Capítulo 63
Archer
Sus ojos se cerraron.
—Mel .
La sujeté con más fuerza entre mis brazos y la zarandeé con cuidado.
—Melody —la llamé—. Mel.
No reaccionaba.
Sentí cómo se me caía el alma a los pies. Los latidos de mi corazón empezaron a retumbar con fuerza contra mi pecho.
—¡Melody!
Pero no había forma. La sangre seguía brotando de la herida de su pierna, deslizándose entre las grietas de la piedra hasta formar un charco oscuro a nuestro alrededor.
El pánico me sobrecogió.
Alcé la cabeza hacia los Eldermort con la respiración entrecortada.
—¡Necesita un médico! —grité, incapaz de ocultar el temblor de mi voz.
Charlton observó la escena con una tranquilidad enfermiza, como si aquello fuera lo más entretenido del mundo. Todos nos miraban pero nadie hacía nada. A nadie le importaba.
—Joder. ¡Escúcheme! —volví a gritar—. ¡Se está desangrando!
El hijo de puta de Charlton chasqueó los dedos y dos guardias avanzaron de inmediato. Los miré alternativamente, confuso.
—Llevadlos al calabozo —les ordenó.
Fruncí el ceño.
—¿Qué…?
—Que alguien cure esa pierna antes de que se desangre.
Hizo una pausa, esbozando una sonrisa.
—No demasiado, claro.
No quería que muriera, o al menos, no todavía. ¿Por qué?
—Traed a uno de los sanadores de la prisión —añadió con total indiferencia—. Con que consiga mantenerla con vida será suficiente.
Los guardias me arrancaron a Melody de los brazos antes de que pudiera impedirlo.
—¡No!
Me abalancé sobre ellos, pero alguien me golpeó en el estómago y caí de rodillas, sin aire en los pulmones. Mientras me inmovilizaban, solo pude verla alejarse: inconsciente y cubierta de sangre.
«Mierda, mierda, mierda».
Traté de zafarme del agarre de los guardias, pero mis esfuerzos fueron en vano. El murmullo a nuestro alrededor aumentó, volviéndose insoportable.
Fue entonces cuando mi mirada se encontró con un hombre de ojos azules y cabello pelirrojo.
—¿Gray? —pregunté, aunque no llegó a escucharme.
Lo siguiente que sentí fue otro golpe en el costado. Me doblé, aún sostenido por los guardias, y me arrastraron hasta la escalinata.
El rey Vance bajó los escalones uno a uno con una lentitud exasperante. Tras de él se encontraba el resto de la familia real. La mirada de la princesa se encontró con la mía, pero no vi un rasgo de humanidad en ella.
Me había ayudado anteriormente. ¿Por qué coño parecía tan tranquila?
Su padre llegó hasta mí. Colocó su mano en mi barbilla y me obligó a alzar la cabeza. Apreté los dientes y gruñí mientras me observaba con un claro desdén.
—Nos ha dado más problemas de lo esperado, joven Kensington —dijo, ladeando ligeramente la cabeza—. ¿No cree que debería ser castigado por ello?
—¡Ha hecho la puta prueba! —rugí—. Melody ha ganado.
Asintió.
—Sí. Lo ha hecho. Y por eso sigue viva —continuó—. Sin embargo, nadie ha hablado de que no pueda recibir otro castigo.
¿Que… qué?
La sangre me empezó a hervir. Debería haber sabido que esos hijos de putas tenían un as bajo la manga. Aquella gente no mostraba piedad, tan solo machacaba aquello que se interponía en su camino.
Pero pensar que Melody recibiría las consecuencias era insoportable.
—No la toque.
Las palabras salieron afiladas de mis labios.
El rey sonrió en respuesta, como si mi comentario fuera de lo más estúpido. Yo, en cambio, solo tenía ganas de arrancarle la cabeza y lanzarla a la otra punta de la plaza.
—Como ya le han informado, nuestro sanador será quien se encargue de que permanezca con vida.
Permanezca con vida; nada más.
Sentí un vuelco en el estómago. Aquellas palabras no significaban que fueran a dejarla en paz. Solo que no permitirían que muriera. Todo lo demás… Todo lo demás seguía estando permitido.
El rey retiró la mano de mi barbilla con una calma exasperante y observó mi desesperación con una satisfacción apenas disimulada.
Entonces lo supe: eso era lo que buscaba. No le importaba hacerme daño a mí, sino hacer que contemplara, impotente, cómo destruían a la única persona que me importaba.
—Debería haberse mantenido al margen, Archer —murmuró, lo suficientemente bajo como para que yo fuera el único que lo escuchara—.
Nunca debió tratar de encontrar algo que estaba fuera de sus manos.
Lo único que ha conseguido con ello es que la señorita SinClair entrara en un juego que no le correspondía.
Los latidos de mi corazón se detuvieron.
Hijo de puta .
Apreté los dientes con tanta fuerza que llegué a sentir dolor.
—¿Sabe qué es lo mejor de todo? —continuó, rebosante de satisfacción.
No contesté. El único sonido que lo siguió fue el murmullo del público, rompiendo el grito del aire.
—Que ella también terminará comprendiendo que, si hoy está aquí, es porque usted la trajo.
Eso fue todo lo que necesité para abalanzarme sobre él. Los guardias reaccionaron al momento y me sujetaron más fuerte, obligándome a caer de rodillas con un golpe seco contra la piedra.
Aun así, seguí forcejeando.
—¡Hijo de puta!
Lo iba a matar. No sabía cómo, pero iba a hacerlo. Iba a asegurarme de que no quedara rastro de él ni de su hijo en este puto reino.
—He de admitir que ha sido ridículamente sencillo. No solo lo hemos retenido a usted, también conseguimos que la señorita SinClair viniera por voluntad propia, convencida de que podría sacrificarse para salvarlo.
Dejó escapar una risa baja.
—Dos pájaros de un tiro.
Palidecí.
—El amor vuelve extraordinariamente predecibles a las personas.
—Te mataré…
—Debió hacerle caso a su amigo Thomas —añadió, dándome la espalda .
Escupí sangre sobre la piedra mientras un mareo amenazaba con hacerme perder el equilibrio.
El rey ascendió un par de escalones y, cuando estuvo de nuevo frente a la multitud, levantó una mano. La plaza entera enmudeció.
—Pueblo de Banglad… —Su voz retumbó por toda la plaza—. Por conspiración contra la Corona y traición al reino…
Hizo una pausa. Sus labios se curvaron.
—Condeno a muerte al joven Archer Kensington.