DONDE EMPIEZA LA MUERTE Capítulo 3 #3
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Capítulo 3 #3

No eran simples leyendas.

Habían estado allí desde el principio.

Esperando.

Recordando.

Y quizá observándolos desde mucho antes de que nacieran. El viento recorrió la plaza inmóvil.

Las personas seguían congeladas en el tiempo.

Como estatuas atrapadas entre un segundo y el siguiente. Nerea apenas les prestaba atención.

Toda su concentración estaba puesta en una sola frase. Los Primeros Soñados.

Había escuchado ese nombre demasiadas veces. Y cada vez parecía más importante.

Más peligroso.

Más antiguo.

—¿Quiénes son realmente?

Preguntó.

Aion permaneció en silencio durante unos segundos.

Como si estuviera recordando algo ocurrido mucho tiempo atrás.

Demasiado tiempo.

Finalmente habló.

—Antes de los reinos.

Antes de las ciudades.

Antes incluso de que existiera la humanidad...

La realidad soñaba.

Nerea frunció el ceño.

—Eso no tiene sentido.

—Lo sé.

Respondió Aion.

—Pero sigue siendo verdad.

Caelum observó al Tiempo con evidente resignación.

Como si hubiera escuchado aquella explicación cientos de veces.

—Explícate mejor.

Dijo Eryan.

Aion sonrió levemente.

—Imaginen que el universo era una mente dormida. Un pensamiento.

Un sueño.

Y dentro de ese sueño aparecieron las primeras formas de conciencia.

Los primeros seres capaces de pensar.

De sentir.

De existir.

Nerea sintió un escalofrío.

Porque ya sospechaba la respuesta.

—Los Primeros Soñados.

Aion asintió.

—Exactamente.

La plaza quedó en silencio.

—¿Entonces son más antiguos que nosotros?

Preguntó Eryan.

La expresión del Tiempo se volvió seria.

—Mucho más antiguos.

Aquella respuesta no le gustó nada a Nerea.

Porque significaba que estaban enfrentándose a algo que existía desde antes del mundo.

Algo que había sobrevivido a incontables eras. —¿Y qué quieren?

Preguntó.

Por primera vez, Aion dudó.

Y aquello fue peor que cualquier respuesta.

—No estamos completamente seguros.

—Eso no ayuda.

Murmuró Nerea.

—Lo sé.

Respondió él.

—Pero la verdad es que ni siquiera los Eternos comprendemos del todo a los Primeros Soñados.

El viento volvió a soplar.

Las grietas del cielo brillaron suavemente.

Y Aion continuó.

—Sabemos que estaban presentes cuando encontraron la puerta.

Sabemos que intentaron impedir que la abrieran. Sabemos que hubo una guerra.

Y sabemos que después de aquella guerra...

El mundo cambió para siempre.

Nerea sintió que el corazón se aceleraba.

Porque aquello encajaba con las visiones.

Con la ciudad destruida.

Con las sombras.

Con las tragedias repetidas.

—¿Intentaban proteger el mundo?

Preguntó.

Aion observó las grietas.

Y respondió algo inesperado.

—Tal vez.

El silencio volvió a extenderse.

—¿Tal vez?

Repitió Eryan.

—La historia depende de quién la cuente.

Respondió el Tiempo.

—Para algunos fueron salvadores.

Para otros fueron monstruos.

Para otros fueron víctimas.

La verdad completa se perdió hace mucho.

Nerea no estaba satisfecha con aquella respuesta. Pero antes de que pudiera insistir, ocurrió algo extraño. Una de las grietas del cielo brilló con fuerza.

Mucha más fuerza.

Toda la ciudad quedó iluminada.

Las campanas comenzaron a sonar.

Y un escalofrío recorrió la espalda de Nerea.

Aquella sensación.

Ya la conocía.

Era la misma que había sentido junto al arco de piedra. La misma que había sentido en sus peores visiones. La sensación de estar siendo observada.

Lentamente levantó la vista.

Y lo vio.

Solo durante un segundo.

Una silueta inmensa.

Oscura.

Moviéndose detrás de las grietas.

Más grande que cualquier montaña.

Más grande que cualquier ciudad.

Una figura imposible.

La misma que había visto en el océano negro. La misma que aparecía en sus recuerdos.

La misma que parecía existir detrás de la realidad. La luz desapareció.

Y la figura también.

Pero Nerea ya la había visto.

Y esta vez no había sido una visión.

Había sido real.

Aion cerró los ojos.

Como si hubiera sentido exactamente lo mismo. —No.

Susurró.

Su voz sonó diferente.

Preocupada.

Casi temerosa.

Nerea lo observó.

—¿Qué era eso?

El Tiempo tardó varios segundos en responder.

Y cuando finalmente habló, lo hizo con una gravedad que heló la sangre de todos.

—Alguien que nunca debió despertar.

El silencio que siguió fue absoluto.

Ni siquiera el viento parecía atreverse a moverse. Nerea continuó observando las grietas del cielo. Esperando volver a ver aquella figura.

Esperando convencerse de que había sido una ilusión. Pero no ocurrió.

La inmensa silueta había desaparecido.

Como si jamás hubiera estado allí.

Sin embargo, todos la habían sentido.

Todos.

Aion.

Caelum.

Eryan.

Y ella.

Aquello bastaba para saber que era real.

—Dime quién era.

Exigió Nerea.

Aion permaneció inmóvil.

Su mirada seguía fija en las grietas.

Y por primera vez desde que había aparecido, parecía verdaderamente preocupado.

No incómodo.

No molesto.

Preocupado.

—Su nombre se perdió hace mucho tiempo.

Respondió finalmente.

—La mayoría de las civilizaciones lo llamaron de formas distintas.

El Devorador.

El Durmiente.

El Último Sueño.

El Fin.

Nerea sintió un escalofrío.

Ninguno de aquellos nombres sonaba bien.

—¿Y cuál es el verdadero?

Preguntó Eryan.

Aion bajó la mirada.

—Ya nadie lo recuerda.

La respuesta fue peor de lo esperado.

Porque si incluso el Tiempo había olvidado algo...

Entonces aquello debía ser mucho más antiguo de lo que imaginaban.

Caelum apoyó ambas manos sobre la barandilla. —Creímos que seguía dormido.

Murmuró.

—Yo también.

Respondió Aion.

Nerea observó a ambos.

—¿Qué es exactamente?

Esta vez fue Caelum quien respondió.

—Una posibilidad.

Ella frunció el ceño.

—Eso no explica nada.

—Lo sé.

Pero es la mejor definición que existe.

El Guardián de Memorias respiró profundamente. Y continuó.

—Cuando la realidad nació, existían muchos caminos posibles.

Muchos futuros.

Muchas versiones diferentes del mundo.

Pero algunos de esos caminos fueron descartados. Olvidados.

Sellados.

Nerea escuchaba atentamente.

Aunque apenas comprendía la mitad.

—¿Y esa cosa es uno de esos caminos?

Preguntó.

Caelum asintió.

—El peor de todos.

El silencio volvió a caer.

Pesado.

Inquietante.

Aion continuó la explicación.

—Imaginen una realidad donde no existe la Vida. Donde no existe la Muerte.

Donde nada cambia.

Donde nada termina.

Donde nada nace.

Nerea sintió un nudo en el estómago.

Porque aquello no sonaba como paz.

Sonaba como vacío.

—Ese fue uno de los primeros futuros posibles. Dijo Aion.

—Y debió desaparecer para que nuestro mundo pudiera existir.

—Pero no desapareció.

Murmuró Eryan.

Aion lo observó.

Y asintió lentamente.

—No completamente.

Las grietas del cielo brillaron una vez más.

Como si reaccionaran a la conversación.

—Permanece atrapado más allá de la puerta.

Explicó el Tiempo.

—Esperando.

Soñando.

Intentando regresar.

Nerea sintió que la sangre se le helaba.

Porque comenzaba a comprender.

—Y nosotros abrimos esa puerta.

El silencio confirmó la respuesta antes de que nadie hablara. Aion cerró los ojos.

—Sí.