21/03/1893
Melody
— Papá. —Dejó su libro de lado y alzó la cabeza desde el sillón para mirarme—. ¿Cómo… cómo era mamá?
Deduje, por su expresión, que mi pregunta lo había pillado por sorpresa.
—Nunca me preguntas por ella.
Me encogí de hombros; tenía razón.
—Ya… —musité.
Lo cierto era que no me siento tan unida a ella, o al menos no tanto como Sloane.
—Tu madre era —se lo pensó durante unos segundos— igual que tú.
Me sorprendí.
—¿Como yo?
—Le gustaba el misterio —continuó—. Seguir las reglas no formaba parte de su diccionario. Era un espíritu libre.
—Un espíritu libre —repetí con admiración—. ¿Le gustaba leer?
Papá se rio, negando con la cabeza.
—Me temo que tu obsesión por los libros proviene de tu viejo padre.
—No eres tan mayor —respondí, frunciendo levemente el ceño.
Papá soltó una pequeña carcajada.
—No, supongo que no. He de decir que me conservo de maravilla.
—Tampoco te lo creas tanto —le chinché.
—Por comentarios como ese me recuerdas a tu madre.
Sonreí.
—Creo… creo que me gusta parecerme a ella.
—A mí también, cariño.