¿Dónde estás, lobo feroz? (Maple Hollow 1) Capítulo 21
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Capítulo 21

R afe corrió.

Corrió hasta que notó el fuego en los pulmones y el aroma de Ruby y del café fue sustituido por el olor a pino, tierra y hojas secas.

Corrió hasta que los árboles formaron una mancha uniforme y la tierra bajo sus patas casi logró borrar el tacto del suave cuerpo de Ruby bajo los dedos.

Pero no lo borró por completo. Y no había nada que impidiera que sus gemidos y gimoteos se reprodujeran incesantemente en su cabeza.

El viento en su pelaje no hacía sino recordarle a los dedos de Ruby enredados en su pelo, tirando de él, exigentes.

La había fastidiado. Había sucumbido cuando lo único que deseaba era protegerla. En especial de sí mismo, porque, por mucho que ella dijera, era un monstruo. Un hecho que le había quedado grabado para siempre.

Ay, si su padre pudiera verlo ahora, sufriendo por otra mujer humana. Se imaginaba la voz desdeñosa del viejo, sentía el arañazo de sus garras sobre la piel.

Desterró ese recuerdo de su cabeza y se obligó a correr más deprisa.

Había dejado atrás todo eso; en cambio, ahora sentía que esa fuerza lo atraía de nuevo.

Volvía a las peleas, a las exigencias de su padre, a su manada aislada y moribunda.

La manada que su padre se había negado a acercar al mundo moderno, dejándolos abandonados a su suerte en los lugares más remotos de Maine.

Rafe había dejado todo aquello, como el cobarde que era.

No permitiría que Ruby le hiciera olvidar las cosas que había hecho. La vida que había llevado. Averiguaría lo que deseaba Wyatt; entonces, regresaría a su cabaña y se olvidaría de Ruby. Ruby, que cuidaba de todo el mundo. Ruby, que creía que no tenía nada que temer.

Rafe permitió que su cerebro de lobo tomase el control, reduciendo su mundo a un conjunto de olores y sonidos: una familia de mofetas en un tronco cercano, una serpiente que se deslizaba bajo las hojas secas, el sol que le calentaba el lomo.

Sensaciones simples. Pensamientos simples.

Quizá debiera convertirse en lobo más a menudo.

No tardó mucho en llegar a la cabaña de Theo, al menos convertido en lobo. Atravesar el bosque corriendo era mucho más rápido y directo que conducir por las zigzagueantes carreteras secundarias.

Se transformó de nuevo en el descuidado jardín delantero y cogió algo de ropa del porche. Siempre dejaban algunas prendas por allí tiradas para momentos así.

Rafe era más corpulento que su hermano y la camiseta de manga corta que se puso se le ceñía al pecho. Echó un vistazo alrededor de la casa en busca de indicios de vida. La cabaña era similar a la suya, pequeña, aislada, con una vieja camioneta en la parte de atrás destinada a las visitas al pueblo.

Llamó a la puerta con los nudillos.

No hubo respuesta.

Volvió a llamar, más fuerte esta vez, y gritó «Theo» para asegurarse. No tenía tiempo que perder si quería regresar puntual para llevar a Ruby a trabajar en el bar.

Oyó ruido de pasos y algún improperio procedentes del otro lado de la puerta, antes de que Theo la abriese de un tirón y parpadeara para acostumbrar la vista a los rayos de sol.

—Joder —dijo mirando a Rafe con los ojos entrecerrados—. ¿Qué estás haciendo aquí?

Se hizo a un lado, frotándose con una mano la mandíbula cubierta por una barba de dos días, y dejó entrar a Rafe al tenue interior de la cabaña. Todas las cortinas estaban corridas para no dejar entrar la luz del día.

—Es más de mediodía. ¿Por qué seguías dormido?

Theo encendió la luz y le dedicó a su hermano una sonrisa torcida que Rafe imaginó que a mucha gente le resultaría encantadora. A él le resultaba irritante hasta el extremo.

—Anoche tuve compañía.

Rafe hizo una mueca.

— ¿Sigues tirándote a cualquier humana, ninfa y bruja en un radio de ochenta kilómetros?

En aquellos bosques y en los pueblos circundantes no escaseaban las criaturas hermosas y disponibles, y su hermano parecía conocerlas a todas.

Theo le dio una palmada en el hombro como si fueran colegas.

Nunca lo habían sido, ni siquiera antes de que su padre los enfrentara unos a otros.

Habían sido hermanos que peleaban, discutían, se pegaban y volvían loca a Nell.

En honor a la verdad, no todo había sido malo, pero Rafe elegía no recordar eso.

Entonces habría tenido que admitir todo aquello que había perdido.

Otra cosa más que su padre le había arrebatado.

—Ya sabes que no me tiro a las brujas. Desde que la última me echó un maleficio. —Se estremeció y caminó arrastrando los pies hasta la cocinita adyacente.

—No fue un maleficio. Les dijo a sus amigas que evitaran juntarse con un imbécil como tú —masculló Rafe.

La carcajada de Theo inundó la vivienda.

—Qué gracioso.

Theo siempre había sido el guapo, aquel a quien todas las mujeres de la manada mimaban cuando eran pequeños.

Se parecía a su madre, Nell. Sus ojos eran de un verde fantasmagórico igual a los de ella; su cabello, castaño oscuro y rizado si se lo dejaba crecer.

Ahora lo llevaba corto. Demasiado corto.

La cicatriz que le recorría la cara desde la sien hasta la mandíbula era demasiado visible.

—¿Dónde está Phoebe?

Aquello sirvió para borrar esa sonrisa engreída del rostro de su hermano.

—¿Y a ti qué te importa?

—¿Sabe que sigues acostándote con otras?

Theo apoyó las manos en la encimera que los separaba y le lanzó una mirada de advertencia.

—Eso no es asunto tuyo.

— No te saqué de la manada para que pudieras follarte a todo lo que se mueve. Pensé que Phoebe y tú…

Theo lo interrumpió dando un golpe con la mano en la encimera.

— No es asunto tuyo. No somos asunto tuyo.

Rafe le sostuvo la mirada, pero su hermano pequeño no se achantó.

Se trataba de una pelea que ya habían tenido antes.

Phoebe andaba cerca. Rafe veía su toque por todas partes.

Pero el idiota de su hermano seguía fingiendo que no era más que una amiga.

Menudo gilipollas. Aquel día, Rafe no tenía tiempo para esas bobadas.

— ¿Has venido hasta aquí solo para meterte conmigo? Te habría bastado con un simple mensaje. — La voz de Theo era un gruñido gutural.

En los viejos tiempos, se habrían transformado y llevado la discusión a la calle; sin embargo, ya no estaban en los viejos tiempos. Y, por mucho que le molestara, Rafe tenía teléfono móvil, pero era necesario que hiciera aquello en persona.

Se aclaró la garganta e ignoró la pregunta de Theo.

— ¿Has sabido algo de Knox?

La tensión no abandonó el cuerpo de Theo al pasar de un incómodo tema de conversación a otro, aunque su mirada perdió aquella actitud defensiva.

— No, claro que no. ¿Por qué?

— ¿Y has tenido noticias de alguien más de nuestra casa?

Theo abrió mucho los ojos. Se apartó de la encimera y se cruzó de brazos.

— Hablo con alguna gente. ¿Por qué te importa tanto la manada de pronto?

Rafe ignoró la súbita punzada de culpa que sintió al pensar en la gente a la que había dejado atrás.

— Creo que está pasando algo.

— Tendrás que ser un poco más específico.

Rafe estuvo a punto de soltar un gruñido. Ahora que había llegado el momento de hablar en voz alta sobre Ruby, le costaba hacerlo. ¿Cómo demonios iba a explicárselo a Theo?

— Han atacado a mi vecina.

— ¿A tu vecina? — preguntó Theo con una ceja levantada.

— Es una vecina que vive lejos — contestó Rafe tras aclararse la garganta.

— Vale, ¿y qué? Déjate de respuestas cortas y explícamelo si quieres mi puta ayuda.

¿Ayuda? ¿Quién había dicho nada de ayuda? Rafe se pasó una mano por el pelo y le vinieron a la cabeza los recuerdos de la noche en que atacaron a Ruby. Bueno, tal vez sí le viniese bien un poco de ayuda.

— A mi vecina la atacó un lobo. Un imbécil llamado Wyatt. Un Highlander. Si no hubiera estado yo allí… — Tuvo que aclararse de nuevo la garganta porque el pánico de aquella noche le estaba cerrando la tráquea — . Pero estaba allí. En esa ocasión. Y tengo que entender por qué.

En algún momento había empezado a caminar de un lado a otro y el gesto burlón de Theo había ido aumentando conforme hablaba.

— ¿Y quién es esa vecina, exactamente? ¿Una dulce ancianita? ¿Una mujer casada y con unos hijos preciosos?

— Da igual quién sea. Están en peligro. — Apretó tanto las muelas que se hizo daño en la mandíbula.

Theo sonrió con suficiencia y se encogió de hombros, llevándose la taza a los labios.

— Quizá fuese solo un lobo en busca de diversión.

— Esa clase de diversión ya no está permitida.

Otro enervante encogimiento de hombros por parte de su hermano.

— No me digas que de vez en cuando no te apetece perseguir a una chica por el bosque, Rafe. Derribarla sobre la tierra, sujetarla…, todo consentido, por supuesto. — El muy imbécil le guiñó un ojo.

— Cierra la puta boca.

La carcajada de Theo le hizo pensar que quizá su padre tuviera razón. Quizá debería haber matado a su hermano cuando tuvo la oportunidad.

— Da igual. Está claro que no sabes una mierda.

— ¿Qué te hace pensar que no se trata de un simple incidente aislado?

La pregunta de Theo le hizo detenerse en seco con una mano en la puerta.

Estaba claro que no se trataba de un incidente aislado.

Wyatt aparecía a todas horas. Si a eso le sumaba las visiones de Lena, o sus episodios o como quisieran llamarlo, tenía que significar algo.

No podía ser casualidad que Ruby resultara atacada y su hermana tuviera alguna especie de poder. Pero ¿sería sensato confiárselo a Theo?

Se dio la vuelta para mirar de nuevo a su hermano. De su rostro se había borrado la mueca de suficiencia; en su lugar, se apreciaba ahora la verdadera curiosidad.

— Su hermana tiene visiones — le explicó con un suspiro — . Me da la impresión de que podría estar relacionado.

— ¿Es vidente?

Entonces fue Rafe quien se encogió de hombros.

No tenía ni idea de lo que le ocurría a Lena.

Hacía décadas que no se tenía constancia de la existencia de ninguna vidente.

Al menos, nadie de quien la gente hubiera oído hablar.

Pero, si era cierto que poseía el poder de la clarividencia, sin duda sería algo que despertaría el interés de la gente.

Quizá hasta el punto de que alguien estuviera dispuesto a causar daño con tal de hacerse con ello.

El poder de ver el futuro, ¿quién no desearía algo así?

— Mierda. Eso es una pasada.

— Sí, bueno, si te enteras de algo dímelo. — Rafe se movió inquieto, haciendo sonar bajo su peso los viejos listones de madera del suelo — . Cualquier cosa de Knox o de la manada de los Highlanders o lo que sea. Cualquier cosa, me avisas.

Theo asintió y frunció el ceño en señal de concentración.

—Sea lo que sea, dudo que Knox tenga algo que ver, tío.

Rafe sintió un hormigueo en la piel. Lo último que deseaba era escuchar a Theo defender a su hermano mayor.

—He oído que ha hecho mucho por la manada —prosiguió Theo.

—Sí, seguro —contestó Rafe con un resoplido desdeñoso—. Puedes volver arrastrándote cuando te apetezca.

—Que te jodan, Rafe —le espetó Theo con un gruñido gutural que le salió del pecho.

—Lo mismo digo.

Salió por la puerta y volvió a transformarse antes de que le diese tiempo a pensar en lo mucho que deseaba estrangular a su hermano pequeño y en lo mucho que le cabreaba haberse molestado en salvarle la vida si no iba a hacer nada provechoso con ella.

Otra agradable visita y seguía sin haber logrado nada.