Donde caen los reyes (Ofem 1) Capítulo 71
92%

Capítulo 71

Archer

El calabozo seguía exactamente igual que cuando me encerraron: oscuro, sucio y con un olor a humedad que te removía el estómago. El suelo roto, un único rayo de luz que entraba por un pequeño agujero que hacía la función de una ventana…

Todo seguía igual y, en cambio, todo había cambiado.

El sonido de mis pasos hizo que el único prisionero alzara sus rostro detrás de los barrotes.

Me tensé al ver sus ojos sobre mí, pero me obligué a seguir avanzando hasta posicionándome enfrente de él.

—Archer.

No sabría decir si fue un susurro o un pequeño grito ahogado con mi nombre. En cualquiera de los dos casos, sonaba a traición .

Estaba hecho un asco. Tenía la barba más larga que de costumbre, el rostro manchado y las ojeras se le marcaban de una manera exagerada. El conjunto de todo lo hacía parecer más viejo, incluso.

—Thomas —mi voz sonó más distante de lo que esperaba, en un tono que nunca había utilizado con él.

Me recorrió de arriba a abajo con la mirada perdida.

—Vas a ser rey —dijo, soltando una risa triste—. Qué irónico.

Alcé una ceja.

—¿Irónico que me mintieras obedeciendo las órdenes de tu rey y ahora vaya a serlo yo?

Aunque traté de dejar ir la pregunta con mordacidad, no pude evitar que se colara el rechazo que me provoca aquello.

«Voy a ser rey».

Y una mierda.

Thomas apartó la mirada.

—Sí. Es irónico —escupí.

Tal y como esperaba, no contestó.

No sabía por qué me encontraba hablando con él, no se lo merecía. Dejó que Mel se fuera sola a una muerte segura. Él sabía que iba a morir, él sabía lo que me importaba, todo lo que había hecho, y sin embargo, la dejó ir.

Y sí, me había engañado de la manera más retorcida que existía, pero no era eso lo que más me cabreaba. Yo acepté. Me sacrifiqué por él y me entregué a los guardias sin mirar atrás. Y lo hice con una única esperanza, que tanto él como ella se salvaran.

Y el muy capullo la dejó irse.

—No te mereces clemencia. —Inspiré profundamente—. No te mereces nada.

Era casi gracioso ver a un hombre tan grande como él temblar. Pero no me hizo ninguna gracia, porque no era un hombre cualquiera, era Thomas.

—Eras el único en quien confiaba —dije, como si él no fuera consciente de ello—. Llegué a verte como a un padre.

Noté las lágrimas que luchaban por salir a la luz. No las dejé. No quería que viera mi dolor.

—Lo siento. —Su voz era débil, apenas audible.

Me acerqué hasta tocar los barrotes de metal con el pecho.

—Tus disculpas no hubieran servido de nada si ella hubiera muerto.

Deslizó una mano por su sucio rostro. Su expresión dejaba ver el miedo, el arrepentimiento… Pero eso no me servía de nada.

—Intenté detenerla. Le dije que…

—Dijeras lo que dijeras no fue suficiente. —Lo detuve—. Sabías lo que significaba para mí. ¡Joder, lo sabías todo!

—No podía seguirla. Esa chica es una cabezota y…

—Mentiste. Otra vez.

—Chico, yo… ¡Lo siento!

Varias lágrimas se escaparon de sus ojos inyectados en sangre. Algo se removió en mi interior, fue como si cortaran una parte de mi corazón.

—No tenía otra opción —añadió finalmente.

Estampé mi mano contra uno de los barrotes con fuerza. Thomas se estremeció.

—Siempre hay opción, Thomas .

—Joder. —Se limpió con torpeza las lágrimas—. ¿Crees que no me siento mal? ¿Crees que no me sentí un cabrón al dejarla ir sabiendo tu insana obsesión por ella?

—Tienes razón en una cosa. —Hice una pausa—. Eres un cabrón.

Frunció el ceño.

—No todo fue mentira, Archer. Lo sabes.

—Ya no estoy seguro de qué cojones es real —me sinceré.

Pasamos unos segundos en silencio. Fue un castigo para ambos. Para mí, por haber confiado en él y para él, por sus actos.

—Pareces un rey —murmuró entonces.

Lo miré con dureza.

—No soy un rey.

Aunque por lo visto, ahora tenía poder sobre él. Si quisiera que sufriera, sufriría. Pero no iba a hacerle nada, porque por mucho que lo odiara, seguía siendo Thomas. Y sin él no habría pasado de los diez años de edad.

—¿Me matarás? —preguntó, y aunque trató de sonar firme, su voz delató el verdadero terror que sentía.

Quería una respuesta, saber qué es lo que le vendría encima. Pero eso sería un privilegio, uno que no se merecía.

—No mereces saber tu destino. Pero me duele que pienses que sería capaz de matarte.

Su pecho se encogió y supe que se arrepentía de su pregunta.

—Debí morir a manos de tu padre, no tuyas —contestó.

Traté de contener el estremecimiento y me encogí de hombros.

—Como dijiste antes —suspiré—. Resulta irónico .

No podía seguir mirándolo. No podía seguir en el palacio sabiendo que él estaba aquí, que estaba cerca de nosotros. Me giré, incapaz de seguir mirándolo a la cara.

—Te libero —anuncié—. Pero no quiero volver a verte.

Escuché su débil balbuceo tras de mí.

—¿Me… me perdonas la vida?

Apreté los puños.

—Sí —Empecé a caminar hacia la salida—. Thomas Smith, quedas libre de tu condena.

Llegué a la puerta, pero antes de cruzarla, me detuve. Respiré profundamente.

—Arch…

—No volverás a dirigirte a mí o a Melody SinClair. Desaparecerás de mi vista. Porque, si vuelvo a verte, no tendré piedad.

Y su respuesta se clavó sobre mi corazón de la manera más dolorosa posible.

—Sí, su majestad.

Cerré la puerta a mis espaldas. Y con ella, años de mentiras.