Capítulo 7 Habitación 12
Pasada la una y media de la madrugada, Daniel decidió que ya había tenido suficiente baile y alcohol.
Su cabeza daba vueltas ligeramente y su cuerpo ardía de excitación acumulada.
Mientras caminaba por la orilla hacia su hotel, sintió pasos detrás de él.
Se giró y vio a un chico que había estado bailando cerca de él casi toda la noche.
Era alto, de piel cetrina, cabello negro ondulado y ojos oscuros. Tenía un cuerpo tonificado, con vello en el pecho y una sonrisa segura. Daniel recordaba que le había dicho que era italiano.
—Marco —se presentó el chico, alcanzándolo—. Bueno, en realidad soy Matteo. Todos aquí me llaman Marco por confusión.
Daniel sonrió, todavía bajo los efectos del alcohol.
—Yo soy Daniel.
—Lo sé. No he dejado de mirarte en toda la noche —dijo Matteo con acento marcado y seductor—. ¿Vas a tu hotel?
—Sí.
—¿Solo?
Daniel lo miró directamente a los ojos. El deseo seguía latiendo fuerte en sus venas.
—No tiene por qué ser solo.
Matteo sonrió y caminaron juntos. Apenas entraron en la habitación 12 del hotel “Mar y Libertad”, la puerta apenas se cerró cuando Matteo lo empujó contra ella y lo besó con hambre.
Sus lenguas se enredaron de inmediato, con sabor a alcohol y deseo.
Las manos del italiano recorrieron el torso desnudo de Daniel hasta llegar a sus glúteos, apretándolos con fuerza por encima del short.
—Madre mía… este culo me volvió loco toda la noche —murmuró Matteo contra sus labios.
Daniel lo tomó de la mano y lo llevó hasta la cama. Se quitó el short de un solo movimiento, quedando completamente desnudo y erecto. Matteo se desnudó con rapidez, revelando un pene largo y ligeramente curvado hacia arriba, ya completamente duro.
Matteo lo empujó sobre la cama boca abajo. Daniel quedó con el pecho contra el colchón y los glúteos elevados. El italiano se arrodilló detrás de él y separó aquellas nalgas firmes y redondas con ambas manos.
—Qué espectáculo —susurró antes de hundir su cara entre los glúteos.
Su lengua atacó directamente el ano de Daniel, lamiendo con avidez, penetrando con la punta y succionando.
Daniel gimió fuerte y empujó hacia atrás, buscando más contacto.
Matteo comía su culo con verdadera pasión, alternando lamidas largas y profundas con pequeños mordiscos en la carne musculosa de sus glúteos.
Después de varios minutos, Matteo se incorporó, tomó un preservativo de su bolsillo y se lo colocó. Untó su pene con lubricante y colocó el glande contra la entrada aún húmeda de Daniel.
—Quiero follarte fuerte —advirtió.
—Hazlo —respondió Daniel, con la voz ronca.
Matteo entró de un solo empujón profundo. Daniel soltó un gemido largo y gutural al sentir cómo aquel pene largo lo abría por completo. Apenas le dio tiempo de adaptarse antes de que Matteo comenzara a follarlo con embestidas rápidas y potentes.
El sonido de piel contra piel llenaba la habitación: el slap slap slap constante de las caderas de Matteo chocando contra los glúteos firmes de Daniel. Cada embestida era profunda, casi violenta. Matteo lo sujetaba de las caderas con fuerza, tirando de él hacia atrás mientras lo penetraba.
—Más duro… —suplicó Daniel, con la cara hundida en las sábanas.
Matteo obedeció. Cambió de posición, colocando una pierna de Daniel sobre su hombro y follándolo de lado. Desde este ángulo golpeaba directamente su próstata con cada estocada. El pene de Daniel, atrapado entre su abdomen y la cama, soltaba precum sin parar.
Matteo lo giró luego boca arriba, le levantó las piernas y volvió a penetrarlo profundamente. Ahora podían mirarse a los ojos mientras follaban. El italiano sudaba, sus músculos tensos, y embestía sin piedad. Daniel se masturbaba al mismo ritmo, con la mano moviéndose rápido sobre su pene grueso.
—Voy a correrme —avisó Daniel entre gemidos.
—Hazlo. Quiero verte.
El orgasmo de Daniel fue intenso. Su ano se contrajo fuertemente alrededor del pene de Matteo mientras gruesos chorros de semen salían disparados, cayendo sobre su propio pecho y abdomen. Su cuerpo entero se tensó y tembló.
Matteo aceleró aún más, follándolo con fuerza bruta hasta que también llegó al clímax. Se enterró hasta el fondo y se corrió dentro del condón con un gruñido ronco, pulsando varias veces.
Se dejó caer sobre Daniel, ambos respirando agitadamente. Después de un minuto, Matteo se retiró, se quitó el condón y lo tiró. Besó a Daniel en los labios de forma más suave y se quedó acostado a su lado unos minutos, recuperando el aliento.
—Eres increíble —dijo Matteo—. Ese culo es una maravilla.
Daniel sonrió débilmente, pero no respondió. Cuando Matteo se levantó, se vistió y le preguntó si quería que se quedara a dormir, Daniel negó con la cabeza.
—Prefiero descansar solo —dijo con amabilidad.
Matteo lo entendió, le dio un último beso y se marchó.
La habitación quedó en silencio, solo interrumpido por el sonido lejano de las olas. Daniel seguía desnudo sobre la cama, con semen propio secándose en su pecho y el ano palpitando por la intensa follada recibida.
Se levantó, se duchó lentamente y volvió a la cama. El placer físico había sido muy fuerte. Matteo sabía lo que hacía y su cuerpo había respondido con entusiasmo.
Sin embargo, mientras apagaba la luz y miraba el techo oscuro, volvió a sentirlo: ese mismo vacío profundo que ya empezaba a hacerse familiar.
Había tenido dos encuentros intensos en un mismo día. Había sido deseado, tocado, follado con fuerza. Su cuerpo había sido el centro de atención toda la noche.
Y aun así… se sentía más solo que cuando llegó.
Daniel se giró hacia un lado, abrazando la almohada, y cerró los ojos.
Zipolite le estaba dando exactamente lo que había pedido.
Pero empezaba a sospechar que no era lo que realmente necesitaba.