Capítulo 5 #4
Entonces una voz surgió desde la oscuridad.
—Por fin.
Nerea y Eryan se giraron.
Asrael estaba allí.
De pie junto a la entrada de la terraza.
Como si hubiera estado esperando.
Como si supiera exactamente lo que acababa de ocurrir. —Lo recordaron.
Dijo.
No era una pregunta.
Era una afirmación.
Nerea lo observó.
—Tú ya lo sabías.
Asrael no respondió.
Y eso fue suficiente.
—¿Por qué no nos lo dijiste?
Preguntó Eryan.
El demonio bajó la mirada durante unos segundos. Y cuando volvió a levantarla...
Había tristeza en sus ojos.
Una tristeza que rara vez mostraba.
—Porque todavía no han recordado la peor parte. El corazón de Nerea se tensó.
—¿Qué peor parte?
Asrael guardó silencio.
Demasiado tiempo.
Y cuando finalmente respondió...
Su voz fue apenas un susurro.
—La razón por la que tomaron esa decisión.
El viento atravesó la terraza.
Las grietas brillaron nuevamente en el cielo.
Y por primera vez...
Nerea sintió miedo de recuperar sus recuerdos.
Porque empezaba a sospechar que el pasado ocultaba algo mucho más terrible de lo que imaginaban.
El resto de la noche transcurrió bajo una tensión imposible de ignorar.
Después de la revelación sobre la puerta, Nerea ya no podía mirar las grietas del cielo de la misma manera.
Ahora sabía que ella y Eryan habían participado en aquella decisión.
Habían elegido conservar la puerta.
Habían elegido sellarla.
Y de alguna manera, siglos después, las consecuencias seguían alcanzándolos.
La pregunta era una sola.
¿Por qué?
¿Por qué habían tomado aquella decisión?
¿Por qué desafiar al resto de los Eternos?
¿Por qué arriesgarlo todo?
Y sobre todo...
¿Qué era tan importante al otro lado de aquella puerta? Ninguno tenía respuestas.
Todavía.
Pero el pasado se acercaba.
Y los recuerdos regresaban cada vez más rápido.
Al amanecer, la Ciudad de los Ecos despertó envuelta en una inquietud palpable.
Los corredores estaban llenos de guardianes.
Las torres de vigilancia permanecían activas.
Los mensajeros iban y venían sin descanso.
Algo estaba ocurriendo.
Algo importante.
Nerea, Eryan y Asrael llegaron a la gran sala de reuniones donde Caelum ya los esperaba.
Su rostro era grave.
Más grave que nunca.
Y eso no era una buena señal.
—¿Qué pasó?
Preguntó Nerea.
Caelum tardó unos segundos en responder.
Como si incluso decirlo resultara difícil.
—Anoche perdimos contacto con una ciudad.
El silencio cayó inmediatamente.
—¿Cuál?
Preguntó Eryan.
Caelum bajó la mirada hacia los informes.
—Asteria.
Nerea frunció el ceño.
Conocía ese nombre.
Era una ciudad importante.
Grande.
Antigua.
Con miles de habitantes.
—¿Perdieron contacto?
Preguntó.
—Eso creíamos.
Respondió Caelum.
—Hasta que llegaron los exploradores.
El Guardián de Memorias extendió varios pergaminos sobre la mesa.
Las ilustraciones mostraban ruinas.
Calles destruidas.
Torres derrumbadas.
Y una enorme cicatriz atravesando la ciudad de extremo a extremo.
Como si una fuerza imposible hubiera partido el lugar en dos.
Nerea sintió un nudo en el estómago.
—¿Cuántos sobrevivieron?
Caelum guardó silencio.
Y ese silencio fue suficiente.
Demasiado suficiente.
—No.
Murmuró ella.
Caelum cerró los ojos.
—Muy pocos.
La sala quedó inmóvil.
Porque todos comprendieron el significado de aquello. No era un ataque menor.
No era una escaramuza.
No era una advertencia.
Era una masacre.
Una ciudad entera había sido destruida.
Eryan apretó los puños.
—¿Quién lo hizo?
—No lo sabemos.
Respondió Caelum.
—Los testigos hablan de varias facciones luchando al mismo tiempo.
Nerea sintió que el aire se volvía pesado.
Varias facciones.
Ni siquiera estaban atacando a los inocentes directamente. Simplemente estaban librando su guerra.
Y las ciudades quedaban atrapadas en medio.
Como daños colaterales.
Como si las vidas humanas no significaran nada. Entonces una de las enormes ventanas de la sala vibró. Todos se giraron.
Las grietas del cielo brillaban otra vez.
Más intensamente que nunca.
La luz atravesó las nubes.
Cubrió la ciudad.
Y durante un instante, todos sintieron la misma presencia. Inmensa.
Antigua.
Dormida.
Pero cada vez menos.
El Primer Sueño.
Nerea sintió cómo la energía de la Muerte reaccionaba dentro de ella.
Eryan también se tensó.
Y Asrael observó el cielo con una expresión sombría. —Está acelerándose.
Murmuró.
—¿Por qué?
Preguntó Eryan.
El demonio no respondió enseguida.
Su mirada permaneció fija en las grietas.
Como si estuviera viendo algo que los demás no podían. —Porque alguien lo está despertando.
Aquellas palabras hicieron que el miedo recorriera la sala. Porque eso cambiaba todo.
No era un proceso natural.
No era inevitable.
Alguien estaba provocándolo.
Alguien estaba empujando los acontecimientos. Alguien estaba acercando el final.
Entonces un cuerno de alarma resonó en toda la Ciudad de los Ecos.
Una vez.
Dos veces.
Tres veces.
Los Guardianes se pusieron en pie de inmediato. Caelum se volvió hacia uno de ellos.
—¿Qué sucede?
El hombre llegó corriendo.
Pálido.
Sin aliento.
Aterrorizado.
—¡Se acercan!
Caelum frunció el ceño.
—¿Quiénes?
El guardián tragó saliva.
Y cuando respondió, el silencio se apoderó de la sala. —Los ejércitos de dos Eternos avanzan hacia la ciudad. Nerea sintió que el corazón se detenía.
Porque ya conocía la respuesta.
La guerra había comenzado.
Y ahora venía hacia ellos.
Directamente hacia ellos.