Capítulo 70
Melody
Observé su cuerpo, ahora tendido en una cama con sábanas de seda. Su piel, anteriormente magullada, se encontraba mucho mejor. Seguía siendo demasiado pálida pero los moretones habían desaparecido casi en su totalidad.
Seguía sumida en un sueño, con los párpados cerrados.
—La dejaré sola con ella —dijo la princesa.
Me volví hacia Odilia, que permanecía bajo el umbral de la puerta. Tal y como prometió, me ayudó a sacar a mi hermana del hospital.
Me sequé con el brazo la lágrima que caía por mi mejilla y asentí. Los ojos verdes de Odilia me observaron un segundo más y se marchó.
Sloane y yo quedamos solas dentro del gran dormitorio. No pude evitar pensar que le encantaría este lugar, lleno de riquezas y elegancia. Casi parecía hecho a medida para ella .
Me senté sobre el colchón, junto al cuerpo de Sloane.
Por mucho tiempo que llevara en este estado, seguía siendo la más hermosa de las dos.
Tal y como sospechaba, Edward canceló la boda. Me presenté en su casa y le pedí explicaciones. Su única respuesta fue que no podía casarse con alguien que estaba al borde de la muerte.
Tuve que retener mis ganas de abalanzarme sobre él.
Pero lo prefería así. Tal vez la noticia entristeciera a mi hermana al despertar, pero hubiera sido mucho peor que se hubiera casado con ese imbécil.
Ella podía optar a algo mucho mejor, merecía más.
Alguien que la amara independientemente de su riqueza.
Alguien que la viera como yo lo hacía; una mujer con corazón que deseaba dar amor a una casa.
Ese era el sueño de Sloane, más allá de la fortuna, más allá de las apariencias.
Lo que más ansiaba era tener hijos y formar una familia.
Y lo haría. Estaba segura de que despertaría y, cuando lo hiciera, yo estaría aquí para explicárselo todo, para que llorara sobre mi hombro y, más tarde, para que decidiera seguir adelante.
Quizá ella quisiera conocer a Laureen. Yo, por mi parte, necesitaba más tiempo. Algo dentro de mí me impedía reunirme con ella y no pensaba forzarme.
Phil me dijo que había pedido hablar conmigo tres veces. Pero, dada mi petición de estar sola, se las negaron todas.
Si había pasado tantos años sin saber nada de mí, podría aguantar hasta que yo estuviera preparada.
Alargué mi mano y coloqué la yema de mis dedos sobre la mejilla de Sloane. Su piel seguía siendo increíblemente suave y no pude evitar soltar una risa baja.
—Hola, hermana. —Sonreí entre lágrimas—. Tengo que explicarte muchas cosas.