Donde duermen los secretos Capítulo 55
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Capítulo 55

—¡Mikel! —dice Martina a través de la puerta de la granja.

—¡Mikel! ¡Estoy aquí! ¡Abre! —grita fuerte.

La granja sigue sin tener timbre en la entrada y todos los que van deben dejarse la garganta.

Mikel se encuentra tumbado en el sofá, dormido. El móvil que quedó sobre la barriga después de la última copa le comienza a sonar y, sin abrir los ojos, lo palpa, molesto de que le haya interrumpido el sueño.

—¡Mikel! ¡Abre, por favor! —grita Martina de nuevo.

La llamada se acaba y Mikel alcanza a escuchar la voz de Martina. Gira el móvil aletargado sospechando que puede ser ella y está en lo cierto.

Martina entra. Hace unos días le entregó las llaves de la granja para que pudiera venir cuando ella quisiera. Los pasos llegan hasta la puerta.

—¡Espera, Martina! —grita Mikel aterrado al caer en la cuenta de que podría encontrarse con las ovejas muertas.

Ella se detiene al escucharlo.

Mikel se deja caer del sofá y avanza hacia la puerta gateando, incapaz de mantenerse en pie. Sujeta el pomo hasta que, con gran dificultad, abre la puerta.

Martina lo mira sorprendida.

—Mikel, ¿qué te pasa? —dice ella al verlo sentado sobre sus pies como si estuviera rezando.

Él se da la vuelta avergonzado.

—Hoy no es un buen día, Martina.

—Pero me dijiste que hoy me enseñarías a ordeñar.

—Lo sé.

—Mi madre y Graciela también te esperan para que les ayudes en el albergue cuando acabe la procesión —le dice Martina, recordando que le ha dicho que no entretenga mucho a Mikel para que pueda llegar a tiempo.

—No puedo. Quiero que te vayas.

Martina, en vez de hacerle caso, se sienta en el suelo junto a él.

—¿Qué te pasa?

Apoya la mano sobre el corazón de Mikel para calmar su ansiedad.

—Me lo puedes decir.

La mira unos segundos con los ojos rojos y hundidos.

—¿Estás borracho?

Mikel sigue en silencio.

—Déjame ayudarte. Vamos al sofá.

Martina se levanta y tira de su mano para poder levantarlo.

—Déjalo, Martina. No me merezco que estés aquí.

—Sí que te lo mereces. Tú me ayudaste y no me pienso ir. Levántate, estaremos más cómodos.

—Me da… vergüenza… que me veas así —le dice trabándose.

—Venga, vamos.

Martina insiste tirando de él y Mikel cede, impulsándose para ayudarla a no cargar con tanto peso. Llegan hasta el sofá gracias a la ayuda de Martina, que lo sujeta por el brazo hasta dejarlo sentado.

Mikel deja caer la cabeza sobre el respaldo y cierra los ojos porque todo le da vueltas. La botella de whisky la ha dejado seca.

—¿Quieres que te prepare algo?

—No. No podría beber ni comer nada ahora mismo.

—Está bien, me quedaré aquí sentada contigo.

—Deberías marcharte, tu madre te echará en falta.

—Le he dicho que venía. Pero te esperaba más tarde. Espera, la llamaré para decirle que te encuentras mal. Pero tranquilo, no le diré la verdad —le dice Martina cogiendo el móvil.

Martina se aparta con el teléfono y habla unos instantes en voz baja con ella. Al colgar, regresa al salón y ve a Mikel tiritar. Va a buscar una manta, la despliega y lo cubre con delicadeza.

—Gracias.

—Mikel, no sé qué te pasa. Me importas y no quiero verte haciéndote daño.

Él abre los ojos, conmovido por la mirada inocente de Martina.

—Lo siento. Siento que me tengas que ver en este estado.

—Mikel, tú no tienes la culpa de lo que le pasó a Alizia. Lo sé.

—No lo puedes saber.

—¿Estás así por ella?

—No lo sé. Tal vez sea… —Se detiene, tan solo tiene a una niña de doce años frente a él—. No tengo excusa, Martina.

—Tienes que saber lo que vio Alizia aquel día. Creo que la respuesta está ahí.

—Intento buscarla, te lo juro, pero cada paso que doy… déjalo, Martina. Te dije que quería que te mantuvieras lejos de todo esto. Y debes hacerme caso.

—Entonces, prométeme que vas a buscar la verdad.

Mikel se queda en silencio antes de poder responderle.

—Prométemelo, Mikel. Prométeme que no te vas a volver a hacer daño y que vas a buscar la verdad.

Él siente una punzada en el corazón al escuchar las palabras de Martina que le llevan a recordar las palabras que repetía junto a Andrea como si fuera un mantra: Si no te importa morir, sigue por el camino que llevas, pero si hay algo dentro de ti que aún lo desea, lucha por tu vida.

Te estás muriendo poco a poco, Mikel, y no hay peor muerte que la que se provoca uno mismo.

Esta atormenta el alma sin dejar descanso ni siquiera a los muertos.

Se repite en su cabeza como si Andrea estuviera a su lado.

—Te lo prometo —le dice mirándola a los ojos.