su sonrisa le pareció dulce como la sacarina cuando Ruby les sirvió las bebidas.

— No hay de qué.

— He oído que estás saliendo con el hombre nuevo del pueblo. — Trina lo susurró como si estuvieran compartiendo un secreto. Como si alguna vez lo hubieran hecho o fuesen a hacerlo.

— ¿Ah, sí? ¿Quién te lo ha dicho? ¿Sal? — Ruby señaló en dirección a la barra, donde Sal se hallaba deleitando a unos forasteros con su último encontronazo con un Pies Grandes. Sierra contribuía también con sus inapropiadas referencias a los pies grandes — . Es una fuente de total confianza.

El amigo de Kurt soltó una risotada por la nariz y Trina lo fulminó con la mirada. Kurt estaba demasiado ocupado estudiando a Ruby como para prestar atención.

— No deberías acercarte a él, Ruby — dijo él — . Tiene pinta de asesino en serie o algo así.

Trina se carcajeó como si Kurt estuviera contando un chiste, pero él no había dejado de mirar a Ruby. Aquella noche incluso la miraba a la cara en lugar de a las tetas, de manera que debía de hablar muy en serio.

— Pues te agradezco la preocupación. Me aseguraré de ir con cuidado y consultar contigo todas mis perspectivas de futuro.

— Anda, pero si acaba de entrar — canturreó Shreya como si siguieran en el instituto y no se hubiera enterado del propósito de la conversación.

Ruby se volvió para mirar y los ojos de Rafe la encontraron de inmediato entre la menguante multitud.

Su mirada voraz seguía todos sus movimientos como el depredador que era.

Ruby sabía la impresión que debía de transmitirles a sus antiguos compañeros de clase, con su corpulenta figura acechando entre las sombras del bar, siguiéndola con la mirada.

Presentaba un aspecto amenazante. Y en realidad así era, pero ella era incapaz de quitarle los ojos de encima.

— ¿Lo ves? — siseó Trina — . Parece un asesino psicópata.

— No sé — respondió Shreya — . Está bastante bueno.

Ruby abandonó la mesa de idiotas, que se enfrascaron en un de bate acerca de si Rafe parecía un exconvicto o un modelo de L. L. Bean.

Rafe no había entrado solo. Lena estaba agazapada detrás de él, y a Ruby se le alojó el pánico en la tripa. ¿Habría ocurrido algo? ¿Por qué la había llevado Rafe al bar?

— ¿Qué estáis haciendo aquí? — preguntó cuando ocuparon una mesa junto a la puerta.

— Tenía hambre — contestó Lena encogiéndose de hombros — . Y Rafe se ha pasado a buscar un abrigo por casa, así que le he pedido que me trajera.

Rafe no llevaba abrigo. Saltaba a la vista que había ido a ver cómo estaba Lena, cosa que provocó que su corazón hiciera un triple salto mortal.

— Espero que no te importe. — La voz de Rafe sacudió su cuerpo como un trueno.

— Claro que no — dijo ella con un nudo en la garganta — . Me parece fantástico. ¿Qué os pongo?

— Para mí solo unas patatas fritas — pidió Lena — . Pero muchas.

— Marchando.

Ruby no pudo evitar mirar a su hermana de arriba abajo y se dio cuenta de que no tenía buen aspecto.

Bajo los ojos tenía pronunciadas bolsas oscuras, y la trenza que le había hecho Ruby esa misma tarde se le había empezado a deshacer en torno a la cara.

Iba vestida con su chándal favorito, pero estaba lleno de arrugas y, en la pechera de la sudadera, alcanzaban a verse algunas manchas.

Sin saber cómo, a lo largo del día había vuelto a derrumbarse.

Y Ruby no podía seguir levantándola a todas horas.

Era como construir un castillo de arena en la orilla de la playa.

Ruby miró a su alrededor y no le gustó la idea de que otras personas vieran a Lena con aquel aspecto, no le gustó que pudieran pensar toda clase de cosas horribles sobre ella e inventar aún más mentiras.

El pie de Rafe golpeó suavemente el suyo. Cuando bajó la cabeza, él le sostuvo la mirada y asintió de forma sutil como si quisiera decirle que todo iba bien, que no ocurriría nada.

— ¿Lo de siempre? — le preguntó con un temblor en la voz provocado por la emoción.

— Vale — confirmó Rafe, manteniéndola aún presa de su mirada — . Lena y yo estaremos bien hasta que regreses.

Ruby asintió, obligándose a regresar a la cocina y pasar el pedido cuando lo único que deseaba era sentarse a la mesa junto a él y llorar contra su pecho a modo de agradecimiento.

Para cuando regresó, se sentía más tranquila, en especial cuando vio a Lena con la camisa de franela de Rafe, como si él hubiera reparado en la apariencia de su ropa y quisiera protegerla también de las miradas hirientes.

Se les habían unido Callie y Sawyer, y quizá aquello fue lo único que impidió que Ruby se abalanzara sobre Rafe para darle las gracias.

— ¡Ruby! — gritó Callie — . Lena nos estaba presentando a tu nuevo amigo, Rafe.

— Córrete — le dijo Ruby, y se sentó junto a ella en el banco — .

Sí, este es Rafe, me alegra que ya os conozcáis, ¡pero creo que lo verdaderamente importante aquí es esta reunión de antiguos alumnos del instituto!

Hola, Sawyer. — Y se inclinó hacia delante para saludar a Sawyer, sentado al otro extremo de la mesa.

— ¿Qué tal, Ruby? — contestó él sonriendo.

No había cambiado gran cosa en los diez años transcurridos desde su graduación.

El mismo cabello rubio trigueño, la misma sonrisa seductora.

Sawyer había sido siempre el chico mono de al lado, más el tipo de Callie que el de ella.

Ruby se alegraba de que hubiera vuelto, en especial desde que se acostaba con su mejor amiga y la hacía increíblemente feliz.

—¿Cuánto tiempo llevabas albergando sentimientos secretos hacia mi mejor amiga? —quiso saber.

—¡Ruby! —exclamó Callie, avergonzada, pero Sawyer se limitó a reírse.

—Probablemente desde que teníamos once años —contestó, y a Callie se le sonrojaron las mejillas.

—¡Lo sabía! —afirmó Ruby triunfante, sonriendo a Rafe, sentado frente a ella, pero su entusiasmo duró poco. Miró a Lena y, de inmediato, supo que estaba ocurriendo algo malo.