19/11/1884
Melody
— Melody… tienes que entenderlo.
—¡No! — chillé.
Cerré de un portazo la puerta de mi habitación. No podía creer sus palabras, no podía creer que me estuviera haciendo esto…
—No es tu elección, cariño.
Oír su voz al otro lado de la puerta hizo que mis lágrimas volvieran a brotar.
—Marchaos vosotros… Sloane, y tú —balbuceé, con la garganta hecha trizas—. Yo me quedaré con tía Beatrix.
—No puedes —su tono era firme, dejándome claro que era indiscutible—. Tía Beatrix no quiere .
Sentí cómo algo dentro de mí se rompía. No solo un poco, sino del todo.
—N-no p-puedo irme, papá —tartamudeé entre sollozos—. No lo entiendes.
—Entender es un privilegio que no siempre se puede tener, pequeña.
Me dejé caer al suelo, apoyando la espalda contra la puerta, y me cubrí el rostro con las manos empapadas.
—Nos iremos en tres días —añadió tras un silencio—. Prepara tu equipaje.