Donde caen los reyes (Ofem 1) Capítulo 19 #3
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Capítulo 19 #3

Un suspiro contenido se escapó de mis labios en cuanto sus pasos desaparecieron escaleras arriba. Señalé la salida. Archer asintió y me dejó pasar primero.

Salimos del local con sigilo, pues lo último que necesitábamos era volver a llamar la atención.

—Han hablado de un mapa —murmuré.

Archer deslizó una mano por su mentón.

—No tenía ni idea de su existencia.

—El hombre ha dicho que necesitan saber los puntos a los que se dirigió —Fruncí el ceño—. ¿A los que se dirigió quién? Mi padre ya está muerto, y no pueden estar hablando de mí si piensan que me dejó ese mapa.

—Hablan de alguien más, eso está claro. Deduzco que los puntos a los que se referían son los lugares a los que ha ido. Y, por lo que acabamos de oír, esa persona aún sigue con vida.

No cabía duda en que aquellos hombres estaban involucrados en el Caso Cenit. Pero, por la forma en que hablaban, resultaba evidente que no eran más que piezas de un tablero mucho mayor. Alguien con más poder movía los hilos desde otro lugar. Un lugar al que necesitábamos acceder lo antes posible.

Conocían a mi padre. O, al menos, sabían demasiado sobre su vida. Sobre la mía.

¿Qué podía contener aquel mapa para atraer a tantos hombres influyentes, dispuestos a todo con tal de ponerle las manos encima?

—Cada día descubro que conozco menos a mi padre —murmuré al cabo de un rato.

Archer me miró.

—No creo que te lo ocultara con mala intención. Seguro que lo hacía para protegerte.

Solté una risa carente de humor.

—Vaya protección. Mira dónde estoy.

Una sonrisa leve curvó sus labios.

Me detuve.

—Lo siento —añadí—. Tengo la sensación de que te estoy arrastrando a algo que no te corresponde.

Archer me sostuvo la mirada, arqueando las cejas.

—Estás buscando la verdad porque mereces encontrarla. Y yo también. —Dejó caer sus brazos—. Oye, he sido yo el que te ha metido en esto. No vuelvas a disculparte sin sentido.

—Es que sigo sin comprender qué tan importante pudo ser que cayeras en bancarrota para arriesgar tu vida con tal de descubrir quién mató a mi padre.

Archer se mantuvo en silencio unos largos segundos hasta que, finalmente, respondió:

—Los mismos hombres que acabaron con tu padre también acabaron con mi vida. No busco más que saber por qué me lo arrebataron todo. Y asegurarme de que no puedan volver a hacerlo.

Sus palabras se quedaron dando vueltas en mi cabeza mientras retomábamos la marcha. Tenía la sensación de que nos estábamos metiendo en algo mucho mayor de lo que pensábamos. Yo no tenía nada que perder, pero él… No estaba tan segura de que él tampoco lo tuviera.

Cruzamos la calle del mercado, que estaba todavía más abarrotada que antes, si es que eso era posible. Las conversaciones de los bangladeses se alzaban en el aire, llegando a mis oídos con facilidad.

—Dicen que el príncipe Charlton despidió a veinte sirvientes ayer —comentó una dama que caminaba a mi lado, abanicándose.

—¿Veinte? —se sorprendió su acompañante.

—He oído que la princesa intentó impedirlo, pero sus esfuerzos fueron en vano.

Me mordí el labio.

Ciertamente, no me sorprendía. No necesitaba conocer a Charlton para imaginarme la clase de persona que era.

Todo cuanto había oído sobre él me dejaba claro que no era más que un hombre convencido de que el reino era de su propiedad.

Si Banglad se estaba pudriendo, los Eldermort eran los causantes de ello.

De pronto, escuché un ruido que me sacó de mis pensamientos.

Ni siquiera tuve tiempo de girarme.

Archer me sujetó de la cintura y tiró de mí con tanta fuerza que ambos caímos sobre los adoquines. Vi por el rabillo del ojo cómo un carruaje pasaba a pocos centímetros de donde yo había estado apenas un segundo antes.

Dos grandes caballos relincharon y el carruaje se estampó contra uno de los puestos del mercado hasta terminar volcándose un par de metros más adelante .

Mi corazón seguía con latidos acelerados mientras volvía la mirada hacia Archer, que seguía sujetándome. Su rostro se encontraba demasiado cerca del mío, tanto que pude sentir su respiración chocar contra mis mejillas mientras sus ojos recorrían cada una de mis facciones.

Tragué saliva.

Durante unos segundos todo cuanto nos rodeaba desapareció; el carruaje, los caballos y el murmullo alterado del mercado.

Un grito hizo que Archer reaccionara y nos incorporara a ambos, rompiendo el contacto de nuestras miradas.

—¡Por todos los Dioses! —exclamó alguien.

Se había formado un círculo de personas alrededor del carruaje tumbado. Nos abrimos paso entre la multitud por mera curiosidad hasta colocarnos frente a la escena.

Fue entonces cuando sentí un déjà vu ; mi padre en el suelo bajo un charco de sangre. Salvo que ahora no había nadie en el suelo porque, al parecer, el carruaje no traía consigo a un cochero.

—¿Quién podría haber huido tras caer? —pregunté.

Archer volvió el rostro hacia mí, pero no hicieron falta palabras para que comprendiera el sentido de su mirada.

Nadie huiría de algo así a menos que fuera planeado. A menos que alguien hubiera querido estamparse contra nosotros. A menos que hubiera tenido intención de matarnos.