¿Dónde estás, lobo feroz? (Maple Hollow 1) Capítulo 12
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Capítulo 12

–P or el amor de Dios, ¿qué está…?

Ruby deseaba poder tener una respuesta a la pregunta susurrada de su hermana, pero se hallaba tan desconcertada como Lena. Quizá incluso más. La noche anterior había arrastrado a un lobo herido hasta su garaje y ahora, en su lugar, había un hombre.

Un hombre completamente desnudo.

Un hombre desnudo que le resultaba muy familiar.

—Shhh —dijo Ruby entre dientes.

—¡Ruby! ¡¿Qué narices?! —Su hermana casi había empezado a gritar.

—¿Qué estás haciendo tú aquí? —Ruby se frotaba aún los ojos por el sueño.

Había conseguido dormir un total de tres horas antes de oír el grito sobresaltado de Lena procedente del jardín de atrás.

Había salido dando tumbos, descalza, con la misma ropa con la que se había quedado dormida y el pelo alborotado, y se había encontrado a su hermana en albornoz haciendo aspavientos en dirección al garaje y exigiendo saber qué estaba pasando.

Resultaba agradable ver a Lena levantada y con energía, pero Ruby se habría ahorrado aquel episodio de histeria matutina.

Cuando se volvió para mirarla, vio los ojos claros de Lena desencajados.

—Estaba buscando la vieja gofrera y pensé que quizá estuviera aquí fuera.

—¡Ay! —A Ruby se le iluminó la cara — . ¿Ibas a preparar gofres?

— ¡Ruby! ¡Esa no es la cuestión! ¿Qué está pasando? ¿Quién es ese? ¿Qué deberíamos hacer? — Su hermana iba alzando más la voz con cada pregunta.

Ruby volvió a mandarla callar. Tenía que pensar en algo antes de que el hombre se despertara.

— No lo sé — admitió, caminando de un lado a otro desde el garaje al porche.

Su hermana retorcía el cinturón del albornoz entre los dedos.

— ¿Llamamos a la policía? ¿Pedimos una ambulancia? Está sangrando. — Lena contempló las manchas de sangre que salpicaban la hierba y un intenso rictus de horror atravesó su rostro.

Después de que Callie se marchara la noche anterior, Ruby había logrado llegar hasta el salón y se había desplomado sobre el sofá, pensando que por la mañana llamaría al veterinario o al Control de Animales.

Salvo que ahora, en lugar de un lobo herido, tenía a un hombre herido. Una mañana de sábado de lo más normal.

— Nada de policía. Lo conozco.

— ¿Lo conoces? — Lena enarcó las cejas hasta el nacimiento del pelo.

Ruby asintió, tratando de adoptar un tono desenfadado, como si tener a un hombre desnudo tumbado en su garaje fuese algo habitual en el hogar de las Bellerose.

—No es que lo conozca bíblicamente. Pero sí, es un… amigo.

—¡Dios mío, un momento! ¿Es el tipo del bar? ¿El leñador?

—No es leñador.

—¡Me da igual lo que sea! ¿Qué hace desnudo en nuestro garaje? —Lena aguardó con la mirada clavada en Ruby. Ya antes de sus extraños episodios, su hermana siempre había sido capaz de leerle el pensamiento.

Ruby no tuvo tiempo de inventarse una mentira, que además Lena no se creería, antes de que un gemido procedente del garaje pusiera un fin abrupto a la conversación.

Ambas se asomaron por la ventana y vieron a Rafe todavía tendido en toda su gloria delante del cortacésped como si fuera una especie de mesa de jardinería erótica.

La idea de utilizar los impresionantes abdominales de Rafe para replantar las begonias de su tía le provocó a Ruby un ataque de risa histérica.

Él volvió a gemir y se pasó una mano por la cara.

Flexionó los músculos del brazo con el movimiento y su vientre se tensó al volver a gemir; si bien una parte del cerebro de Ruby seguía intentando entender qué estaba pasando allí, la otra mitad se detuvo un instante para apreciar a la criatura que tenía delante.

Ya sabía que era grande, pero, en los confines de su diminuto garaje, parecía enorme. Un vello oscuro le cubría el ancho pecho y descendía sobre sus abdominales hasta su… Dios bendito. Ruby tuvo que apartar la mirada. Estaba dormido, santo cielo. No era tan pervertida.

Aunque no había muchos sitios a los que mirar que no hicieran que se le sonrojaran las mejillas.

Las demás veces que lo había visto había sido bajo la luz penumbrosa del bar, en cambio ahora el sol entraba a raudales por las ventanas y bañaba la piel bronceada de Rafe.

El cabello, que hasta entonces le había parecido negro, era en realidad de un marrón chocolate y le rozaba los hombros.

Ruby dobló los dedos al recordar hundirlos en el denso pelaje del cogote del lobo.

Él seguía con los ojos cerrados, pero Ruby recordó su mirada plateada.

Una barba oscura de varios días le cubría la cara y tenía la boca fruncida en una mueca de dolor.

Dolor. Cierto. Estaba herido y ella babeando mientras lo miraba.

Seguía teniendo el hombro ensangrentado; sin embargo, por algún motivo, no tenía tan mal aspecto como la noche anterior.

La carne parecía haberse unido de nuevo y, salvo por algunas marcas de dientes y unos moratones, tenía bastante mejor pinta. ¿Cómo…?

Rafe volvió a agitarse y abrió lentamente los ojos con otro grave gemido. Junto a ella, Lena se puso tensa, retorciendo aún el cinturón de su albornoz. Ruby lo vio darse cuenta poco a poco de dónde estaba. Desde el suelo, las pilló mirándolo.

—Mierda. —Dejó escapar un largo suspiro, sin molestarse aún en incorporarse o en cubrir parte alguna de su llamativa anatomía.

Él mantuvo la mirada clavada en la de Ruby, que se aferró al alféizar de la ventana como si su vida dependiera de ello, aliviada de que aquello sirviera de barrera entre ellos. En ese momento necesitaba todos los escudos posibles.

Lena, por el contrario, no tuvo tantos reparos. Abrió la puerta lateral y le arrojó una de las viejas mantas de pícnic que guardaban apiladas junto a la entrada. Rafe la atrapó con el brazo bueno y se la echó sobre el regazo mientras, muy despacio, intentaba incorporarse.

—Perdón. Eh… Enseguida me marcho y os dejo tranquilas.

Ruby dejó escapar una risa ahogada y Lena la miró como si hubiera perdido el juicio. Seguramente así fuera.

—No vas a ninguna parte. —Se reunió junto a su hermana en el umbral.

Rafe enarcó una ceja.

— Tengo preguntas que hacer.

— Sí, yo también — agregó Lena, mirándolos alternativamente a Rafe y a ella como si tuviera preguntas para ambos — . Pero primero voy a buscarte algo de ropa.

Volvió a entrar apresuradamente en casa mientras miraba por encima del hombro y le lanzaba a Ruby una mirada penetrante. Y a ella le recor dó tanto a la manera en que solía mirarla su tía Millie cada vez que se metía en un lío cuando era niña que estuvo a punto de reírse.

Desde luego estaba metida en un buen lío.

Dio un pequeño paso hacia el interior y Rafe esbozó una sonrisa. Se ciñó la manta en torno a la cintura y consiguió sentarse con cuidado en una vieja silla de jardín.

— ¿Qué narices está pasando? — le preguntó ella entre dientes aprovechando que Lena no podía oírla — . Anoche arrastré hasta aquí a un lobo, uno con la misma herida que tienes tú, y ahora… — Agitó una mano en dirección a su cuerpo desnudo y musculoso.

Rafe la observó, demorando la mirada sobre sus pies descalzos. Ella metió uno debajo del otro, como si así pudiera esconderlos. Él alzó los ojos de nuevo hasta los suyos y suspiró.

— Era yo.

— ¿Que eras tú? ¿El lobo?

— Sí.

Ruby se pellizcó con fuerza debajo del brazo.

— Ay, maldita sea.

— ¿Por qué has hecho eso?

— Para asegurarme. — Se frotó el brazo, ignorando la pequeña sonrisa que se dibujó en los labios de Rafe — . Así que el lobo eras tú y este eres tú, entonces eso te convierte en… — Se sentía incapaz de decirlo. Aquello resultaba demasiado absurdo.

— Eso me convierte en un hombre lobo. — Rafe hizo una mueca de dolor, como si decirlo en voz alta le causara malestar; aun así, le sostuvo la mirada.

— Dios bendito.

La risa de Rafe le recordó tanto al sonido que hiciera el lobo la noche anterior que estuvo a punto de caerse de culo.

Se pasó las manos por el pelo, peinándoselo con los dedos para después retorcerlo.

Rafe observaba cada uno de sus movimientos como si fuera la criatura más interesante que hubiera visto jamás.

Ella sintió que se le ponía el vello de punta y un intenso calor crecía dentro de su vientre.

— Aquí tienes. — La voz de Lena rompió la súbita tensión generada en la estancia.

Le lanzó a Rafe unos pantalones de chándal y una camiseta, al parecer sin querer acercarse lo bastante a él como para entregárselos en mano.

La ropa debía de haberla dejado allí el último novio de Lena.

Por desgracia, su hermana ya había estado practicando con esas prendas su último pasatiempo y la camiseta lucía ahora un psicodélico diseño de tie-dye y el agujero que tenían los pantalones en la rodillera había sido remendado con un vistoso y colorido hilo de bordar.

Incluso en mitad de aquel caos, Ruby estaba deseando ver a Rafe vestido con ese conjunto.

Lena los miró alternativamente.

— Voy a preparar café. ¿Alguien quiere?

— Sí. Mucho — contestó Ruby con gesto afirmativo.

Rafe abrió la boca, pero Ruby no le dio oportunidad de responder.

— Él también tomará una taza. Todavía tenemos cosas de las que hablar.

— Soy Rafe, por cierto — le dijo él a Lena con una sonrisa avergonzada — . Gracias por la ropa.

—Lena. Encantada de conocerte.

Así era su hermana, educada incluso en las circunstancias más rocambolescas. Le lanzó a Ruby otra mirada inquisitiva antes de volver a entrar en la cocina, pero en aquel momento Ruby aún no tenía respuestas que ofrecerle. Al menos, respuestas que no le hicieran quedar como una completa lunática.

Desvió la mirada de nuevo hacia Rafe y se preguntó qué decir a continuación.

¿Por dónde demonios empezar?