Capítulo 20
R uby se despertó y encontró el otro lado de la cama caliente pero vacío, y captó el aroma a beicon que subía por las escaleras.
Se estiró y miró por la ventana. El cielo seguía encapotado con nubarrones oscuros.
Ráfagas de viento agitaban los árboles medio desnudos.
No había lobos gigantes en el jardín, de forma que dio por hecho que sería Rafe quien estaría preparando el desayuno.
A estas horas, Lena ya habría reducido la casa a cenizas.
Se planteó quitarse el pijama y vestirse antes de reunirse con Rafe en la cocina, pero él ya la había visto con los pantalones cortos con estampado de mariposas y la enorme camiseta de manga corta de David Bowie que se ponía todas las noches para dormir.
¿Por qué molestarse entonces? Además, se moría de hambre y el desayuno olía de maravilla.
Asimismo, era normal que los novios de mentira y compañeros de piso temporales te vieran en pijama, ¿no?
—Buenos días —murmuró tras aclararse la garganta, sin apartarse de los fogones.
—Eh, buenos días. —Ruby entró en la cocina, se hizo con su taza favorita del armario y se sirvió un poco de café.
No recordaba la última vez que se había despertado con café recién hecho por otra persona. Probablemente nunca.
Rafe siguió removiendo los huevos en la sartén y dando la vuelta al beicon chisporroteante, de manera que Ruby ocupó un asiento a la mesa.
Se cruzó de brazos. A continuación los descruzó.
La camiseta se le deslizó de nuevo por el hombro y volvió a levantársela.
Quizá podría haberse puesto al menos un sujetador.
Dios, iba prácticamente desnuda. Por algún motivo, no le había concedido importancia a aquello mientras Rafe era un lobo, en cambio ahora, teniendo en su cocina a un Rafe muy humano, de pronto fue consciente de cada centímetro de piel desnuda. Por parte de ambos.
Se soltó el pelo y dejó que le cayera por la espalda, pero le entró calor al instante y volvió a recogérselo. Tamborileó con los dedos sobre la mesa, dio un sorbo al café, se quedó mirando por la ventana. ¿Qué demonios hacía una mientras otra persona le preparaba el desayuno?
No tenía idea de cómo gestionar la situación.
De forma que siguió moviéndose inquieta y lanzándole miradas encubiertas a Rafe mientras este cocinaba.
Aquel día llevaba el cabello recogido en un moño bajo a la altura de la base del cráneo, dejando a plena vista las duras facciones de su rostro.
Estaba recién afeitado y vestía únicamente el delantal y unos vaqueros gastados.
Se desenvolvía con soltura en la cocina, sirviendo los huevos en platos, untando de mantequilla el pan tostado y retirando el beicon de la sartén.
Daba la impresión de que siempre hubiese estado allí.
Ruby pestañeó y se recolocó en la silla, incómoda de pronto al reparar en lo a gusto que se sentía junto a aquel hombre.
Le sorprendía la rapidez con que había sucedido.
Rafe agarró un plato con cada mano, dejó uno delante de Ruby y a continuación se sentó en la silla ubicada frente a ella.
—Gracias por el desayuno. No tenías por qué.
—Si de verdad estuviésemos acostándonos juntos, lo habría hecho — contestó él encogiéndose de hombros.
Ruby inspiró demasiado rápido al imaginar a Rafe tumbado en la cama encima de ella y se atragantó con un trozo de huevo cocinado a la perfección.
— ¡Ajj! — Tosió y escupió.
Rafe se levantó de un brinco, haciendo tintinear las tazas de café, y empezó a darle fuertes palmadas en la espalda.
Ruby le hizo un gesto frenético con la mano para que se apartara, pues sus firmes golpes no hacían sino contribuir al aleteo errático de su corazón y a la obstrucción de sus vías respiratorias. Rafe retrocedió, aunque siguió mirándola con el entrecejo arrugado hasta que ella por fin dejó de toser.
— Estoy bien, estoy bien — dijo entre bocanadas de aire — . En serio. Es que se me ha ido por otro lado.
Sin apartar los ojos de ella ni un instante, como si fuese a morirse de un momento a otro, Rafe volvió a ocupar su silla.
— ¿Seguro que estás bien?
Ruby le sonrió para calmarlo y se metió más huevos revueltos en la boca. Vaya, qué esponjosos estaban.
— Sí. De maravilla.
Él enarcó una ceja.
— En serio. Estoy bien.
Rafe asintió y se tragó un pedazo de beicon, seguido de una enorme pinchada de huevos y un mordisco de tostada que acabó casi con la mitad de la rebanada.
Su nuez se movió arriba y abajo al dar un trago al café.
Ruby recorrió con la mirada la columna de su cuello hasta llegar a la sombra de vello oscuro que asomaba por encima del delantal.
Clavó los dedos al borde de su silla cuando recordó a Rafe abrazándola en la lavandería.
Le había resultado muy grande, robusto y protector.
No había vuelto a tocarla desde entonces. Al menos, en su forma humana.
Rafe se aclaró la garganta y, cuando Ruby levantó la cabeza, lo vio sonriendo con suficiencia y un brillo tumultuoso en sus ojos plateados bajo la luz matutina. Sintió un calor que le subía por el cuello. Pillada.
— Nadie me prepara nunca el desayuno —comentó, tirándose de la camiseta para volver a cubrirse el hombro.
—Ya lo sé.
—¿Cómo puedes saber eso? —le preguntó mientras un escalofrío de pavor le trepaba por la espalda. ¿Habría estado espiándola también en casa?
Rafe se encogió de hombros y se arrellanó en su silla; había terminado ya hacía rato su desayuno.
—Lo he dado por hecho.
Ruby se quedó mirándolo hasta que por fin continuó.
—Cuidas de todo el mundo. Eso salta a la vista de inmediato. —Le sostuvo la mirada—. Ya era hora de que alguien cocinara para ti.
Ruby puso los ojos como platos. ¿Por qué Rafe había dicho eso en voz alta? ¿Por qué había insinuado que debía ser él quien cuidara de ella? Dios, qué idiota era.
Se puso en pie demasiado rápido e hizo que tintinearan nuevamente los platos.
Recogió sus cacharros vacíos y los llevó al fregadero, dejando a Ruby mirándolo confusa.
Tenía que llegar al fondo del asunto relacionado con Wyatt y la manada de los Highlanders; además, tenía que hacerlo cuanto antes. Y, después, alejarse de Ruby.
—Hoy voy a ver a mi hermano. — No era más que un plan desdibujado, pero le salió de la boca como si fuera una orden.
— ¿A tu hermano?
Ruby lo había seguido hasta la cocina y ahora se hallaba apoyada contra la encimera, con la taza de café entre las manos. En el lateral de la taza, escrito en letras de un rosa chillón, se leía: «Lárgate, estoy leyendo». Contuvo una sonrisa.
— Sí, quizá él tenga alguna idea de lo que está pasando.
Lo cierto era que Rafe tenía muy poca confianza en que su hermano pequeño, Theo, supiera algo, pero tenía que salir de allí y hacer algo que, al menos, se le antojara remotamente útil.
Se había sentido demasiado cómodo con Ruby.
Era hora de abandonar aquella falsa sensación de felicidad doméstica. No estaba hecho para esa mierda.
— No salgas de casa mientras no estoy. Volveré antes de que empiece tu turno. — La miró por el rabillo del ojo.
Rafe seguía mirando hacia el fregadero, con las manos apoyadas a ambos lados del mismo, como si aquella pieza de fontanería pudiera salvarle de todas las cosas que deseaba hacer en aquel momento.
A Ruby se le había resbalado de nuevo la camiseta por el brazo, dejando al descubierto la curva de su hombro, la suave línea de su cuello, el hueso de la clavícula justo debajo de su delicada piel.
Llevaba toda la mañana evitando mirarle los pechos y había supuesto un esfuerzo hercúleo.
Permitió ahora que su mirada siguiera bajando sobre la silueta de sus tetas bajo la suave tela de la camiseta.
Y más abajo aún, donde sus generosos muslos hacían que los diminutos pantalones cortos que vestía parecieran todavía más pequeños.
Maldita sea. Apretó los dientes con tanta fuerza que se hizo daño en la mandíbula.
Por esa razón dormía transformado en lobo.
Ruby dejó su taza sobre la encimera y se giró para mirarlo, llevándose las manos a las voluptuosas caderas. Joder. Quizá lo mejor fuera transformarse y salir corriendo de allí. Ella jamás lo alcanzaría.
— No. Ni hablar. — Se acercó más a él — . Sé sincero conmigo.
— Nada de lo que he dicho esta mañana es mentira.
Se acercó otro paso más. El olor a canela y café se le metió por la nariz.
— Puede que no hayas mentido, pero no me has contado nada. ¿Y ahora vas a largarte a emprender una de tus misiones y a dejarme aquí sin tener idea de lo que está pasando? Qué va. Ni hablar.
Rafe dejó escapar un grave gruñido de advertencia, pero Ruby no se achantó. De hecho, se acercó aún más.
— De acuerdo — masculló él — . ¿Qué deseas saber?
— En primer lugar — dijo Ruby con una sonrisa — , ¿quién es tu hermano?
Levantó un dedo delante de él y Rafe tuvo que hacer un gran esfuerzo por no metérselo en la boca y recorrer su piel sensible con los dientes.
— Se llama Theo. Es mi hermano pequeño.
Ruby enarcó una ceja a la espera de algo más.
Rafe no tenía nada más que decir. Theo era su hermano pequeño.
Lo había visto solo de manera esporádica durante el último año.
Theo era un golfo malcriado que se pasaba la vida follándose a mujeres a las que apenas conocía y eludiendo cualquier responsabilidad.
Rafe fue quien hizo que esa vida fuera posible para Theo tantos meses atrás, y le cabreaba pensar que su hermano hubiera escogido desperdiciar esa segunda oportunidad.
Sin embargo, todo aquello se le antojaba ahora irrelevante.
— ¿Y sigue con tu manada? — preguntó Ruby, tratando de sacarle más información. Se había mostrado muy tacaño al respecto, apenas compartía historias sobre sí mismo, mientras que ella había ido abriéndose cada día un poco más.