DONDE EMPIEZA LA MUERTE Capítulo 4 EL REGRESO DE ASRAEL #3
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Capítulo 4 EL REGRESO DE ASRAEL #3

Con una pequeña sonrisa.

Porque jamás había visto a Nerea reaccionar así. Jamás.

Caelum, por otro lado, parecía completamente confundido. —¿Ese es Asrael?

Preguntó.

Eryan asintió.

—Sí.

—Pensé que estaba muerto.

—Nosotros también.

Asrael escuchó aquello.

—Qué poca fe me tienen.

—DESAPARECISTE DURANTE AÑOS.

Respondió Nerea sin soltarlo.

—Detalles.

—¡NO SON DETALLES!

—Bueno, tal vez no.

Por primera vez en mucho tiempo...

La risa regresó.

Una risa auténtica.

Compartida.

Y aunque la guerra seguía acercándose.

Aunque el Primer Sueño seguía despertando.

Aunque el peligro continuaba creciendo.

Durante aquel breve instante...

Todo pareció estar bien otra vez.

Porque Asrael había regresado.

Y eso era algo que ninguno de ellos creyó volver a ver. La criatura había sido contenida.

No derrotada.

Pero sí inmovilizada.

Las sombras de Asrael la mantenían atrapada bajo una red oscura que parecía alimentarse de sus movimientos. Los Guardianes de la Ciudad de los Ecos trabajaban alrededor de ella.

Erigiendo barreras.

Trazando sellos.

Levantando protecciones.

Mientras tanto, la noticia se extendía rápidamente por toda la ciudad.

Asrael había regresado.

Aunque pocos entendían realmente quién era.

O por qué su regreso parecía tan importante para Nerea.

Caelum organizó una reunión con los eruditos para estudiar a la criatura.

Y Eryan, con una sonrisa sospechosamente comprensiva, decidió desaparecer durante un rato.

—Creo que ustedes necesitan hablar.

Había dicho antes de alejarse.

Nerea le había lanzado una mirada asesina.

Eryan simplemente se había reído.

Ahora ella caminaba junto a Asrael por una galería elevada que conectaba varias torres de la ciudad.

Por primera vez desde su regreso estaban solos. Y, sorprendentemente, ninguno sabía qué decir. El viento atravesaba los arcos de piedra.

Las luces de la ciudad brillaban bajo ellos.

Y las grietas del cielo parecían observarlos desde arriba. Asrael fue el primero en romper el silencio.

—Bueno.

Nerea cruzó los brazos.

—No.

—¿No?

—No vas a empezar así.

—¿Así cómo?

—Como si hubieras salido a comprar pan y hubieras regresado tarde.

Asrael soltó una carcajada.

—Técnicamente regresé bastante tarde.

Nerea le dio un golpe en el brazo.

No muy fuerte.

Pero sí lo suficiente para expresar años enteros de frustración.

—Desapareciste.

—Lo sé.

—Pensé que habías muerto.

—También lo sé.

—Lloré por ti.

Aquellas palabras hicieron que Asrael guardara silencio. Por primera vez desde que había reaparecido. La sonrisa se debilitó.

Solo un poco.

Pero Nerea lo notó.

—Nerea...

—No.

Ahora me escuchas tú.

Durante años escuché tus sermones.

Ahora te toca.

Asrael suspiró.

Resignado.

—Está bien.

Ella se apoyó contra una columna de piedra.

Observándolo.

—¿Sabes lo que fue seguir adelante sin ti?

La pregunta golpeó más fuerte que cualquier insulto. Porque Asrael no tenía respuesta.

—No.

Admitió.

—No lo sé.

Nerea bajó la mirada.

—Yo tampoco sabía cuánto dependía de ti hasta que ya no estabas.

El demonio permaneció inmóvil.

Escuchando.

—Siempre estabas ahí.

Cuando todos me temían.

Cuando todos huían.

Cuando sentía que el mundo entero me odiaba. Tú estabas ahí.

Quejándote.

Burlándote.

Molestándome.

Pero estabas.

Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Asrael.

—Suena como una descripción muy hermosa de nuestra amistad.

—Cállate.

—Ahora sí te reconozco.

Nerea negó con la cabeza.

Y por primera vez en mucho tiempo sintió algo parecido a paz.

Porque era verdad.

Aquella conversación.

Aquellas interrupciones.

Aquellas bromas absurdas.

Todo era tan familiar que dolía.

Y al mismo tiempo sanaba.

—Has cambiado.

Dijo Asrael después de unos segundos.

Ella levantó una ceja.

—¿Yo?

—Sí.

—¿En qué sentido?

Asrael la observó detenidamente.

Como si estuviera viendo cosas que otros no podían notar. —Antes cargabas el peso del mundo sola.

Ahora compartes el peso.

Nerea supo inmediatamente a quién se refería.

Eryan.

—Eso no significa que haya cambiado.

—Claro que sí.

Respondió él.

—Y es bueno.

Ella no respondió.

Porque una parte de ella sabía que tenía razón. Mucho antes de Eryan, ella solo sobrevivía.

Ahora vivía.

Era diferente.

Muy diferente.

Asrael observó el cielo durante unos segundos. Las grietas.

Las luces extrañas.

Las cicatrices que atravesaban la realidad.

Su expresión se volvió seria.

Extrañamente seria.

Lo suficiente para llamar la atención de Nerea.

—¿Qué ocurre?

Preguntó.

Asrael tardó unos instantes en responder.

—Nada de esto debería estar pasando tan rápido. La tranquilidad desapareció inmediatamente.

—¿Qué quieres decir?

—Quiero decir que el Primer Sueño está despertando antes de lo previsto.

Nerea frunció el ceño.

—¿Antes de lo previsto por quién?

Asrael no respondió de inmediato.

Y eso fue suficiente para inquietarla.

Porque Asrael siempre tenía respuestas.

Siempre.

—¿Qué sabes?

Preguntó ella.

La mirada del demonio permaneció fija en las grietas del cielo.

Y cuando finalmente habló...

Su voz ya no tenía rastro de humor.

—Más de lo que me gustaría.

El corazón de Nerea se tensó.

Porque conocía ese tono.

Lo había escuchado muy pocas veces.

Y nunca traía buenas noticias.

Nunca.

El viento sopló entre las torres.

Las luces de la Ciudad de los Ecos brillaban bajo ellos. Pero Nerea ya no les prestaba atención.

Toda su concentración estaba puesta en Asrael. Porque algo había cambiado.

Desde que había regresado, él seguía siendo el mismo. Las mismas bromas.

La misma sonrisa irritante.

La misma costumbre de evitar respuestas directas. Pero debajo de todo aquello...

Había algo más.

Algo que no estaba allí antes.

Algo pesado.

Antiguo.

Cansado.

Y Nerea empezaba a notarlo.

—¿Dónde estuviste?

Preguntó finalmente.

Asrael no respondió enseguida.

Se apoyó sobre la baranda de piedra.

Observando las grietas del cielo.

Como si estuviera recordando algo que preferiría olvidar. —No es una historia agradable.

—No me importa.

—A mí sí.

—Asrael.

El demonio soltó un suspiro.

—Cuando me sacrifiqué...

No morí exactamente.

Nerea cruzó los brazos.

—Eso ya lo había deducido.

—Gracias por tu confianza.

—Continúa.

Asrael puso los ojos en blanco.

Luego volvió a ponerse serio.

—Cuando el poder del Primer Sueño comenzó a despertar, algo salió mal.

Muy mal.

La explosión de energía me atrapó.

Y me arrastró.

—¿A dónde?

—A un lugar que no debería existir.

Nerea sintió un escalofrío.

—¿Qué lugar?

Asrael tardó varios segundos en responder.

—Entre los sueños.

Aquellas palabras quedaron suspendidas entre ellos. Extrañas.

Difíciles de comprender.

—No entiendo.

—Yo tampoco lo entendía al principio.

Admitió.

—Era un lugar vacío.

Y al mismo tiempo lleno.

No existía el tiempo.

No existía el día ni la noche.

No existía la vida.

Ni la muerte.

Nerea frunció el ceño.

—Eso es imposible.

—Exactamente.

Por eso fue tan horrible.

El demonio bajó la mirada.

Y por primera vez ella vio algo que jamás creyó ver. Miedo.

Miedo auténtico.

En Asrael.

—Había cosas allí.

Continuó.

—Cosas que observaban.

Cosas que soñaban.

Cosas que ni siquiera tenían nombre.

Nerea permaneció en silencio.

Escuchando.

—Al principio pensé que estaba atrapado. Luego comprendí algo peor.

—¿Qué?

Asrael levantó la vista lentamente.

—Ellas sabían quién era yo.

El corazón de Nerea dio un vuelco. —¿Quiénes?

—Las entidades que viven entre los sueños. Las que existen cerca del Primer Sueño. El silencio volvió.

Pesado.

Inquietante.

—¿Y te dejaron marchar?

Preguntó ella.

Asrael soltó una pequeña risa.

Pero no había humor en ella.

—No.

Eso fue lo aterrador.