Donde caen los reyes (Ofem 1) Capítulo 24
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Capítulo 24

Melody

—No me lo puedo creer —soltó Thomas nada más cruzar la puerta.

Su rostro estaba crispado. Se quitó el sombrero y lo tiró con brusquedad sobre una de las mesas.

—¿Ha ocurrido algo? —preguntó Archer desde la barra mientras se metía un pedazo de pan en la boca.

Thomas dejó caer con desdén un montón de papeles junto al sombrero.

—Me han llenado la puerta de publicidad —masculló—. Que sí, ya sabemos todos que se va a celebrar ese condenado baile.

—¿Baile? —repetí.

Archer me miró con despreocupación mientras terminaba de devorar el pan.

—Los reyes celebran su baile anual —explicó Thomas, caminando de un lado a otro sin rumbo fijo—. Y, por lo visto, este año estará abierto al público. ¡Como si yo tuviera tiempo de asistir a semejante tontería!

Fruncí el ceño. ¿Los Eldermort iban a abrir las puertas de su palacio? ¿Con qué propósito?

Era bien sabido que cada año se celebraba un ambicioso baile para la alta nobleza dentro del palacio, en el que los reyes elegían a contadas personas para asistir.

Los Eldermort eran la familia compuesta por los reyes y sus dos hijos: Charlton y Odilia.

Charlton era el mayor y el sucesor al trono.

Nunca lo había visto en persona, pero los rumores que recorrían el reino no lo describían precisamente como alguien benévolo.

Tal vez Odilia fuera la mejor opción… o el primer y real sucesor a la corona: el niño perdido.

El mismo año en que nací, llegó también al mundo el primer hijo de los reyes: Asharion.

Era un niño muy protegido por toda la corte, de hecho, fueron pocas las personas que lograron conocerlo. Era el bien más preciado de la familia real.

Cuando el niño cumplió los dos años, los Eldermort oficializaron la noticia que destrozaría a todo el reino: su pequeño príncipe había sido raptado por los rebeldes.

Según el decreto real, un grupo de mercenarios extranjeros había conseguido escabullirse de la guardia del palacio llegando hasta la habitación del niño.

Nadie supo nunca el motivo de su desaparición: ¿Para qué lo querían?

Tan solo acababa de cumplir un par de años.

Fue un golpe demasiado duro para la Corona.

Los reyes estuvieron meses sin aparecer en actos sociales.

No fue hasta dos años después, con el nacimiento de Charlton, cuando regresaron y todo volvió a la normalidad; regresaron a sus puestos frente al público y empezaron a dar sus famosos bailes anuales.

Aunque solo hacían eso, bailes a los que acudía un grupo estrictamente reducido de personas.

El resto del año nadie sabía absolutamente nada sobre la familia real.

De hecho, yo no tenía ni idea de cómo eran sus rostros.

Parecía que nunca había existido un príncipe anterior a Charlton. Los habitantes del reino no volvieron a nombrarlo y, en cuestión de meses, pasó a la historia. Una historia que acabaría cayendo en el olvido.

—Eso lo dices porque se te da fatal bailar —se burló Archer.

—¡Eh! Yo no me meto contigo —replicó Thomas.

La comisura de los labios de Archer se elevó con cierta diversión.

—En ese caso, yo tampoco contigo.

—¿Qué?

La confusión de Thomas me arrancó una leve risa.

—Mentira por mentira.

—Con que con esas estamos, ¿eh? Pues ya verás, serás tú quien retire toda esa propaganda de las paredes, por listo.

Archer rio suavemente, encantado de molestar a su amigo.

—¿Y dónde se celebra el baile? —pregunté, retomando la conversación.

¿Realmente los Eldermort iban a abrir las puertas de su palacio para nosotros? Lo dudaba. Aquella decisión no tenía ningún sentido, pues los Eldermort no eran conocidos precisamente por su cercanía con el reino.

Mi pregunta pareció pillarlos por sorpresa a ambos.

—¿Quieres ir al baile? —preguntó Archer.

Sus ojos seguían clavados en mí, expectantes, mientras yo libraba un debate interno.

—Puede que no sea buena idea —respondí tras pensarlo mejor.

—Créeme cuando te digo que no te pierdes nada —intervino Thomas—. Esos bailes están llenos de hipocresía. Todo el mundo hace lo que sea con tal de ver a los reyes.

—¿Ellos estarán presentes?

Asintió.

—Por eso está todo el mundo tan pesado —refunfuñó—. Lo consideran el acontecimiento de la última década.

—No les falta razón—puntualizó Archer.

—A mí me parece extraño —admití, apoyándome en una de las mesas—. Quiero decir, ¿por qué ahora? ¿Por qué dejarse ver precisamente en este momento?

—Tendrán alguna necesidad —respondió Thomas, dejando claro en su tono lo poco que le agradaba—. Seguro que tanto tiempo escondidos les ha inflado el ego.

Su comentario no terminó de convencerme.

Aquella noche me acosté sin lograr apartar el asunto de mi mente.

Un evento así debía de tener un propósito. La cuestión era cuál. Cada vez eran más y más rompecabezas sin encajar. Demasiadas preguntas acumulándose en mi cabeza… y sin una sola respuesta a la que aferrarme .

¿Qué había más allá del Caso Cenit?

¿Quién estaba detrás de él?

¿Y por qué la familia real decidía reaparecer ahora?

Un dolor se instaló en mi sien y, por lo visto, no parecía tener intención de desaparecer. Todo me resultaba abrumador. Y, sin embargo, había una pregunta que eclipsaba al resto.

¿Dónde podíamos encontrar a Collin Ederhart?

Lo que está buscando se encuentra en la cima de la pirámide.

La cima de la pirámide…

La jerarquía.

¿Y quién ocupa su punto más alto?

Por supuesto, la realeza.