Donde caen los reyes (Ofem 1) Capítulo 40
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Capítulo 40

Melody

Esperé a que se riera.

No lo hizo.

—¿Por qué? —balbuceé, frunciendo el ceño—. ¿Por qué no se ríe?

Odilia permaneció con la misma expresión neutral, que no logró hacer otra cosa más que sacarme de quicio.

Aquello era una locura. Una auténtica locura. Para comenzar, ¿qué motivo llevaría a mi padre a raptar a un niño? Y segundo, de ser cierto, ¿dónde narices lo dejó?

No. No sabía de dónde demonios había sacado esa idea, pero era del todo imposible.

—Debe estar bromeando —insistí, esperando que, después de todo, se estuviera quedando conmigo.

Hubiera preferido esa opción a su respuesta.

—Le estoy diciendo exactamente lo que pienso. Que su padre raptó a mi hermano Asharion.

Sentí el suelo bajo mis pies desaparecer.

—¿Por qué? —las palabras salieron de mis labios casi como un jadeo.

Odilia soltó un suspiro sonoro.

—Por lo visto, su padre ha sido el objetivo principal de mi familia durante años. He tratado de investigar más respecto a él, pero mis padres mantienen toda la información a buen recaudo. Aunque mi hermano no es tan… —Sus labios se fruncieron en una mueca— precavido. Así fue como di con su nombre.

—¿Con mi nombre?

—Mi hermano llevaba siguiéndole la pista, aunque no lo crea, más tiempo del que se piensa.

¿Que Charlton… qué?

—No lo entiendo. Eso no tiene ningún sentido.

—Lo tiene —repuso—. Mi hermano busca a Asharion por un motivo muy distinto al mío; yo quiero conocer a mi hermano. Él, asegurarse de que no aparezca nunca más.

De acuerdo. Podía creer perfectamente esa idea viniendo de Charlton. Si Asharion seguía por alguna parte, era una clara amenaza para su ascensión al trono.

—¿Por qué traicionaría de tal modo a Charlton? —pregunté, porque por mucho que esa historia empezase a encajar, todavía quedaban demasiados cabos sueltos.

La única función que tenía la princesa de cara al reino era mostrar una perfecta sonrisa y apoyar a su hermano en su futuro reinado.

—Porque no estoy de acuerdo con el modo de gobernar que ejerce mi padre, y sé de buena mano que mi hermano será incluso peor.

Arqueé las cejas, sorprendida.

—¿No está de acuerdo en qué aspecto?

Odilia se pasó una mano por la barbilla, tomándose un instante para pensar.

—¿Cree usted en Ofem? —me preguntó de vuelta.

No dudé.

—Por supuesto.

Eso logró sacarle algo parecido a una sonrisa.

—A diferencia de usted, mis padres viven aterrorizados por el poder del resto de reinos.

Tiendo a pensar que parte de su comportamiento se debe a ese temor.

Su gobierno está basado en un sistema de absoluta corrupción que únicamente beneficia a quienes ellos desean.

Pero eso no se ve solo reflejado en la población, sino también dentro de estas paredes.

Un destello de tristeza cruzó su mirada, aunque no tardó en desaparecer con el siguiente parpadeo.

—Como debe haber visto, señorita SinClair, no soy más que la sombra de mi familia.

Mis decisiones no se tienen en consideración y parece que tener la palabra alguna vez sea un privilegio para mí.

Por mucho que considere ser mucho más merecedora del trono, sé que nunca podré acceder a él.

—Bajó la vista antes de volver a dirigirse a mí—.

Soy leal a Banglad, no a mí familia. Y dada la situación, me veo en la obligación de tenderle a mi reino el gobernador que merece.

No llegué a conocer a Asharion, pero sé que, sea quien sea, será mejor que mi hermano Charlton.

Me dejó sin palabras.

Según lo que acababa de decir, estaba dispuesta a traicionar a su hermano por el bien del reino. Nunca había visto a la princesa como algo más allá de una miembro de la familia real, pero…

Joder. Si eso no era luchar por su reino, no sabía qué sí lo sería.

Y era injusto que no se le permitiera gobernar.

¿Qué más daba si Charlton nació antes? ¿Qué más daba si ella era una mujer?

¿Acaso las mujeres no teníamos la audacia y la inteligencia suficiente para gobernar?

Porque, a mi parecer, éramos igual o más capaces que los hombres, sobre todo que un imbécil como Charlton.

Y Odilia parecía querer hacer lo correcto por su reino. A aquellas alturas me había acostumbrado a desconfiar de todos, pero ella no tenía motivos para mentirme. ¿Para qué iba a tomarse la molestia?

Si bien su discurso había logrado abrir una pequeña brecha de luz en mi mente, también había otro aspecto se había quedado colgando en el aire.

—¿Qué motivos tendría mi padre para secuestrar a un niño?

Escuchar la simple pregunta me resultaba una estupidez.

—No lo sé, señorita SinClair —contestó ella, señalándome un instante con el dedo índice—. Es usted su hija, no yo.

«Genial».

Pues yo sí que tenía la respuesta: ninguno. Mi padre no tenía ni un solo motivo para secuestrar a un niño. Y por eso la acusación era de lo más ridícula.

—No sé nada en torno a su hermano mayor —pronuncié, mirándola a los ojos—. Pero le puedo asegurar que mi padre no haría tal cosa.

Odilia encarnó una ceja.

—¿Entonces sabía usted de su implicación en el Caso Cenit?

—Bueno… —Tr agué saliva—. No, pero…

—Pero cree que sigue conociendo a su padre cuando ha podido comprobar de primera mano que no es así.

Tuve que calmar internamente las repentinas ganas de soltar un insulto al aire.

De acuerdo; tal vez no conociera a mi padre tan bien como creía. Pero existe una clara diferencia entre estar metido en una red de conspiraciones a secuestrar a un crío, por los Dioses.

—Jamás juzgaría a un hijo por las acciones de su padre —continuó—. Por lo que no le guardo rencor. Sin embargo, usted es la persona más cercana que tengo al hombre que capturó a mi hermano.

—Mi padre no…

—Por lo que es la única persona que puede encontrar a Asharion.

¿Que yo qué?

—¿Perdone? —pregunté, con la boca abierta de par en par.

Odilia continuó con su discurso como si nada.

—He escuchado a mi padre hablar en varias ocasiones de un mapa. Si mis deducciones no fallan, ese mapa le pertenecía a su padre.

Recordaba el mapa del que hablaron los hombres de aquella taberna. Dijeron que tenían que encontrarlo pronto.

—¿Vale? —pronuncié, instándole a continuar.

Dada la situación, lo mejor sería que acabara de escuchar su propuesta, por muy descabellada que fuera .

—Desde mi posición, no tengo ni el conocimiento ni la libertad suficiente como para encontrarlo por mi cuenta. Estoy segura de que, por mucho que los hombres de mi padre se esfuercen en su cometido, nadie salvo usted logrará encontrarlo.

Cogí una bocanada de aire, asimilando la información.

—Digamos que está en lo cierto y mi padre tenía un mapa. —Cosa bastante improbable—. ¿Qué diablos contiene?

Aunque podía hacerme una ligera idea de ello.

—La ubicación exacta del lugar en el que dejó cautivo a mi hermano.

Sin lugar a dudas; era una locura. Meneé la cabeza, despejándome.

—Dijo que quería mantenerme cautiva aquí —pronuncié tras unos segundos—. ¿Qué la ha hecho cambiar de opinión?

Se levantó de la cama y avanzó hasta el centro de la habitación, restregando su vestido de cola por los tablones de madera del suelo.

—¿Además de necesitarla para encontrar a mi hermano? —Asentí—. Que usted escapara sería un golpe hacia su orgullo. Una pequeña compensación que me daría a mí misma después de tantos años detrás de él.

Quizá sí que fuera tan retorcida como Charlton, al fin y al cabo. Supuse que sería un rasgo característico de la sangre que corría por sus venas.

Me mordí la carne interior del labio.

—Va a ayudarme a salir —dije tras unos segundos, solo para asegurarme.

—Así es.

—A cambio de que encuentre a su hermano con las pistas que dejó mi padre.

Sus labios rojos dibujaron una pequeña aunque clara sonrisa.

—¿Tenemos un trato, entonces?

Dejé entrar una cantidad exagerada de aire en mis pulmones para procesar la información. Y, finalmente, respondí:

—Me gustaría añadir una condición más.