Donde el mar nos desnuda Capítulo 33 Miedo al futuro
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Capítulo 33 Miedo al futuro

El tobillo de Daniel se hinchó considerablemente durante la noche.

Al día siguiente apenas podía apoyar el pie, por lo que se quedaron en la habitación del hotel.

Armando había improvisado una bolsa de hielo y lo obligaba a mantener el pie en alto.

Sin embargo, el dolor físico era solo una pequeña parte de lo que Daniel estaba sintiendo.

Estaba sentado en la cama, con la espalda contra la cabecera, mirando por la ventana hacia el mar. Su expresión era distante, casi ausente. Armando, sentado a su lado, lo observaba con preocupación.

—¿Quieres hablar de ello? —preguntó con suavidad.

Daniel tardó casi un minuto en responder.

—Todo esto me está cayendo encima de golpe —dijo finalmente, con la voz ronca—.

La lesión, aunque sea menor, me recordó lo frágil que es todo.

En Monterrey entreno seis horas al día. Si tengo una lesión así allá, mi entrenador me va a matar.

Podría perder la competencia estatal. Y si pierdo eso… ¿qué me queda?

Se pasó una mano por el rostro, angustiado.

—Mi vida allá es como una jaula muy bien decorada.

Entrenamientos, competencia, familia, estudios…

Todo está planeado. Nadie sabe quién soy realmente.

Mi padre sigue haciendo comentarios homofóbicos como si nada.

Mi madre solo pregunta por las notas y por si estoy comiendo bien.

Si regreso y les digo que estoy con un hombre… todo se va a derrumbar.

Armando tomó su mano, pero Daniel continuó, con la voz cada vez más quebrada:

—Y luego estás tú. Me propusiste mudarte a Monterrey por mí.

Eso me aterra, Armando. ¿Qué clase de vida te puedo ofrecer?

¿Un departamento pequeño donde tenga que esconderte cuando mi familia vaya a visitarme?

¿Mentir cada vez que salgamos? ¿Ver cómo sacrificas tu vida en Oaxaca por alguien que ni siquiera puede ser honesto con su propia familia?

Daniel sintió que las lágrimas comenzaban a caer.

—Tengo miedo de arrastrarte conmigo. Miedo de que en seis meses te des cuenta de que mi vida es demasiado complicada y termines resentido. Miedo de no ser suficiente para ti fuera de esta playa. Aquí es fácil querernos. Allá… todo es más difícil.

Armando lo escuchaba en silencio, con el corazón apretado. Cuando Daniel terminó, habló con voz calmada pero firme:

—Entiendo tu miedo. Es válido. Pero déjame decirte algo: no estoy enamorado de la versión fácil de ti. Estoy enamorado de todo lo que eres, incluyendo tus miedos y tus complicaciones. Sé que Monterrey no va a ser como Zipolite. Sé que habrá momentos difíciles. Pero también sé que quiero intentarlo.

Daniel negó con la cabeza, llorando abiertamente ahora.

—¿Y si no puedo? ¿Y si soy demasiado cobarde para salir del clóset? ¿Y si te fallo?

Armando lo atrajo hacia su pecho y lo abrazó con fuerza mientras Daniel sollozaba.

—Entonces lo intentaremos hasta donde podamos. Pero no tomes decisiones por los dos basadas solo en el miedo. Yo también tengo miedo. Miedo de dejar mi vida en Oaxaca, miedo de no encajar en tu mundo. Pero estoy dispuesto a enfrentarlo. La pregunta es… ¿tú estás dispuesto?

Daniel se quedó en silencio, abrazado a él, con el tobillo palpitando y el corazón hecho un nudo.

Por primera vez, el futuro no se sentía como una promesa. Se sentía como un precipicio.

Y Daniel no sabía si tenía el valor de saltar.