Capítulo 35
—Espera, déjame a mí —le dice Ara colocándole el cuello de la camisa.
—No me queda bien, mamá.
El tiempo apremia. Tan solo tiene media hora para decidirse. Lizer e Ixeia lo esperan para cenar.
—Es que no me gustan las camisas.
—Lo sé, hijo. —Ara rebusca en la poca ropa que hay en el armario—. Esta verde te quedaría bien.
Mikel ni la mira. Lo que sí mira es el reloj de su muñeca y después, hacia la ventana. La tormenta y el aire siguen azotando fuerte. Su hermana está de vuelta a Laruns y le había prometido que le avisaría al llegar a casa.
—Tranquilo, tu hermana sabe apañárselas sola. No es la primera vez que conduce bajo un temporal así. —Ara coge un pantalón chino azul—. Te combina bien.
—Que no, mamá. Un suéter también me quedaría bien con este pantalón.
—Eso es lo que llevas siempre. Podrías arriesgarte un poco, hijo.
Mikel siente que su madre tiene razón. Debe estar a la altura e ir elegante a esa cena. Es Lizer.
Va hacia el armario, coge una camisa tejana que cuelga de una percha de madera. También coge un pantalón chino en tonos verdosos.
Se mira al espejo.
—Estás guapo —le dice su madre dejando ir una sonrisa cariñosa.
Ara lo deja solo para que acabe de arreglarse. Antes de salir de la habitación se detiene a mirarlo. No se cree que vuelva a estar en casa.
Mikel se ajusta el cinturón marrón y coge la chaqueta.
—¡Mamá! ¿Dónde estás? —dice bajando las escaleras.
—En la cocina. —Alza la voz su madre para que lo escuche, el ruido de la campana le ensordece.
Entra y se despide de ella con un beso en la frente.
—Llévate el paraguas. Está en la entrada. El de color negro es el más grande y robusto.
—No servirá de nada. Sopla el aire demasiado fuerte. Además, tengo el coche en la iglesia.
Mikel vuelve a mirar el móvil, está preocupado por su hermana. Nada.