¿Dónde estás, lobo feroz? (Maple Hollow 1) Capítulo 9
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Capítulo 9

L as noches de los sábados en el bar eran las que menos le gustaban a Ruby.

Suponían que acudiera allí todo el pueblo, incluso su hermana, que se hallaba sentada a una mesa con Callie.

Tom, Gil y Kev ocupaban su mesa habitual, apostando sobre el resultado de los partidos de fútbol americano del fin de semana.

Sierra estaba ocupada flirteando con Bert, asegurándole que seguía siendo atractivo, aunque solo tuviera una rodilla buena.

Y Trina y Kurt se encontraban enfrascados en una acalorada discusión acerca de algo que probablemente sucediera más de una década atrás.

Una noche bastante tumultuosa, aunque Ruby no paraba de desviar la atención hacia su hermana.

Deseaba tenerla vigilada. Lo último que quería era que Lena sufriera uno de sus extraños episodios en mitad del local para que todo el pueblo lo presenciara y confirmase sus teorías más descabelladas.

Hasta el momento todo parecía normal. Lena y Callie se reían mientras bebían y todo volvía a ser como en los viejos tiempos.

Ruby consultó el reloj de pared situado sobre los estantes de las botellas de licor. Era más de medianoche. La última ronda los fines de semana se servía a la una. Ya casi había terminado.

Los gritos y las risas procedentes del rincón del fondo le hicieron apartar la atención de su hermana.

Los forasteros sentados a una mesa habían bebido de más y se mostraban más ruidosos conforme pasaban los minutos.

Por lo que pudo deducir Ruby, los chicos habían ido de acampada y pasarían allí solo el fin de semana.

Eran jóvenes y estúpidos, y confiaban demasiado en su capacidad para tolerar el alcohol.

Ruby captó la mirada de Macy desde el otro lado del bar.

Era hora de cerrarles el grifo o de lo contrario serían incapaces de regresar dando tumbos a sus tiendas de campaña, sus cabañas o lo que fuera que constituyera su alojamiento.

Les puso un par de vasos de agua a dos tipos particularmente achispados y estos le dedicaron sendas sonrisas ebrias.

Los otros dos se habían levantado para jugar a los dardos.

Sin mucho éxito, a juzgar por lo que Ruby veía.

—No hemos pedido agua. —El tipo parecía el villano de una película de la década de los ochenta. Pelo rubio, dientes perfectos, polo y demasiada colonia.

A Ruby casi le dieron arcadas. En su lugar, sonrió con dulzura y respondió:

—Bebéosla o por la mañana os encontraréis todavía peor.

—Yo me sentiría mejor por la mañana si te vinieras a casa conmigo. —Blaine, decidió que debía de llamarse, o quizá Chad, sonrió a su amigo como si acabara de hacer un comentario ingenioso.

Su amigo se rio con disimulo.

A Ruby le dieron ganas de decirle que no creía que se le fuese a levantar en su estado actual, pero necesitaba las propinas, así que no lo hizo.

Le dolía la cara de sonreír.

— Qué mono — comentó — . Pero no, gracias.

Blaine entrecerró los ojos y se acercó más a ella sentado en el banco.

Pero Ruby no le prestaba ya mucha atención.

Se había producido una alteración. El aire del bar había cambiado.

Notó un cosquilleo en la nuca. Habría apostado su vida a que Rafe se encontraba allí y la estaba observando; sin embargo, no se volvió para comprobarlo.

— Ay, vamos, creo que nos lo podríamos pasar bien juntos — estaba diciendo Blaine — . Tienes pinta de que te gusta pasarlo bien, Lena.

A Ruby le entraron ganas de poner los ojos en blanco, para contener el impulso tuvo que cerrarlos.

Pero, un momento, ¿acababa de llamarla Lena?

¿Cómo sabía el nombre de su hermana? Y fue entonces cuando ese cabrón borracho le subió la mano por la falda y le agarró el culo, dejándola sin tiempo para meditar sobre ese pequeño misterio.

Ruby no sonrió entonces. No pensó.

Deslizó la bota por la espinilla del tipo y le dio un pisotón tan fuerte en el pie que el hombre gritó como el niño inmaduro que en realidad era.

— ¡Mierda! ¡Qué dolor! — se lamentó — . Pensé que podríamos hacer esto por las buenas, pero ahora lo has complicado todo.

Él se estaba poniendo en pie mientras le gritaba a la cara, pero Ruby no retrocedió. Ya sabía lo que se encontraría si hacía eso. Percibía su sólida presencia como un muro a su espalda, inmóvil y lleno de rabia.

El amigo de Blaine fue el primero en ver a Rafe y puso los ojos como platos. Se aclaró la garganta, pero Blaine no le prestó atención. Estaba demasiado ocupado mirando a Ruby como para reparar en el hombre que tenía detrás.

—Estaba intentando ser amable —le decía—. Pensé que podíamos echarnos una mano el uno al otro. ¿Entonces vas y me agredes?

Ruby estuvo a punto de reírse. ¿Echarse una mano con qué? No deseaba nada de aquel tipo.

El hombre al fin interrumpió su diatriba el tiempo suficiente para alzar la mirada hacia la sombra que acechaba detrás de Ruby. Lo que fuera que vio allí le hizo ponerse pálido. Ruby apenas fue consciente del hecho de que el bar al completo había quedado sumido en el silencio.

—Tienes exactamente sesenta segundos. —La voz de Rafe nunca le había parecido menos humana. Fue más bien un gruñido animal.

Le provocó escalofríos en los brazos.

—¿Sesenta segundos para qué? —preguntó Blaine, sacando pecho, porque hay chicos que nunca aprenden.

Rafe se inclinó hacia delante y pegó su cuerpo sólido a la espalda de Ruby.

—Tienes una ventaja de sesenta segundos antes de que vaya a por ti y te despedace un miembro detrás de otro.

Blaine desencajó la mirada y una gota de sudor le cayó por la frente.

—¿Así es como va a ser?

— La cuenta atrás ha comenzado — gruñó Rafe.

Ruby sintió el roce de su aliento en el cuello.

El amigo de Blaine arrojó unos billetes sobre la mesa.

— Vámonos, tío — dijo — . No merece la pena. Ya lo intentaremos de otra forma.

¿Intentar de otra forma acostarse con una mujer sin necesidad de agredirla? Bien por ellos. ¡Cuánto progreso!

— Más vale que sea una buena propina — agregó Rafe.

El amigo sonrió con suficiencia y lanzó sobre la mesa un par de billetes más. Ruby se mordió el labio inferior. No se reiría hasta que se hubieran ido.

Los otros dos hombres abandonaron su partida de dardos y los siguieron hacia la puerta, evitando a Ruby cuando pasaron por delante. Sin embargo, y a juzgar por cómo miraban a Rafe, le dio la impresión de que se conocían unos a otros.

Pero ¿cómo era posible que Rafe conociera a aquellos turistas fortuitos?

— ¡Y no os molestéis en volver! — gritó Macy desde detrás de la ba rra.

— ¡Eso! — exclamó Sal.

— Como si tú fueras a ayudar en algo — le espetó Macy.

— Estaba a punto de hacerlo cuando ha aparecido el grandullón. Parecía que se las apañaba bien solo.

Ruby dio rienda suelta a las carcajadas apoyándose contra el pecho firme de Rafe. Notó su respiración entrecortada junto a su oreja, y el resto de la conversación entre Macy y Sal se fundió con el ruido ambiente. Se volvió para mirar a Rafe y encontró en sus ojos un brillo oscuro y peligroso.

Parecía decidido a perseguir a ese hombre y cumplir sus amenazas.

— No puedes perseguirlos.

Le vio apretar la mandíbula.

— Lo digo en serio, Rafe. No puedes hacerles daño. — Lo agarró por los brazos y apretó, tratando de hacer que volviera en sí — . No es para tanto. Déjalo correr.

— Te ha puesto las manos encima — argumentó él tras soltar un largo suspiro entrecortado.

— No es para tanto. Para eso están las botas. — Le dedicó una sonrisa con la esperanza de aliviar la tensión, pero no funcionó. Aún parecía tener ganas de matar — . Venga, siéntate. Te traeré algo de beber.

Rafe pareció estar a punto de protestar, o de echar abajo el bar, pero acabó por sentarse en el banco.

— No vayas a ninguna parte — le dijo Ruby antes de correr a servirle una cerveza y pedirle al cocinero que echara una última hamburguesa a la parrilla.

Callie la agarró y la arrastró hacia su mesa antes de que pudiera hacer ninguna de esas cosas.

— ¿Quién narices es ese? — preguntó.

— Un turista, supongo.

Callie puso los ojos en blanco y dijo:

— Sabes de sobra que no me estaba refiriendo a él.

— Eso — convino Lena con una carcajada — . Es evidente que se refiere al leñador gigante que acaba de rescatarte de ese imbécil.

Ruby miró hacia atrás por encima del hombro en dirección a donde aguardaba sentado Rafe, que en ese momento se miraba las manos y echaba chispas por los ojos. Tenía los puños apretados sobre la mesa y a ella le dio un poco de miedo que se estuviera imaginando estrangulando a Blaine.

— ¿Podríamos llamarlo rescate? — preguntó, devolviendo su atención a las chicas — . Yo tenía la situación bajo control.

— ¡Te estás centrando en lo menos importante! ¿Quién es ese hombretón taciturno y de dónde narices ha salido? — preguntó Lena con las mejillas sonrosadas por la risa y la bebida.

Eran preguntas excelentes, no cabía duda, y a Ruby le hubiera gustado tener más respuestas, pero más allá de que Rafe era del Condado, aunque nuevo en Maple Hollow, y de que le gustaban las hamburguesas poco hechas, apenas sabía nada de él.

Ah, también que se le erizaba el vello de los brazos cada vez que la miraba y que, desde que se habían conocido, fantaseaba con él de forma constante e inapropiada.

Su amiga y su hermana aguardaban expectantes, pero no pensaba contarles nada de eso.

— Es Rafe. Va a hacer unas mesas nuevas para el bar, así que ha venido unas cuantas veces, y es un feminista enfervorecido. Ese tipo se ha pasado de la raya y Rafe no ha podido soportarlo.

—¿Así que parecía querer asesinar a ese tipo por una cuestión de principios feministas? —preguntó Callie con incredulidad.

—Exacto.

Lena se rio con tal fuerza que resopló por la nariz.

—Qué curioso, ¡porque yo habría jurado que lo ha hecho porque quiere llevarte a la cama!

Ruby se puso roja de vergüenza, pero no se permitiría caer en las provocaciones y burlas de aquellas dos. Oficialmente, iba a cerrarle el grifo a su hermana.

—No —contestó negando con la cabeza—. No era eso para nada.

—Me alegra saber que sigues siendo una pésima mentirosa —anunció Callie apuntándola con una patata frita.

—Eres tú la que va por ahí vestida con una camisa de franela de hombre — contraatacó Ruby — . ¿A qué se debe eso?

Callie se metió la patata en la boca.

— Nunca he mentido acerca de esta camisa. Lo que pasa es que no me has preguntado al respecto.

— ¡Porque te mostrabas muy misteriosa!

— No me mostraba misteriosa.

— Yo sé a quién pertenece la camisa — susurró Lena en voz tan alta que la mitad del bar alcanzó a oírla.

Ruby volvió a mirar por encima del hombro. Rafe seguía allí, aunque no sabía cuánto tiempo más aguantaría.

— Ahora mismo no tengo tiempo de ponerme a hablar de tus secretos. Algunas estamos intentando trabajar.

A Lena se le borró la sonrisa de inmediato y Ruby se arrepintió de sus palabras.

— No me refería a eso, Lena.

— Lo sé. No importa. —Se obligó a esbozar una sonrisa débil, pero Ruby sabía que sí importaba.

Su hermana había salido esa noche y era genial, pero aquella era la primera vez desde hacía semanas que se sentía lo bastante bien para hacerlo, o al menos lo bastante valiente.

Desde que la despidieran, le preocupaba constantemente sufrir un episodio en público.

A juzgar por las palmaditas en la mano que Callie le daba por encima de la mesa, Lena debía de haberle contado la historia.

—Pronto te sentirás mejor —le aseguró Callie.

A Ruby le alivió enormemente haber recuperado a su amiga, tener a alguien que se preocupara por Lena casi tanto como ella.

—Entretanto, debo darte las gracias por este gorro tan calentito. —Callie se caló hasta las orejas la boina de ganchillo que había tejido Lena.

Tenía un aspecto ridículo, y Ruby pensó que nunca antes había querido tanto a su amiga.

—Sí que te sienta bien —contestó Lena con una sonrisa.

—Te sienta de maravilla —dijo Ruby poniéndose en pie— . Y ya me contarás luego a quién pertenece esa camisa.

— Será un placer, y podemos hablar también de tu nuevo amigo Rafe el feminista. — Callie sonrió antes de meterse otra patata frita en la boca.

Ruby le sacó la lengua antes de dirigir sus pasos hacia la cocina.

La acompañaron hacia allí las carcajadas de su amiga.

Para cuando regresó a la mesa de Rafe, este estaba encorvado con los codos apoyados en el tablero y la cabeza entre las manos. Le dejó la comida y la bebida delante y se sentó frente a él. Rafe clavó entonces sus ojos en los de ella y Ruby sintió su mirada hasta los dedos de los pies.

— Te ha tocado.

— No era más que un borracho gilipollas. — Intentó volver a restarle importancia, pero aún veía la rabia en los ojos de Rafe — . Si matas a todos los borrachos gilipollas, me quedaré sin trabajo.

Rafe resopló al oír eso y se recostó en su asiento sin dejar de mirarla. Ella se cruzó de brazos como si así pudiera protegerse frente a su mirada.

— Deberías haberme permitido matar a este, a modo de advertencia para los demás.

Ruby estaba bastante segura de que bromeaba. Al menos, eso espe raba.

— No puedo permitir que mates a gente por mí. Ya circulan bastantes rumores sobre mí.

Volvió a intentar hacerle reír, pero él apretó los labios y le dio la impresión de que ahora quería matar a cualquiera que hablara mal de ella.

— Anda, come — le dijo.

A ella solían quitársele las ganas de matar gente después de comer, así que tal vez a él le sucediera lo mismo. Lo vio devorar su hamburguesa en menos de seis bocados y beberse la cerveza en unos pocos tragos.

— Deberías mantenerte alejada de ese tipo.

— Gracias por el consejo — dijo Ruby con una carcajada irónica — . No tenía pensado seguirlo para pedirle una cita. Así que no te preocupes.

— Me refiero a en general. Si lo ves por ahí, mantente alejada de él.

— ¿Lo conoces?

— No específicamente. — Rafe meneó la cabeza — . Pero conozco a tipos como él y no son trigo limpio.

— Pareces tener la impresión de que acabo de nacer, pero te aseguro que sé distinguir a los tipos buenos de los malos.

— ¿Y qué me dices de mí? — le preguntó él enarcando sus oscuras cejas — . ¿Soy bueno o malo?

Era una pregunta trampa. ¿No era eso mismo lo que llevaba intentando dilucidar desde que lo conociera? Rafe no dejó de mirarla ni un segundo mientras ella intentaba buscar una respuesta. Desde luego no se parecía al gilipollas que acababa de meterle mano, eso estaba claro.

— Eres de los buenos.

— En eso te equivocas — le dijo él con una sonrisa sombría. Se puso en pie antes de que ella tuviera oportunidad de rebatirle — . No te metas en líos, Ruby.

Y se marchó dejándola sola en la mesa.