DONDE EMPIEZA LA MUERTE Capítulo 6 #2
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Capítulo 6 #2

Porque todos estaban intentando comprender lo mismo. Nerea sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies. —No.

Susurró.

Caelum levantó lentamente la vista.

—Eso parece.

—No.

Repitió ella.

—Eso significa...

No pudo terminar la frase.

Porque Eryan ya lo había comprendido.

—Nunca fuimos gobernantes.

Murmuró.

Nerea lo miró.

Y vio exactamente el mismo miedo que sentía ella. —Fuimos creados como herramientas.

Terminó él.

La palabra golpeó como una piedra.

Herramientas.

No guardianes.

No protectores.

No conceptos fundamentales del universo. Herramientas.

Llaves.

Asrael permanecía en silencio.

Demasiado silencio.

Nerea lo notó inmediatamente.

—Tú lo sabías.

El demonio cerró los ojos.

Durante apenas un segundo.

Y eso fue suficiente.

—Asrael.

La voz de Nerea se endureció.

—Tú lo sabías.

El demonio suspiró.

Lentamente.

Como alguien que acaba de quedarse sin opciones. —Sí.

La respuesta hizo que el aire pareciera congelarse. Eryan lo observó fijamente.

—¿Desde cuándo?

—Mucho tiempo.

—¿Cuánto tiempo?

Asrael permaneció callado.

Luego respondió.

—Desde antes de conocerlos.

Nerea sintió una mezcla de rabia y confusión. —Nos mentiste.

—No.

Respondió él.

—Les oculté la verdad.

—¡ES LO MISMO!

La voz de Nerea resonó por todo el santuario. Las antiguas columnas devolvieron el eco. Asrael no respondió.

Porque sabía que no tenía defensa.

No una buena.

Finalmente habló.

—Si les hubiera contado antes, no habrían estado preparados.

—¿Preparados para qué?

Preguntó Eryan.

Y entonces ocurrió algo extraño.

Asrael no respondió.

Porque no fue necesario.

Caelum acababa de descifrar otra línea.

Una línea que cambió todo.

—"Cuando llegue el final de los ciclos..." —"Las dos llaves deberán reunirse."

Nerea sintió un escalofrío.

Aquello sonaba demasiado familiar.

Demasiado parecido a la profecía.

Caelum continuó.

Cada palabra parecía más pesada que la anterior. —"Y abrirán el camino."

—"Para aquello que duerme detrás del origen." El silencio regresó.

Más profundo.

Más aterrador.

Nadie entendía completamente lo que significaba. Pero todos comprendían una cosa.

La Vida y la Muerte nunca habían sido el objetivo. Eran el mecanismo.

La herramienta.

La forma de abrir algo.

Algo que llevaba esperando desde antes del mundo. Y por primera vez...

Nerea comenzó a temer cuál era realmente su propósito. Durante varios minutos nadie habló.

Las palabras grabadas en aquellas placas seguían resonando dentro de la mente de Nerea.

Las dos llaves deberán reunirse.

Abrirán el camino.

Aquello significaba que la profecía nunca había tratado únicamente sobre ellos.

No se trataba de amor.

No se trataba de equilibrio.

Ni siquiera se trataba de la guerra.

Había algo más.

Algo mucho más antiguo.

Y lo peor era que Asrael lo sabía.

Siempre lo había sabido.

Nerea se volvió hacia él.

La rabia seguía allí.

Ardiendo en su pecho.

—Vas a explicarlo todo.

Dijo.

No era una petición.

Era una orden.

Asrael sostuvo su mirada durante unos segundos. Luego bajó lentamente la vista.

Por primera vez desde que ella lo conocía...

Parecía cansado.

Profundamente cansado.

Como alguien que había cargado un secreto durante demasiado tiempo.

—Hay cosas que oculté.

Admitió.

—Ya nos dimos cuenta.

Respondió Eryan.

El demonio ignoró el comentario.

Sus ojos se dirigieron hacia las antiguas placas. Hacia aquellos registros olvidados.

—La puerta de la que habla la profecía existe. Nerea sintió un escalofrío.

Porque hasta ese momento todavía había esperado que parte de todo aquello fuera simbólico.

Una metáfora.

Una interpretación.

Pero no.

La puerta era real.

—¿Dónde está?

Preguntó.

—Nadie lo sabe.

Respondió Asrael.

—Ni siquiera los Eternos.

Caelum frunció el ceño.

—Eso es imposible.

Asrael negó con la cabeza.

—Precisamente por eso ha permanecido oculta durante tanto tiempo.

El demonio caminó lentamente alrededor de la estructura central del santuario.

Como si estuviera organizando sus pensamientos. Como si eligiera cuidadosamente cada palabra. —Hace mucho tiempo hubo una guerra.

Mucho antes de las que aparecen en los registros. Mucho antes de los reinos.

Mucho antes de los Vigilantes.

Nerea escuchó atentamente.

Aquella historia era distinta.

Lo sentía.

—Los Eternos descubrieron la existencia de la puerta. Continuó Asrael.

—Y descubrieron algo más.

Algo que los aterró.

—¿Qué?

Preguntó Eryan.

Asrael tardó unos segundos en responder.

Y cuando finalmente lo hizo...

Su voz apenas fue un susurro.

—Lo que había detrás.

El silencio cayó sobre el santuario.

Todos esperaban.

Nadie respiraba.

Entonces Asrael pronunció las palabras que había evitado durante siglos.

—Detrás de la puerta no duerme un monstruo. No duerme un dios.

No duerme un enemigo.

Nerea sintió que el corazón comenzaba a acelerarse. —Entonces, ¿qué duerme allí?

Asrael levantó lentamente la mirada.

Y por primera vez desde su regreso...

Pareció tener miedo.

Miedo auténtico.

—El final.

Aquella única palabra atravesó la sala.

Fría.

Oscura.

Implacable.

Nadie comprendió de inmediato.

Ni siquiera Nerea.

—¿Qué significa eso?

Preguntó.

Asrael respiró profundamente.

—Significa que cuando el Primer Sueño creó el mundo también creó su final.

La sala quedó inmóvil.

—Todo lo que existe tiene un final.

Continuó.

—Los reinos.

Las estrellas.

Los Eternos.

La Vida.

La Muerte.

Todo.

Nerea sintió una presión creciente en el pecho. —¿Y ese final está detrás de la puerta?

—Sí.

Respondió Asrael.

—Esperando.

El aire pareció enfriarse.

Como si aquellas palabras tuvieran poder propio. —Entonces la puerta es una prisión.

Dijo Eryan.

—No.

Respondió Asrael.

—Es una cerradura.

La diferencia era aterradora.

Porque una prisión mantiene algo encerrado.

Pero una cerradura existe para abrirse.

Tarde o temprano.

Nerea sintió cómo el miedo comenzaba a reemplazar a la rabia.

—¿Y nosotros?

Preguntó.

—¿Qué tenemos que ver con eso?

Asrael la observó.

Luego miró a Eryan.

Y finalmente respondió.

—Ustedes son la llave.

Nadie habló.

Porque ya conocían parte de aquella verdad.

Pero escucharla en voz alta era diferente.

Mucho peor.

Entonces Caelum descubrió algo más en una de las placas. Sus ojos se abrieron lentamente.

—No...

Murmuró.

Asrael se giró.

—¿Qué ocurre?

El Guardián parecía incapaz de apartar la vista del texto. —Hay otra línea.

Una que no habíamos traducido.

Nerea sintió que el corazón volvía a acelerarse. —¿Qué dice?

Caelum tragó saliva.

Y leyó.

—"Cuando las dos llaves se unan..."

—"La puerta podrá abrirse."

Eso ya lo sabían.

Pero entonces continuó.

Y todo cambió.

—"O permanecer cerrada para siempre."

El silencio fue absoluto.

Incluso Asrael quedó inmóvil.

Porque aquello no aparecía en ninguna versión de la profecía.

En ninguna.

Nerea miró a Eryan.

Eryan la miró a ella.

Y por primera vez apareció una posibilidad distinta. Una esperanza.

Tal vez el destino no estaba escrito.

Tal vez aún podían elegir.

Pero antes de que alguien hablara...

Una explosión estremeció el santuario.

La roca tembló.

El suelo vibró violentamente.

Polvo cayó desde el techo.

Y un estruendo lejano atravesó la ciudad.

Todos se pusieron en pie de inmediato.

—¿Qué fue eso?

Preguntó Nerea.

Asrael ya conocía la respuesta.

Su expresión se volvió sombría.

—La guerra.

Dijo.

—Acaba de llegar a la Ciudad de los Ecos.

La explosión volvió a sacudir el santuario.

Más fuerte esta vez.

Las antiguas columnas vibraron.

Pequeños fragmentos de piedra cayeron desde el techo.

Y durante un instante, los símbolos grabados en las paredes parecieron iluminarse.

Como si incluso aquel lugar olvidado sintiera que algo importante estaba ocurriendo.

Algo terrible.

—Tenemos que salir de aquí.

Dijo Caelum.

Nadie discutió.

Abandonaron el santuario a toda velocidad.

Subiendo por las escaleras antiguas.

Atravesando los túneles ocultos.

Hasta regresar a los niveles superiores de la Ciudad de los Ecos.

Y cuando finalmente salieron al exterior...

Comprendieron que la situación era mucho peor de lo que habían imaginado.

El cielo estaba cubierto por energía.

Dos enormes fuerzas chocaban a la distancia.

Rayos de luz atravesaban las nubes.

Columnas de sombras se elevaban desde distintos sectores de la ciudad.

Y miles de personas corrían por las calles.

Guardias.

Ciudadanos.

Eruditos.

Todos intentaban ponerse a salvo.

La guerra había llegado.

Y había llegado con toda su fuerza.

Nerea observó el caos.

Sintiendo una mezcla de impotencia y rabia.

Tantas vidas.

Tantas personas.

Atrapadas en un conflicto que no entendían.

—Los Eternos.

Murmuró Eryan.

Asrael asintió.

—Dos facciones.

Y ninguna piensa retirarse.

Caelum comenzó inmediatamente a dar órdenes a los guardianes.

Organizando evacuaciones.

Protegiendo los archivos más importantes.

Intentando mantener el orden.

Pero todos sabían que aquello apenas retrasaría lo inevitable.

Entonces algo llamó la atención de Eryan.

Una pequeña placa de piedra sobresalía entre los documentos que Caelum había rescatado apresuradamente del santuario.

Una placa que nadie había revisado todavía.

—Esperen.

Dijo.

La tomó cuidadosamente.

Los símbolos brillaron apenas sus dedos la tocaron. Y algo extraño ocurrió.

Los caracteres comenzaron a cambiar.

Como si reconocieran su presencia.

Como si hubieran estado esperando.

Nerea lo observó sorprendida.

—¿Qué está pasando?

Eryan tampoco lo sabía.

Pero podía sentirlo.

Sentía una conexión extraña con aquella inscripción. Una familiaridad imposible.

Caelum se acercó rápidamente.

—¿Puedes leerlo?

Eryan observó los símbolos.

Y para su propia sorpresa...

Comprendió cada palabra.

Como si siempre hubiera conocido aquel idioma. Como si estuviera despertando dentro de él. —Sí.

Susurró.

El silencio cayó inmediatamente.

Entonces comenzó a leer.

—"Cuando las llaves despierten..."

—"La Vida deberá elegir."

Nerea sintió un estremecimiento.

Aquello ya sonaba diferente.

Más específico.

Más personal.

Eryan continuó.

—"Porque la Vida abre caminos."

—"Y la Muerte los cierra."

Las palabras parecían cobrar vida.

Como si hubieran sido escritas para ellos.

Como si los autores supieran exactamente quién las leería. Miles de años después.

Eryan siguió avanzando.

Y su expresión comenzó a cambiar.