Donde caen los reyes (Ofem 1) Capítulo 36
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Capítulo 36

Arche r

—Buenas noches, joven.

Parpadeé.

—Buenas noches —respondí.

El hombre no aparentaba tener más de treinta y pocos años. Su mirada azul, detrás de varios mechones rizados de cabello anaranjado, me recorría el rostro como si estuviera tratando de comprobar a quién le hablaba. Era alto, bastante más que yo, de hecho. Quizá incluso superase a Thomas.

—¿Es usted Arch…?

—Depende de quien lo pregunte —le corté.

Torció los labios en una mueca.

—Este no es el mejor lugar en el que hablar —miró a ambos lados de la calle—. ¿ Podríamos entrar en su residencia?

Su atención fue directa a la puerta de la taberna, cerrada tras de mí.

«Y una mierda».

—¿Podría saber al menos de qué quiere hablar conmigo?

Porque aquello tenía más pinta de ser una trampa que cualquier otra cosa. No me sorprendería que fuera un guardia real o incluso alguien relacionado con el Caso Cenit. A lo mejor llevaba un revólver metido en los pantalones.

—Tengo información sobre Melody SinClair.

No necesité nada más. Abrí la puerta de un empujón y le di paso a entrar.

—¿¡Pero qué…!?

—Lo siento, Thomas —pronuncié, entrando en el interior—. Necesito hablar un momento con…

Lo miré por encima del hombro.

—Puede llamarme Gray.

—Gray —repetí, volviendo mi mirada hacia Thomas.

Él abrió los ojos, más confuso que yo mismo.

—¿Y desde cuando conoces a ese tal Gray?

Me encogí de hombros.

—Desde hace treinta segundos.

Sonaba fatal, pero tampoco iba a perder tiempo discutiendo.

No me hicieron falta palabras para suplicarle a Thomas que cediera; tan solo una mirada significativa.

Y, finalmente, funcionó. Aunque tampoco se ausentó.

En su lugar, cogió uno de los taburetes frente a la barra y se sentó en lo alto, cruzándose de brazos.

—Como sea un guardia real te cortó el pescuezo —gruñó.

Gray arqueó las cejas.

—Como le he dicho —continuó, dirigiéndose a mí—. Tengo información relacionada con Melody SinClair.

—Hable.

—Se encuentra encerrada en el palacio —me informó.

«Ya lo había deducido por mí mismo. Gracias».

—¿Está herida?

No estaba seguro de poder soportar según qué respuesta, pero aun así, era mi principal preocupación.

—Está herida —me confirmó, y algo dentro de mí se desgarró—. Aunque ha sido tratada por un médico y ahora se encuentra en proceso de recuperación.

Escuché chirriar mis propios dientes.

—¿Y cómo sabe usted esto? —quise saber.

Porque si estaba hablando con alguien que me iba a disparar en cualquier momento, prefería ahorrarme la sorpresa.

—Alguien de palacio me ha enviado para que le ayude a llegar hasta allí y sacar a la señorita SinClair sin levantar sospechas.

—¿Quién?

Chasqueó la lengua.

—Eso no se lo puedo decir.

—Maravilloso —murmuré, deslizando una mano por mi mentón.

Entonces, ¿qué? ¿Esperaba que le cogiera la manita y fuéramos los dos hasta el palacio?

¿Que me tragara eso de que quería ayudarme?

No tenía ningún tipo de sentido. Para empezar, todo aquel cercano a la familia real y, por ende, al Caso Cenit, estaría encantado de acabar conmigo.

Y, segundo, ese tío no me debía nada. Y sabía de buena mano que la gente no suele tenderle una mano a alguien sin conseguir nada a cambio.

—¿Por qué debería fiarse de usted? —intervino Thomas.

Gray inclinó la cabeza.

—Porque, quien me envía, tiene el mismo propósito que usted.

—¿Y es…?

Sus ojos se clavaron en los míos.

—Descubrir todo cuanto sea posible en torno al Caso Cenit.

Inspiré profundamente, mirando de reojo a Thomas. A él tampoco le convencía.

—Déjeme ver si lo he entendido bien. —Tragué saliva—. Dice usted que tiene relación con alguien de palacio y que puede ayudarme a entrar allí sin ser visto, ¿cierto?

Asintió.

—Exactamente.

—¿Qué debería hacer a cambio?

Sus hombros se tensaron notablemente. Miré de reojo a Thomas, que permanecía a la espera de su respuesta, tan intrigado como yo.

—Continuar con su investigación, por supuesto.

¿Y ya está?

—¡Venga ya! —exclamó Thomas—. Usted no es más que un liante.

Sí. Mi primer pensamiento tendía a parecerse al de Thomas.

Sin embargo, tras pensarlo unos segundos, su condición empezó a resultar algo no tan descabellado.

Es decir; si querían dar conmigo además de con Melody era porque sabían mi implicación en el Caso Cenit.

Y no sería extraño que hubiera más personas implicadas en la misma causa.

—¿Solo eso?

—Exactamente.

—¿Y qué ocurriría si no cumpliera mi parte del trato?

Gray apretó los labios.

—Si eso ocurre será porque ha muerto.

Vaya. Qué manera tan suave de decirlo.

—Me cago en todo… —masculló Thomas.

—En tal caso no le pertocaría ningún castigo —añadió.

«¡Porque estaría muerto, no te jode!»

Podía enviar a la mierda a Gray y seguir con mi plan —ninguno—, o podía aceptar y que fuera lo que los Dioses de Ofem quisieran.

Desgraciadamente, siempre había tomado decisiones incoherentes.

—Está bien, Gray.

—¿¡Qué!? —estalló Thomas—. Ni de coña.

Me volví hacia él. Se levantó para tenderse una jarra de cerveza, probablemente para despejarse un poco. Dio un largo trago y se secó la boca con el antebrazo.

—No vas a aceptar. —Señaló a Gray—. Y tú. Márchate de aquí.

Me volví hacia el hombre.

—No. No te vayas.

—Se te olvida que esta taberna es mía.

Me mordí la lengua y fui hacia Thomas.

—Lo has dicho tú; solo no podré —le informé, recordándole las palabras que me había dedicado minutos antes—. Esta es la mejor opción que tengo.

Negó.

—La mejor opción es largarte y esconderte de todos.

Lo miré con dureza.

—He tomado mi decisión, Thomas.

—Te estás equivocando —dijo, señalándome acusatoriamente.

Sí. Era probable que no regresara nunca más a la taberna, pero lo aceptaría. Estaba dispuesto a hacer cualquier cosa.

Y, finalmente, alcé la voz.

—¿Cuál es el plan, Gray?