Capítulo 3 #4
Aquellas dos letras pesaron más que cualquier discurso. Nerea bajó la mirada.
Por primera vez comenzó a entender la magnitud de todo aquello.
No se trataba únicamente de la profecía.
Ni de los recuerdos.
Ni siquiera de la Vida y la Muerte.
Era algo mucho más grande.
Mucho más antiguo.
Y quizá...
Mucho más culpa suya de lo que había imaginado. Entonces algo ocurrió.
Un sonido atravesó la ciudad.
Lejano.
Profundo.
Como un latido.
Una sola vez.
BOOM.
Las campanas dejaron de sonar.
Las grietas se iluminaron.
Y Nerea sintió que todo su cuerpo se tensaba. Otro latido.
BOOM.
Más fuerte.
Más cercano.
La sensación fue tan intensa que incluso las piedras de la plaza vibraron.
Entonces Aion palideció.
Literalmente.
El Tiempo.
La entidad que había visto nacer y morir civilizaciones. La criatura que podía detener una ciudad entera. Parecía asustada.
—No.
Susurró.
—Es demasiado pronto.
El tercer latido resonó.
BOOM.
Y por un instante...
Todas las grietas del cielo se abrieron un poco más. Solo unos centímetros.
Pero fue suficiente.
Porque algo observó desde el otro lado.
Y esta vez...
También los vio a ellos.
El mundo volvió a moverse de golpe.
Las personas congeladas en la plaza recuperaron sus movimientos.
Las aves continuaron volando.
Los comerciantes retomaron sus conversaciones. Los niños siguieron corriendo.
Como si nada hubiera ocurrido.
Como si el tiempo jamás se hubiera detenido. Pero Nerea sabía la verdad.
Ella lo había visto.
Todos ellos lo habían visto.
Y eso era suficiente.
Aion permanecía inmóvil.
Observando el cielo.
Con el rostro más serio que ella le había visto desde que apareció.
—¿Qué acaba de pasar?
Preguntó Eryan.
El Tiempo tardó varios segundos en responder. —Acaba de encontrarlos.
Aquellas palabras hicieron que el estómago de Nerea se encogiera.
—¿Quién?
Aunque ya conocía la respuesta.
Aion la miró directamente.
—Aquello que duerme detrás de la puerta.
El silencio volvió a extenderse.
Pesado.
Oscuro.
Inevitable.
Caelum respiró profundamente.
—Entonces ya no queda tiempo.
Murmuró.
Nerea observó a ambos.
—¿Tiempo para qué?
Aion y Caelum intercambiaron una mirada.
Como si estuvieran decidiendo cuánto debían contarles. Finalmente fue el Guardián de Memorias quien habló.
—Existe una razón por la que los recuerdos están regresando.
Una razón por la que la profecía despertó.
Una razón por la que los Eternos están volviendo. Nerea sintió que el corazón comenzaba a acelerarse. Porque intuía que no le gustaría la respuesta. —¿Cuál?
Caelum la observó.
Y respondió:
—Porque la guerra está regresando.
Aquellas palabras golpearon la habitación como una tormenta.
Nerea recordó inmediatamente las visiones. La ciudad destruida.
Las sombras.
Las llamas.
La muerte.
—¿Qué guerra?
Preguntó Eryan.
Aion apartó la mirada.
Como si estuviera observando recuerdos demasiado antiguos.
—La Primera Guerra.
El nombre por sí solo resultaba inquietante. —La guerra entre los Eternos.
Continuó.
—Y los Primeros Soñados.
Nerea sintió un escalofrío.
—Pensé que había terminado.
—Terminó.
Respondió Aion.
—Hace mucho tiempo.
Pero las guerras nunca desaparecen realmente.
Solo esperan.
Esperan a quienes sean lo bastante imprudentes para repetir los mismos errores.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire.
Y Nerea comprendió exactamente a quién iba dirigida aquella indirecta.
A ella.
A Eryan.
A quienes habían encontrado la puerta.
A quienes la habían abierto.
Aunque todavía no recordaran cómo.
Entonces Caelum caminó hacia una enorme estantería situada junto a una pared.
Tomó un objeto envuelto en tela oscura.
Y regresó lentamente.
Lo colocó sobre la mesa.
Con cuidado.
Con respeto.
Con miedo.
Eso fue lo que llamó la atención de Nerea. Miedo.
Caelum tenía miedo de aquello.
Retiró la tela.
Debajo apareció un libro.
Antiguo.
Negro.
Cubierto de símbolos plateados.
El corazón de Nerea se detuvo.
Porque reconoció aquel libro inmediatamente. La biblioteca.
La visión.
La sombra.
Era el mismo.
Exactamente el mismo.
—No puede ser.
Susurró.
Caelum asintió.
—Puede.
Y es.
Eryan observó el libro.
—¿Qué es?
El Guardián de Memorias tardó varios segundos en responder.
—La única copia que sobrevivió a la Primera Guerra. Nerea sintió un escalofrío.
—¿Sobrevivió de qué?
Aion respondió esta vez.
—De ustedes.
El silencio fue absoluto.
Nerea lo observó sin comprender.
—¿Qué?
El Tiempo señaló el libro.
Y dijo las palabras que cambiaron todo.
—La última vez que intentaron detener el fin del mundo... Escribieron una forma de hacerlo.
Y la ocultaron aquí.
Nerea sintió que el corazón golpeaba con fuerza. Porque acababa de comprender algo.
Aquella no era la primera vez.
No era la segunda.
Probablemente ni siquiera la décima.
Ya habían luchado esta batalla antes.
Ya habían perdido antes.
Y en alguna vida olvidada...
Habían dejado una respuesta.
Una respuesta escondida dentro de aquel libro. El mismo libro que ahora descansaba frente a ellos. Esperando ser abierto.
Esperando ser recordado.
Y esperando revelar una verdad que había permanecido oculta durante miles de años.