Capítulo 69
Archer
Yo no era ningún príncipe, mucho menos un rey. No había dejado de ser el hijo de los Kensington. Archer. Mi nombre era Archer. Mi padre lo eligió en honor a su oficio. Pero no era ningún rey.
Todos pretendían que lo fuera, que ejerciera como tal. Pero no lo era.
¿Y todo había sido parte de una maldición? Joder. Los años que pasé en silencio fueron por culpa de esos hijos de puta. Si no me los hubiera cargado ya, lo estaría haciendo ahora.
Me apoyé contra la pared y deslicé una mano sobre mi rostro. El espejo del dormitorio se encontraba frente a mí, como si los Dioses de Ofem lo hubieran puesto ahí a propósito, como si quisieran que observara mi reflejo en ese mismo instante .
Mi vestimenta no era mía. Joder, si hasta mi rostro parecía el de otro.
Pero no era de la realeza.
Siempre había tenido claro mi objetivo, siempre había seguido mi promesa y, por supuesto, siempre había deseado. Pero nada de eso tenía que ver con ser rey.
Odilia no paraba de perseguirme como una mosca cojonera. Las únicas palabras que salían de su boca era: «Tienes que hablar conmigo». o «Vas a tener que empezar a ejercer tu cargo». y, mi favorita: « Es tu deber».
¿Deber? Yo nunca había tenido ningún deber más que dar con Melody.
El último par de días había conseguido evitarla la mayor parte de las veces.
Pensad lo que queráis de mí, pero esa cría no era mi hermana.
Daba igual que nos hubiera ayudado a resolver el Caso Cenit, me era indiferente que hubiera traicionado a su familia.
Odilia Eldermort no era mi hermana porque yo no era ningún Eldermort.
Ese nombre me repugnaba tanto que apenas podía pensarlo sin sentir náuseas.
Salí del dormitorio y me dirigí a los grandes jardines de palacio. Lo único que me ayudaba además de un trago de ron era un poco de aire fresco.
Me senté sobre el muro. Había estado buscando el mejor lugar para observar el cielo nocturno, y este resultaba ser el único que me convencía. El aire corría con delicadeza sobre la poca piel que me quedaba expuesta. Miré atentamente las estrellas.
Recordé las noches en las que las había contado sin cesar cuando era un niño, como si hacerlo fuera hacer que me devolvieran la voz. Se me escapó una risa amarga .
Sin embargo, ahora era incapaz de concentrarme en ellas. Todos mis pensamientos volvían a aquella jodida situación.
Los Eldermort habían estado buscando a Donald SinClair y yo a su hija… Qué irónico.
Mientras ellos pedían informes a Thomas sobre el Caso Cenit para encontrar al hombre que había secuestrado al heredero…
Yo estaba allí. Frente a ellos.
Me metí en la boca del lobo, literalmente.
La traición de Thomas dolía más que cualquier otra cosa. Al final, la única persona que jamás me había fallado era Mel.
Dirigí mi mirada hacia su balcón. La luz de sus aposentos seguía encendida. Habían sido muchas las veces que me había detenido frente a su puerta los últimos cuatro días. Y las mismas en las que me retiré sin llamar.
Quería hablar con ella. Quería verla de nuevo. No soportaba la pared que nos separaba. Pero tenía que estar ahí. Porque ya le había hecho demasiado daño, y no podía seguir haciéndolo.
Pasé años buscando informes, deambulando por el reino, vigilando de lejos como un paranoico… Fueron muchas las veces en las que estuve a punto de dar con ella. Y fue el día menos esperado cuando la encontré.
Si tan solo hubiera sido capaz de dejarla ir…
Pero no pude.
No tendría que haber huido.
No tendría que haberla encontrado.
No tendría que haber incendiado mi casa.
No tendría que haber existido .
La lista de las personas que había matado era demasiado larga. Y en la de las personas a las que había herido… solo había un nombre: Melody SinClair.
La misma Melody SinClair que prometí proteger, la misma que me juré no abandonar jamás.
Supongo que las historias nunca terminan como esperamos. Y mi historia no iba a tener un final feliz.
Porque cuando era un niño me dije que la protegería; era un estúpido que creía que conseguiría ser su caballero de brillante armadura.
Y sin embargo, había acabado siendo el peor de los villanos.