Donde caen los reyes (Ofem 1) Capítulo 25
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Capítulo 25

Archer

—¡Las botas!

Me recliné sobre la silla y retiré mis botas del taburete. Miré a Thomas, alzando los brazos.

—Y borra esa expresión de bobo de tu cara antes de irte a dormir —añadió—. Si sigues mirando a la chica como si la hubiesen parido los Dioses se acabará dando cuenta.

Reprimí una carcajada.

—Yo no hago eso.

Thomas se dirigió hasta la esquina donde se encontraba apoyado mi arco y lo cogió.

—Melody… Mira qué bien se me da el tiro co n arco —se burló. Colocó el arma en posición de tiro e hizo ver que lanzaba.

Lo asesiné con la mirada.

—Imbécil.

Abrió la boca para replicar pero lo detuve.

—No hago eso.

Cerré los labios, pensativo. No lo hacía, ¿verdad?

—No sé dará cuenta —dije al cabo de unos segundos. Porque, de acuerdo… quizá sí me detuviera a mirarla más segundos de la cuenta—. ¿Crees que se dará cuenta?

Thomas comenzó a reír.

—Intenta no babear delante de ella.

—¡No babeo, joder! —Le señalé el arma—. Y deja el arco en su sitio.

—Me encantaría, pero lo dejas donde te da la santa gana cada puñetero día. ¡No tiene un sitio!

Efectivamente, mi manía por el orden únicamente se reflejaba en mi dormitorio.

Me encogí de hombros.

—Así lo tengo más a mano —contesté mientras me incorporaba. Me dirigí hacia las escaleras, despidiéndome de él con la mano—. Buenas noches.

Subí los escalones hasta llegar a la segunda planta. Miré un momento la puerta de Melody y negué con la cabeza antes de entrar en mi habitación.

Encendí una vela y la coloqué sobre la mesita de noche.

Después cogí un libro de mi estantería y me lo llevé a la cama para leer un rato, pues aun no me había alcanzado el sueño.

Sin embargo, por mucho que intentara concentrarme en la lectura, no podía evitar que las palabras de Thomas se repitieran en mi cabeza una y otra vez.

Pero antes de embarcarme en un dilema mental, alguien golpeó tres veces la puerta.

Aparté el libro de mi regazo al instante. Me dirigí a ella y la abrí, encontrándome entonces con los ojos abiertos de Melody, que me observaban con una expresión bastante desconcertante.

Su cabello permanecía recogido en una trenza bastante deshecha y lo único que pude pensar fue que me gustaría verla más a menudo con un peinado así, ya que me permitía ver mejor su rostro.

—Vamos a ir a ese baile —soltó sin preámbulos.

Vaya. Eso sí que no me lo esperaba.

Ladeé la cabeza, un tanto desconcertado, y me hice a un lado, apoyándome contra el marco de la puerta para dejarla pasar.

¿Quería ir al baile real?

—¿Debo tomarlo como una invitación? —pregunté y, pese a que intenté retenerla, no pude esconder la sonrisa que me curvó los labios.

Pero Melody negó con rapidez mientras se sentaba sobre mi cama medio deshecha y alzaba la vista hacia mí.

—He resuelto el acertijo —me comunicó.

—¿El de la cima?

Asintió.

—Una pirámide tiene una base y una cima. Los que están abajo reciben órdenes. Los que están arriba las dan.

—El baile… —murmuré, entendiéndolo entonces—. Los reyes. La cima es la realeza. —Me pasé una mano por el cabello, terminando de despejarme—. Tiene sentido .

—Collin no puede ser más que otro peón. Si queremos respuestas, tendremos que subir hasta la cima. —Me miró a los ojos con determinación—. Tenemos que ir.

—Desde luego.

—¿Sabes cuándo se celebra?

—El domingo —respondí mientras avanzaba un paso hacia ella—. Faltan un par de días. Thomas me lo comentó antes, refunfuñando como siempre.

Melody permaneció en silencio, pero sus pensamientos eran tan fuertes que hasta yo mismo los podía escuchar.

—Sé que ahora mismo tu cabeza está trazando mil planes distintos. —La agarré del brazo cuidadosamente—. Pero para pensar con claridad necesitas descansar —añadí mientras la guiaba hacia la puerta—, por mucho que me guste tenerte en mi habitación a estas horas de la noche.

Ella abrió los ojos de golpe.

Mierda.

—No quería decir…

Se apartó de mí con rapidez, liberándose de mi agarre. Nuestros ojos se encontraron. Fue un instante, pero logré percatarme del cambio en su mirada.

Entonces tomó el pomo de la puerta, la abrió y la cerró tras de ella. Permanecí alrededor de un minuto mirando la madera y acabé apoyando la frente contra ella.

«Sí. Muy caballeroso, Archer».