¿Dónde estás, lobo feroz? (Maple Hollow 1) Capítulo 8
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Capítulo 8

–¿C allie Winters? ¿Qué narices estás haciendo en mi salón?

Ruby había pasado la primera mitad de su día libre durmiendo. Y estaba encantada.

Cuando se despertó, no esperaba encontrarse a su antigua amiga tomando té en el sofá junto a su hermana.

—Hola, Ruby —dijo Callie, retirándose por encima del hombro su gruesa trenza rubia, un gesto que para Ruby resultaba tan familiar que le dieron ganas de llorar.

—¡¿Hola?! ¡¿HOLA?! ¿Hace dos años que no te veo y te presentas aquí y me dices «hola, Ruby» como si fuera de lo más normal?

Callie hizo una mueca de dolor.

Lena alternó la mirada nerviosa entre ambas: Callie acurrucada en el sofá bajo una de las múltiples mantas de ganchillo hechas por la tía Millie, y ella paralizada en las escaleras.

A Lena nunca le había gustado el conflicto y lo evitaba siempre que le era posible.

Hubo dos meses, cuando tenían quince años, en los que Callie y Ruby no se hablaban, y Lena estuvo a punto de quedarse sin uñas de tanto mordérselas a causa del estrés.

—Voy a prepararte un té —anunció Lena, e hizo amago de levantarse antes de que Ruby explotara.

—Necesito café —declaró.

Atravesó el salón hecha una fiera y entró en la cocina.

Callie Winters había vuelto.

Hacía años que no la veía, ahora estaba allí y… y…

Ruby apoyó las manos en la encimera y dejó la cabeza colgando.

Callie era una de las pocas personas de aquel pueblo a la que había considerado una amiga.

La única persona, a decir verdad. Además de Lena y su tía, Callie era la única persona de este mundo en la que Ruby había creído que podía confiar.

Y entonces desapareció.

Le envió un misterioso mensaje en mitad de la noche anunciando que se iba durante un tiempo y nunca más volvió a verla.

Ruby recibía algún mensaje ocasional que daba fe de que Callie seguía viva, también había enviado las flores favoritas de la tía Millie cuando la anciana falleció, pero eso era todo. En dos malditos años.

Aquello a Ruby le había dolido más de lo que estaba dispuesta a admitir.

Otra persona más a la que había querido y después perdido.

Salvo que ahora había vuelto, y Ruby no tenía ni idea de cómo procesarlo.

—Oye. — La voz de Callie se proyectó suave cuando entró en la cocina.

— ¿Dónde estabas? — preguntó Ruby sin levantar la cabeza.

Oyó suspirar a Callie y se la imaginó jugueteando nerviosa con el extremo de su trenza.

— Es una historia un poco larga.

— Tengo tiempo.

— No sé si estoy preparada para contarla.

Ruby levantó la mirada y, por primera vez, se fijó en las ojeras violeta que su amiga tenía bajo los ojos.

— ¿Te encuentras bien, Cal?

— Sí — le dijo con una sonrisa débil — . Creo que sí.

— ¿Y has vuelto? Me refiero a si vas a quedarte.

— He vuelto — confirmó Callie.

— ¿Y dónde vives?

— He alquilado una casa en el pueblo. Al menos de momento. He recuperado mi antiguo puesto llevando la contabilidad de En el Bosque. Shreya descabaló las cuentas con su inutilidad.

Ruby no pudo evitar sonreír al oír aquello, pero no se le ocurría qué más decir. Se fijó en su amiga, de pie, con actitud nerviosa, en mitad de su cocina. Por lo general estaba igual que siempre. Salvo por el cansancio que traslucía su rostro. Eso era nuevo.

Seguía llevando el cabello rubio recogido en una gruesa trenza francesa.

Conservaba los mismos ojos azul cielo, la misma marca de nacimiento encima de la oreja derecha, el mismo anillo de plata que siempre llevaba en el pulgar.

Ruby lo catalogó todo, aunque había algo distinto.

Además del hecho de que saltaba a la vista que vestía una camisa de franela de hombre.

Ruby tendría que preguntarle luego al respecto.

Otra pieza más de aquel pequeño misterio. Pero era algo más que eso.

Callie había regresado cambiada.

— ¿Qué hacemos ahora? — Ruby se sirvió una taza de café.

— Confiaba en que pudiéramos seguir siendo amigas a pesar de que…

— Nos dejaras plantadas.

— No os dejé plantadas.

— Te esfumaste como un fantasma, te fuiste, nos abandonaste. Llámalo como quieras, Cal.

Callie crispó el rostro y frunció el ceño, otro gesto que resultaba tremendamente familiar.

Ruby conocía esa cara casi tan bien como la de su hermana melliza.

Era la cara de la primera persona que le había pedido sentarse a su lado en la cafetería del colegio, la cara de la persona que dormía a su lado en todas las fiestas de pijama celebradas en esa misma casita, con los sacos de dormir tirados por el suelo del salón, la cara de la persona que había sido lo bastante amable para no reírse de ella cuando le confesó que había perdido su virginidad con Kurt durante una de sus múltiples rupturas con Trina.

¿Cómo iba a vivir alguna vez sin esa cara?

¿Cómo lo había logrado durante los dos últimos años?

No muy bien. Su mundo, pequeño de por sí, había encogido aún más cuando Callie se marchó.

— Sabes que no todo gira en torno a ti, ¿verdad? — le espetó Callie.

Ah, vale, así que Callie había vuelto con ganas de pelea.

Eso también era distinto. Callie siempre había sido la tranquila, la reservada, la serena.

El contrapeso de la naturaleza temperamental de Ruby, la seria frente a la jovialidad de Lena.

Ruby debía agradecer que Callie hubiera evitado que se metiera en problemas durante los años, y eso que lo había intentado.

Aunque no pensaba agradecérselo.

— Lo sé — declaró cruzándose de brazos — . Pero eso no significa que no esté enfadada contigo. Creo que tengo derecho a estarlo.

— Supongo — Callie se encogió de hombros — , pero lo superarás, ¿verdad?

— No me queda otro remedio, ¿no? Teniendo en cuenta que eres mi única amiga en este estúpido pueblo.

— No te subestimes, Rubes. He oído que Sal y tú os habéis hecho íntimos desde que me fui.

A Ruby se le escapó una carcajada sin poder evitarlo.

— Ay, sí. Últimamente Sal y yo somos uña y carne. Me encanta escuchar sus teorías de la conspiración mientras me pone motes cariñosos que yo no quiero.

Callie agrandó la sonrisa hasta empezar a reírse también.

Antes solían reírse hasta que les lloraban los ojos y les dolía la tripa. Esta vez no fue lo mismo, pero quizá volviera a serlo con el tiempo. A Ruby no le quedaba otro remedio que confiar.

— Te echaba mucho de menos, Ruby. Perdona por haber tardado tanto en volver a casa.

— Yo también te echaba de menos y algún día, dentro de poco, querré que me cuentes la historia que te ha mantenido ausente tanto tiempo. Cuando te sientas preparada.

— ¿Siempre y cuando me sienta preparada dentro de poco? — le preguntó Callie con una sonrisa de suficiencia.

— Exacto. — Ruby le devolvió la sonrisa.

Así fue como las encontró Lena cuando se asomó por la puerta de la cocina. Aquel día iba envuelta en una suave chaqueta de punto rosa, con el cabello oscuro retirado de la cara, y casi parecía… normal.

— ¿Volvemos a ser todas amigas? — preguntó.

¿Y cómo iba a responder Ruby que no? Sus padres no volverían jamás, su tía Millie tampoco, pero por algún motivo había sido obsequiada con el regreso de su amiga. Era lo bastante lista como para no darle la espalda.

— Sí — confirmó con un suspiro — , volvemos a ser todas amigas.

— ¡Yupi! — exclamó Lena dando palmas — . Ahora podréis ayudarme las dos con mi nuevo puzle. Es enorme y todavía no he pasado de la esquina superior izquierda. — Iba saltando de un pasatiempo a otro desde que se había quedado sin trabajo.

Callie se rio y le pasó el brazo por los hombros a Lena.

— Pues será mejor que nos pongamos manos a la obra —declaró.

Ruby se alegró tanto de ver a su hermana lo bastante animada como para levantarse de la cama y de haber recuperado milagrosamente a su mejor amiga que decidió no darle demasiadas vueltas.

Quizá aquel fuese simplemente un buen día.

A fin de cuentas, esos días también se daban de vez en cuando.