Donde caen los reyes (Ofem 1) Capítulo 59 #2
78%

Capítulo 59 #2

Retomé el paso, caminando con el mentón mirando al suelo empedrado.

Con algo de suerte, llegaría hasta alguna de las entradas al palacio sin que nadie me viera.

Mi objetivo era atravesar la gran plaza que daba la bienvenida a la escalinata del palacio.

Me mentí a mí misma, diciéndome que se trataba de una tarea sencilla .

Retiré cualquier tipo de pensamiento negativo de mi mente como, por ejemplo, que ya había firmado mi sentencia de muerte.

De repente, un gran murmullo recorrió la plaza y miles de gritos impactaron contra mis oídos de forma brutal. Volví mi atención hacia la escalinata, en la que acababan de aparecer ambos hermanos: Charlton y Odilia Eldermort.

Dieron un paso al frente, acompañados de una gran sonrisa sobre sus rostros. La de Charlton era segura de sí misma y satisfecha, la de Odilia, en cambio, resultaba más bien escalofriante.

Esa era su tapadera; el modo en el que había conseguido que la familia real la subestimara. Su sonrisa iba un paso por delante de las demás, aunque todos la confundieran con una sonrisa perfecta.

El príncipe alzó la voz, reteniendo todas las miradas de los allí presentes .

—Damas y caballeros. —Su emoción sobresalía en cada una de sus palabras—. ¡Bienvenidos al primer juicio de la última década de Banglad!

Los aplausos estallaron sin contención, a la vez que varios silbidos y chillidos de emoción. Me entraron arcadas.

—En primer lugar, me gustaría agradecerles su presencia. Valoramos enormemente el apoyo de nuestro querido reino. Y precisamente por eso queremos hacer lo mejor para ustedes: preservar el orden, garantizar la seguridad y librar estas tierras de todo aquello que amenaza su prosperidad.

Los aplausos aumentaron, si es que eso era posible.

—Hoy se demostrará que nadie está por encima de la justicia: ni los traidores, ni los asesinos, ni aquellos que conspiran en las sombras.

En ese momento entendí los impulsos que tan difíciles de contener le resultaban a Archer. Tuve que convencerme a mí misma de que disparar una flecha directa a la cabeza del príncipe era sumamente impulsivo y que no haría otra cosa más que delatarme, pero ganas no me faltaban.

Charlton avanzó otro paso.

—Antes de empezar… —se aclaró la garganta—. He de anunciaros que, entre nosotros, se encuentra una delincuente aún mayor que el prisionero al que vamos a juzgar en breves momentos.

El grito ahogado fue colectivo. Miré a mi alrededor, escuchando gran parte de los murmullos.

—No debéis preocuparos —prosiguió—. Aprovechando su presencia, vamos a invitar a nuestra pequeña rebelde a cambiar su posición por la del delincuente.

Me había quedado sin un ápice de aire.

Tenía que ser una trampa. Sí. Era una trampa. Seguro.

Inspiré y expiré con cuidado, intentando calmar los nervios que habían florecido como malas hierbas por mi interior.

—Nuestra invitada tiene tiempo para pensarlo hasta que comience el juicio, que será en breves instantes —anunció el príncipe—. Si para entonces no se ha alzado ante la escalinata, nuestro preso será juzgado a vida o muerte.

No… No podía estar pasándome esto. No podía estar…

Era mi vida o la de Archer. ¿Hasta qué punto estaría dispuesta a sacrificarme por él? Oh, por el amor de los Dioses, me había metido en la boca del lobo; claro que estaba dispuesta a morir por él.

El príncipe se retiró, y mi mirada se clavó directamente en su hermana.

Me estaba mirando fijamente. Odilia me había visto y, sin embargo, su mirada permanecía perezosa. Aunque, ya me había ayudado anteriormente, por lo que no tenía sentido que lo hiciera, ¿verdad? Pero no cumplí mi parte del trato; no regresé con su hermano.

Y, pese a eso, no llamó a los guardias, no alzó la voz… simplemente, no me delató. En su lugar, pestañeó y curvó levemente los labios antes de darse la vuelta y regresar hacia el interior del palacio.

Me quedé inmóvil durante unos segundos, siendo consciente de la situación.

Luego, retomé mi camino entre la multitud, esquivando un sin fin de cuerpos a mi paso.

Una mano agarró la mía durante medio segundo, depositando lo que parecía ser un papel dentro de mi puño antes de soltarse velozmente.

Giré mi rostro, sorprendida, y reconocí un cabello rojizo esfumarse entre el gentío: Phil.

Fruncí el ceño, desatando el hilo que envolvía el pequeño papelito enrollado, y lo leí atentamente:

Mi hermano ha mandado órdenes directas para que todos nuestros guardias se dirijan hacia la salida del palacio en cuanto comience la ceremonia.

Registrarán a todas las personas y carruajes que salgan de estos muros.

No tendrá forma de escapar sin ser atrapada.

La puerta trasera de la torre Norte está abierta.

Es la única de las torres que tiene un pasadizo subterráneo que le permitirá salir sin ser vista en caso de que decida escapar.

Recuerde que la muerte es un precio muy elevado. ¿Está dispuesta a pagar por él?

Lo había firmado la princesa Odilia .

Respiré profundamente: tenía mi vía de escape, una forma de sobrevivir. Una posibilidad. Si realmente quería seguir viviendo, esa era mi única oportunidad.

El tiempo escaseaba cada vez más y mi mente no era más que una bola de pensamientos que se aplastaban los unos a los otros.

Cuando los gritos volvieron a formar parte de la banda sonora del momento, me desplacé lentamente hacia la torre norte. Pese a no estar nada segura, no me detuve.

No quería morir, pero tampoco podía permitir que mataran a Archer. Mi cobardía me obligó a avanzar con pequeños pasos: cada vez más cerca de la maldita torre.

—Damas y caballeros —en esa ocasión, la voz que interrumpió mis pensamientos fue la del rey Vance—. ¡Es hora de comenzar el juicio!

Un estallido de emoción por parte del público se alzó ante sus palabras.

—Como bien he anunciado hace un instante —ahora quién hablaba era el príncipe Charlton—, le concedo a nuestra rebelde más buscada, Melody SinClair, la oportunidad de cambiar su posición por la de su cómplice.

Alcé mi vista, temblando, hacia la cima de la escalinata.

Allí estaba la familia real al completo; el rey, con su corona de oro, irradiando poder, la reina, en cambio, permanecía serena a su derecha.

Unos centímetros más atrás se encontraba la sonrisa malévola de Charlton, acompañado de una mirada dura de Odilia.

Y a su lado, atado por las muñecas y sujetado por dos guardias, estaba él .

Archer.

Se me comprimió el corazón. Su cabello oscuro estaba revuelto y su rostro magullado y enrojecido. Varios cortes le rondaban los brazos, que tenía a la vista. Su camisa estaba rota por varios lugares; le faltaba una manga y tenía todo el costado derecho rajado, desde el pectoral hasta la cintura.

Su postura era recta, muy distinta a la que se esperaría de alguien en sus condiciones. Pero él no se iba a mostrar débil ante nadie. Típico de Archer.

La mandíbula permanecía tensa y su mirada, antes iluminada, ahora solo irradiaba rabia.

Un temblor recorrió mi cuerpo y sentí cómo me flaqueaban las piernas.

—Melody SinClair —alzó la voz el príncipe, asegurándose de que todos lo escucharan, yo incluida—. Este es el momento de tomar una decisión.

La presión empezó a arremolinarse en mi pecho.

—¡No! —bramó Archer.

—Oh, esa no es una decisión suya —respondió Charlton con una sonrisa.

Mi mirada estaba perdida en Archer, que negaba con la cabeza con vehemencia. Sabía que el gesto iba dirigido a mí, pese a tener mis posibilidades de vivir a tan solo unos metros de mí, no era capaz de marcharme.

Tenía que tomar una decisión, y tenía que hacerlo en ese instante.

—Parece que la pequeña delincuente ha tomado una decisión.

Y entonces lo sentí: su mirada en mí. Alcé la vista y allí estaban sus ojos. Entre toda aquella multitud, me había visto.

Tragué saliva, notando cómo un mar de lágrimas caía por mis mejillas. Su mirada guardaba millones de sentimientos: ira, frustración, temor, cariño… Supe lo que me decía sin necesidad de palabras: que huyese.

Negué con la cabeza, notando mis manos temblar.

Archer curvó levemente los labios y su mirada se suavizó. Parecía una despedida, un último adiós. No estaba preparada para ello, no soportaba verlo así y no… No.

No podía marcharme.

Fue entonces cuando tomé mi decisión.

—Entonces… —volvió a pronunciarse Charlton—. ¡Que comience el juicio de nuestro delincuente, el joven Archer Kensington!

El aire desapareció de mis pulmones.

Kensington.

El apellido resonó en mi cabeza con violencia.

«No. No puede ser».

Todo a mi alrededor se deformó, como si el suelo se hundiera bajo mis pies, dejándome sin nada que pudiera sostenerme.

Giré la cabeza despacio, pues mi cuerpo parecía haberse olvidado de cómo moverse.

Y ahí estaba. Mirándome sin parpadear. Sus ojos eran los mismos de siempre, pero había algo mucho más intenso en ellos. O quizá siempre había estado ahí y yo había sido demasiado estúpida para darme cuenta. Vi la culpa, el odio, el miedo… Lo vi todo.

Sus labios se entreabrieron .

Y no apartó la mirada.

No lo negó.

Entonces todo cobró sentido.

Archer era el hijo de los Kensington.