Capítulo 42
Archer
—¿Entonces tengo que entrar en el palacio pero salir sin Melody? —pregunté, atónito.
Gray asintió.
Tal y como prometió, había vuelto a la taberna. Después de tres horribles días de espera. Tres días en los que yo apenas había hecho nada más que leer y lanzar flechas contra la puerta. Y, sí, le debía una puerta nueva a Thomas.
—Exactamente —respondió, alargando el brazo y cogiendo la jarra de cerveza que le había tendido Thomas.
Este último se encontraba tras la barra, observándonos como si fuera un espectador. Se había relajado mínimamente al ver que Gray había regresado solo y no con una fila de guardias dispuestos a matarnos tras de él.
—No lo entiendo.
—Yo tampoco —intervino Thomas.
Gray frunció los labios mientras se pasaba una mano por el cabello anaranjado.
—Verá, para que Melody pueda salir de palacio sin ser vista, necesitamos que alguien capte toda la atención de la guardia.
—Creo que ese alguien eres tú, chico —contestó Thomas.
Lo miré por el rabillo del ojo.
—Sí. Ya me había dado cuenta. Gracias.
Él asintió con una risa que logró calmar un poco mi pulso desbocado. Thomas seguía totalmente en contra de este plan, pero al menos había dejado de ser un cascarrabias y discutir conmigo. Al final se dio cuenta de que no me iba a convencer.
—Debe acompañarme esta noche hasta palacio para poder entrar —continuó Gray—. Una vez allí, alguien le abrirá la entrada.
—¿Y Melody?
Antes de contestar, Gray dio otro sorbo de cerveza que terminó con el contenido de su jarra. Luego la dejó sobre la mesa con un golpe seco.
—Melody saldrá de la torre mientras usted burla a la guardia.
Me crucé de brazos.
—¿Y cómo sé que no me estás tendiendo una trampa?
—No lo sabe —contestó, encogiéndose levemente de hombros—. Lo único que puedo decirle es que, una vez haya captado la atención de los guardias, deberá hacer todo cuanto esté en su mano por escapar.
—Vaya. Eso es un gran alivio. —Dejé escapar una risa seca—. Y, dígame. Cuando haya logrado escapar —porque lograré escapar—, ¿dónde estará Melody?
—Saldrá por la puerta trasera de su torre. Suele ser un lugar muy controlado pero, tal y como le he dicho, usted captará toda la atención de la guardia. Esa salida solo conduce al bosque.
Así que, una vez fuera del palacio, tendría que buscarla.
«Pan comido».
—Bien —respondí finalmente, poniéndome en pie.
Gray siguió mis movimientos, dirgiéndose hacia la puerta.
—Eh, eh, eh, quieto ahí —dijo Thomas tras de mí.
Cuando me di la vuelta, ya se encontraba frente a mis narices. Sus ojos me atravesaron durante los siguientes segundos.
—Si estás tratando de lanzarme un hechizo con la mirada —dije, ladeando la cabeza—. No funciona.
Él puso los ojos en blanco y retrocedió un paso. Pude notar un temblor que lo delataba en la comisura de sus labios y mi pecho se encogió.
—No voy a decirte otra vez que estás yendo directo a una…
—Muerte segura —terminé por él.
Sus hombros se tensaron.
Entendía a Thomas, de veras que sí. Pero él tenía que entenderme a mí. Había pasado demasiados años buscando una respuesta y, después de haber dado con Melody y haberla involucrado en mi vida, no pensaba dejarla atrás.
Si tenía que perder a Thomas para recuperarla, por mucho que me doliera, lo haría. Quizá ese no fuera el significado de amistad, pero mi lealtad no era hacia él.
—Buena suerte, chico —dijo entonces—. No digas que no te avisé.
Asentí.
—Gracias.
—Supongo que esto es una despedida —añadió, y sus ojos me parecieron estar un tanto cristalinos.
Bajó la barbilla y se arremangó la manga de la camisa, quizá porque no era capaz de mirarme más tiempo.
—Voy a regresar Thomas, y….
—No.
Su respuesta fue clara.
Alcé la vista, sorprendido. ¿No? ¿A qué coño se refería con no?
—¿Qué?
Su mandíbula se tensó y, cuando respondió, no hubo ni un ápice de vacilación o ironía en su tono.
—No vuelvas, Archer. Si sales por esa puerta, no vuelvas a esta taberna.
—¿Pero qué di…?
—Archer —intervino Gray bajo el umbral—. Deberíamos marcharnos ya.
Volví mi mirada hacia Thomas, que permanecía con la misma expresión desgarrada que antes. Abrí la boca para responder, pero no supe qué decir.
—Archer —repitió Gray.
Apreté los puños y miré una última vez al hombre que, no solo me habría otorgado su amistad, sino un alojamiento y una crianza digna para un crío de diez años. El hombre que me lo dio todo cuando me quedé sin nada .
Y me despedí de él.
—Adiós, Thomas.