DONDE EMPIEZA LA MUERTE Capítulo 1 #3
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Capítulo 1 #3

La silueta extendió una mano.

Señaló hacia el norte.

Y desapareció.

Los pétalos cayeron nuevamente sobre el valle. El silencio regresó.

Nerea y Eryan permanecieron inmóviles. Sin saber qué decir.

Hasta que Eryan rompió el silencio.

—Creo que eso fue una invitación.

—O una advertencia.

Respondió Nerea.

Eryan sonrió levemente.

—Siempre ves lo peor.

—Porque normalmente es lo que ocurre.

—Tienes un punto.

Aquello logró arrancarle una pequeña sonrisa. Una sonrisa breve.

Pero real.

La primera desde hacía días.

Sin embargo, desapareció rápidamente cuando volvió a mirar hacia el norte.

Porque ahora sabía una cosa.

Las anomalías no estaban ocurriendo al azar. Algo las estaba guiando.

Algo estaba dejando señales.

Y todas parecían conducir al mismo lugar.

El norte.

Como si allí se encontrara el origen de todo.

O el comienzo de algo mucho peor.

Continuaron avanzando hacia el norte.

No porque confiaran en aquellas señales.

Sino porque ya eran demasiadas para ignorarlas. La criatura del árbol.

Los Primeros Soñados.

Los que Recuerdan.

La criatura de raíces.

La mujer formada por pétalos.

Todo parecía señalar la misma dirección.

Y Nerea había aprendido hacía mucho tiempo que el destino rara vez dejaba coincidencias.

El sol comenzó a descender lentamente.

Tiñendo el cielo de tonos dorados y rojizos.

Por un momento, las grietas luminosas parecieron incendiarse.

Como heridas abiertas brillando entre las nubes. El paisaje también empezó a cambiar.

Los campos desaparecieron.

Los árboles se hicieron más altos.

Más antiguos.

Más densos.

Y el silencio comenzó a resultar extraño.

Demasiado extraño.

No había pájaros.

No había insectos.

No había animales.

Era como si toda la vida hubiera abandonado aquel lugar. Eryan también lo notó.

—¿Escuchas eso?

Nerea frunció el ceño.

—¿Qué cosa?

—Exactamente.

Ella comprendió.

No había nada.

Absolutamente nada.

Ni siquiera viento.

Aquello no era natural.

Ambos continuaron avanzando con cautela. Hasta que llegaron a un claro.

Y entonces se detuvieron.

En el centro del claro había una enorme estructura de piedra.

Una especie de arco.

Antiguo.

Desgastado.

Cubierto de musgo y raíces.

Parecía llevar siglos abandonado.

Quizá milenios.

Nerea se acercó lentamente.

Algo en aquella construcción le resultaba familiar. Aunque estaba segura de no haberla visto jamás. La superficie estaba cubierta de símbolos.

Símbolos antiguos.

Mucho más antiguos que cualquier idioma conocido. Eryan extendió la mano para tocar la piedra.

Y en cuanto sus dedos hicieron contacto con ella, el arco comenzó a brillar.

Ambos retrocedieron.

La luz recorrió los grabados.

Las runas despertaron una tras otra.

Como si hubieran estado esperando.

Esperándolo.

El suelo vibró.

Suavemente.

Luego una voz resonó.

Una voz antigua.

Ni masculina ni femenina.

Una voz que parecía surgir de la propia piedra. —La Vida ha regresado.

Nerea sintió un escalofrío.

La voz continuó.

—La Muerte ha regresado.

Los símbolos brillaron con más intensidad.

Y entonces ocurrió algo imposible.

Imágenes comenzaron a aparecer dentro del arco. Fragmentos.

Sombras.

Recuerdos.

Nerea vio una ciudad enorme.

Más grande que cualquier ciudad existente.

Vio torres de cristal.

Océanos de luz.

Y miles de personas caminando bajo un cielo diferente. Un cielo sin grietas.

Un mundo que no reconocía.

Después vio dos figuras.

Un hombre.

Y una mujer.

Caminaban juntos.

Tomados de la mano.

No podía ver sus rostros.

Pero algo dentro de ella sabía quiénes eran.

Lo sabía con absoluta certeza.

Ella.

Y Eryan.

Antes.

Mucho antes.

Antes del mundo.

Antes de la historia.

Antes de todo.

La visión desapareció tan rápido como había llegado. La luz se extinguió.

El arco volvió a quedar inmóvil.

Silencioso.

Abandonado.

Como si nada hubiera ocurrido.

Nerea permaneció inmóvil.

Intentando recuperar el aliento.

—¿Viste eso?

Preguntó Eryan.

Ella asintió lentamente.

—Sí.

—¿Éramos nosotros?

Nerea no respondió de inmediato.

Porque la respuesta la aterraba.

Más de lo que estaba dispuesta a admitir.

Finalmente levantó la vista hacia el arco.

Y murmuró:

—Creo que nuestra historia comenzó mucho antes de que naciéramos.

Y por primera vez, esa idea dejó de parecer una posibilidad. Y comenzó a parecer una verdad.

El sol desapareció detrás del horizonte.

La oscuridad cubrió lentamente el bosque.

Pero Nerea y Eryan permanecieron junto al antiguo arco de piedra.

Ninguno tenía ganas de continuar caminando.

Después de lo que acababan de ver, el silencio resultaba más cómodo que las preguntas.

Encendieron una pequeña fogata cerca de las ruinas. Las llamas iluminaron los símbolos grabados sobre la piedra.

Ahora parecían inofensivos.

Dormidos.

Como si jamás hubieran despertado.

Pero Nerea sabía la verdad.

Aquella construcción los había reconocido.

Había sabido quiénes eran.

Y eso la inquietaba.

Mucho.

Eryan permanecía sentado frente al fuego.

Observando las llamas.

Pensativo.

Más callado de lo habitual.

—Sigues dándole vueltas.

Dijo Nerea.

Eryan soltó una pequeña risa.

—¿Y tú no?

Ella no respondió.

Porque ambos conocían la respuesta.

El viento comenzó a soplar entre los árboles.

Las sombras se movieron.

Y durante unos minutos reinó una tranquilidad casi agradable.

Hasta que Nerea sintió algo.

Un tirón.

Una sensación extraña.

Como si alguien hubiera pronunciado su nombre desde muy lejos.

Se puso de pie inmediatamente.

Miró a su alrededor.

Nada.

Solo oscuridad.

Solo árboles.

Solo silencio.

—¿Qué ocurre?

Preguntó Eryan.

Nerea no respondió.

Porque volvió a sentirlo.

Más fuerte.

Esta vez acompañado por una imagen.

Una visión.

Breve.

Violenta.

Un destello apareció en su mente.

Vio un océano negro.

Un cielo cubierto de estrellas desconocidas.

Y una figura gigantesca dormida bajo las aguas.

Tan enorme que su tamaño resultaba imposible de comprender.

Nerea sintió que la criatura abrió un ojo. Solo uno.

Y la miró.

Directamente a ella.

El terror la atravesó por completo.

La visión desapareció.

Nerea cayó de rodillas.

Respirando agitadamente.

Eryan corrió hacia ella.

—¡Nerea!

Ella levantó la vista.

Todavía temblando.

—Lo vi.

—¿Qué viste?

Nerea intentó encontrar palabras.

Pero ninguna parecía suficiente.

—Algo.

Eryan frunció el ceño.

—¿Algo qué?

Ella tragó saliva.

Y respondió con sinceridad.

—No lo sé.

Y eso era precisamente lo peor.

Porque nunca en su vida había sentido tanto miedo. Ni siquiera cuando descubrió que era la Muerte. Ni siquiera cuando perdió a Daniel.

Ni siquiera cuando perdió a Adrián.

Aquello era diferente.

Aquello era antiguo.

Primordial.

Como si hubiera contemplado algo que no estaba destinado a ser visto.

Entonces ocurrió.

Las grietas del cielo brillaron nuevamente.

Más intensamente que nunca.

El bosque entero quedó iluminado.

Durante apenas un segundo.

Pero fue suficiente.

Porque en ese instante ambos pudieron ver algo. Una sombra.

Gigantesca.

Moviéndose detrás de las grietas.

Al otro lado.

Como si hubiera algo observándolos desde más allá de la realidad.

La luz desapareció.

Y la sombra también.

El silencio regresó.

Nerea sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Eryan estaba tan pálido como ella.

Porque él también lo había visto.

Ya no era una visión.

Ya no era una sospecha.

Ya no era una leyenda.

Había algo detrás de las grietas.

Algo que estaba despertando.

Y acababa de abrir los ojos.