Donde caen los reyes (Ofem 1) Capítulo 45 #2
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Capítulo 45 #2

Tenía razón. En tal caso, no podíamos quedarnos de brazos cruzados. Así que, con la revelación ante mis narices, contesté:

—Vayamos.

Y dicho lo cuál, empecé a caminar, aún sin saber hacia dónde demonios me dirigía. Archer tardó un segundo en seguir mis pasos.

—Mel —me detuvo. Su mano rozó mi hombro izquierdo, haciendo que me estremeciera. Dioses, ¿Por qué tenía que reaccionar así? Me giré hacia él, y me topé con carcajada contenida.

—¿Hacia dónde tenemos que ir?

—Tendremos —me corrigió.

—¿Qué?

—Tendremos que ir. —Se agachó hasta arrodillarse sobre las hojas caídas—. Al amanecer.

Parpadeé.

—¿Cómo que al amanecer? —pregunté sin dar crédito. Cuanto antes saliéramos, antes llegaríamos al cementerio de árboles, el cual se encontraba, como mínimo, a un día entero andando—. Perderemos tiempo. Por si no te has dado cuenta, soy un objetivo de la familia real.

—Sí, me he podido percatar de ello.

Archer se encontraba totalmente tumbado, dispuesto a echar una cabezada. Había cerrado los párpados mientras me respondía. Parecía sereno, como si nada de aquello fuese importante.

—Quizá a ti te haya dado tiempo a descansar una hora, pero yo llevo buscándote sin parar desde que salí del palacio —añadió.

Y… Vale. Quizá sí que mereciera descansar un rato. Nos habíamos alejado lo suficiente del palacio, y no debía quedar mucho para que se alzara el amanecer.

—Está bien —respondí, derrotada.

Esbozó una sonrisa prácticamente imperceptible. Empecé a agacharme para tumbarme sobre las hojas, en la misma posición que había elegido anteriormente.

—¿Qué haces?

Lo miré, confusa. ¿No era evidente?

—Voy a tumbarme para dormir.

—¿Y por qué allí?

—Pues… —No supe qué responder. ¿Acaso pretendía que durmiera a su lado? Eso sería muy… inapropiado.

Me recordé otra vez hasta qué punto podía confiar en él y lo que podía y no podía permitirme. Estar tan cerca de Archer entraba en la segunda categoría.

—Ven conmigo.

Sus palabras sonaron igual que una petición. El brillo de sus ojos, entre la negrura de la noche, reflejó algo que no supe descifrar. ¿Vulnerabilidad, tal vez?

—Contigo —repetí en un balbuceo.

—¿Eso es un sí? —Dioses, quién pudiera resistirse a esa sonrisa. Desde luego yo no—. Vamos, hace frío.

—No tanto —contesté. Ahora el aire pasaba con poca fuerza y sí, era fresco, pero nada que no pudiéramos soportar durante unas pocas horas. Aunque, ciertamente, me vendría de maravilla un poco de calor.

Al volver a mirarlo, me percaté de lo perdida que estaba.

Avancé hasta él en silencio. El único testigo de mis movimientos, además de él, era el bosque. Me tumbé a su lado, con una primera sensación de incomodidad. Siendo sincera, nunca había dormido con un chico; ninguna señorita dormía con un hombre a menos que estuviera casada con él.

Recuerdo cuando Sloane presumía de su inminente matrimonio y de cómo ella dormiría antes con un hombre y haría otras cosas antes que yo. No era algo que me preocupara, de hecho me parecía un tanto repulsivo. No solía pensar en cosas como aquellas, al menos no hasta el momento.

Porque ahora todos esos pensamientos entraban en mi mente contra mi voluntad.

Sin preguntarme siquiera, me acercó a él, enredándome en su brazo.

Mi cuerpo quedó totalmente pegado al suyo, con una cercanía escandalosa.

Noté cómo mi pierna rozaba su piel y me quedé rígida, totalmente inmóvil.

Entonces, me rendí, acurrucando mi cabeza sobre su hombro, temiendo que mi cabello le hiciera cosquillas en el cuello.

Afortunadamente, Archer no se quejó, al contrario.

Colocó su mano sobre mi costado. El repentino contacto hizo que mi piel se encendiera, como una llama en medio de la oscuridad.

La frescura del aire ya había desaparecido y lo único que podía pensar era en que nuestros cuerpos encajaban con tanta naturalidad que resultaba desconcertante.

Inspiré aire con dificultad, analizando cuidadosamente la situación. Estaba durmiendo con un chico, y él me estaba abrazando. Si me lo hubieran dicho meses atrás, me habría partido de la risa.

Mi espalda se apoyaba contra su pecho, firme, cálido, demasiado cómodo. Estábamos tan cerca que temía que pudiera oír mi corazón.

—¿Estás bien? —preguntó en voz baja.

Sentí su respiración calmada junto a mi oreja.

—Sí —mentí.

—¿Segura? Estás igual de tiesa que un palo.

—¡Archer! —protesté.

Me intenté apartar, pero su brazo me retuvo con firmeza, impidiendo que me moviera un solo centímetro más.

—Era una simple observación. Quizá no deberíamos dormir juntos, está claro que necesitamos un par de citas antes.

No entendía el fin de sus palabras. ¿Escandalizarme?

—Archer….

—Solo digo que, para estar así de pegados, al menos mereces una primera cita decente. —Rozó mi oreja sin querer, y yo me estremecí—. Comida, postre… Y si todo va tan bien como en mis sueños, un beso.

Sentí como mis mejillas empezaban a arder.

—No digas esas cosas —le advertí.

Ambos sabíamos que no estaba bien.

—¿Por qué? —murmuró contra mi oído—. ¿Acaso te incomodan? ¿O quizá te tientan?

No respondí. No pude. Él se quedó en silencio un momento, oyendo el latido desbocado de mi corazón.

—Buenas noches, Mel —su voz sonó más ronca que de costumbre.

No conseguí cerrar los ojos. Miré el cielo nocturno y empecé a contar las estrellas.

—Buenas noches, Archer.