Capítulo 4 EL REGRESO DE ASRAEL #4
Nerea sintió un nudo en el estómago. —Entonces, ¿cómo regresaste?
El demonio permaneció callado.
Demasiado tiempo.
Y eso la hizo ponerse tensa.
—Asrael.
—No escapé.
Respondió finalmente.
Nerea se quedó inmóvil.
—¿Qué?
—No escapé.
Me dejaron volver.
Aquellas palabras fueron mucho peores. Muchísimo peores.
Porque significaban algo.
Algo que Nerea no quería imaginar.
—¿Por qué?
Preguntó.
Asrael sonrió.
Pero aquella sonrisa era amarga.
Vacía.
—Esa es la pregunta correcta.
El viento volvió a soplar.
Moviendo su abrigo oscuro.
Las luces de la ciudad parecían más lejanas ahora. Más frías.
—Durante años intenté descubrirlo.
Continuó.
—Y cuando finalmente encontré una respuesta... Desearía no haberlo hecho.
Nerea sintió que el miedo comenzaba a crecer dentro de ella.
—¿Qué descubriste?
Asrael observó nuevamente las grietas del cielo. Y cuando habló, su voz fue apenas un susurro.
—Que el despertar del Primer Sueño no es el verdadero problema.
Aquello hizo que la sangre abandonara el rostro de Nerea. —¿Qué quieres decir?
El demonio cerró los ojos durante un instante.
Como si se preparara para decir algo terrible.
Porque lo era.
—Hay algo más.
Algo que incluso el Primer Sueño teme.
Nerea dejó de respirar.
Porque si existía algo capaz de asustar a una entidad que había soñado la realidad...
Entonces estaban enfrentando algo mucho peor de lo que habían imaginado.
Mucho peor.
Y aquello apenas comenzaba.
Nerea permaneció inmóvil.
Intentando procesar lo que acababa de escuchar.
Durante los últimos años había llegado a aceptar una verdad aterradora:
El Primer Sueño era la mayor amenaza que existía. La entidad que había soñado la realidad.
La fuerza que existía antes de la Vida.
Antes de la Muerte.
Antes del tiempo.
Y ahora Asrael acababa de decirle que incluso esa entidad sentía miedo.
No tenía sentido.
No debería ser posible.
—No.
Murmuró.
Asrael la observó.
—Sí.
—Te equivocas.
—Ojalá.
Nerea comenzó a caminar de un lado a otro por la galería. Intentando ordenar sus pensamientos.
—El Primer Sueño es el origen de todo.
—No exactamente.
—¿Qué significa eso?
Asrael apoyó los brazos sobre la baranda.
—Significa que todos cometieron el mismo error. Los Eternos.
Los Guardianes.
Los profetas.
Todos.
Ella se detuvo.
—¿Qué error?
El demonio levantó lentamente la mirada hacia las grietas del cielo.
—Creer que el Primer Sueño fue el primero.
El silencio cayó entre ellos.
Pesado.
Incómodo.
Inquietante.
Nerea sintió un escalofrío.
Porque aquellas palabras parecían equivocadas. Y al mismo tiempo...
Extrañamente posibles.
—¿Hay algo anterior a él?
Preguntó.
Asrael tardó unos segundos en responder.
—No lo sé.
Y esa respuesta la asustó más que cualquier otra. Porque Asrael siempre sabía algo.
Siempre tenía una teoría.
Siempre tenía una explicación.
Pero esta vez no.
Esta vez había miedo.
Duda.
Incertidumbre.
Y eso era nuevo.
Muy nuevo.
Antes de que pudiera seguir preguntando, unos pasos apresurados resonaron por la galería.
Nerea y Asrael se giraron.
Eryan apareció corriendo.
Y por su expresión supieron inmediatamente que algo iba mal.
Muy mal.
—Los estaba buscando.
Dijo entre respiraciones agitadas.
—¿Qué pasó?
Preguntó Nerea.
Eryan miró primero a ella.
Luego a Asrael.
Y finalmente respondió.
—Caelum convocó a todos los Guardianes.
La sala principal está llena.
Nadie entiende lo que ocurre.
Pero encontraron algo.
Asrael frunció el ceño.
—¿Qué encontraron?
Eryan tragó saliva.
—Otra profecía.
Aquello hizo que los tres se quedaran en silencio. Porque las profecías nunca traían buenas noticias. Nunca.
Minutos después atravesaban los corredores de la gran biblioteca.
La tensión era palpable.
Eruditos corrían de una sala a otra.
Guardianes armados vigilaban cada acceso.
Y en el centro de todo aquello...
Caelum los esperaba.
Cuando llegaron, el Guardián de Memorias tenía el rostro más pálido que Nerea le había visto jamás.
Eso no le gustó.
Ni un poco.
—¿Qué ocurre?
Preguntó.
Caelum levantó lentamente un antiguo pergamino. Las manos le temblaban.
—Encontramos esto escondido dentro de los archivos sellados.
—¿Y?
Preguntó Asrael.
Caelum lo miró directamente.
—Habla de la guerra.
El corazón de Nerea dio un vuelco.
La guerra.
Aion ya la había mencionado.
Los Eternos también.
Pero hasta ahora siempre había sido una posibilidad. Un futuro.
Una amenaza lejana.
Caelum negó lentamente.
Como si entendiera exactamente lo que estaba pensando. —No es una posibilidad.
Dijo.
—Es una certeza.
La sala quedó en silencio.
Absoluto.
Entonces Caelum leyó la última línea del pergamino. Y las palabras parecieron congelar el aire.
—"Cuando la Vida bese a la Muerte y el Primer Sueño despierte, los Eternos se dividirán... y comenzará la Guerra de los Cielos Rotos."
Nadie habló.
Nadie respiró.
Porque todos comprendieron lo mismo.
La guerra ya no estaba llegando.
Ya había comenzado.
Y en algún lugar más allá de las grietas...
Algo observaba.
Esperando.
Preparándose.
Sonriendo.
Porque exactamente lo que había esperado durante milenios estaba a punto de ocurrir.
La Guerra de los Cielos Rotos.
Y nadie estaba preparado para ella.