Capítulo 18 #2
Sus manos temblaban y no solamente ellas, sino el resto de su cuerpo. La forma en la que había reaccionado no parecía propia de alguien que acababa de enterarse de la muerte de un simple conocido.
Intercambié una rápida mirada con Archer. Él también lo notó.
—Nadie se lo imaginaba —contesté—. Y estoy aquí para descubrir más sobre él, señora…
Me detuve, percatándome de que no sabía siquiera su nombre.
—Oh, qué maleducada. —Negó con la cabeza—. Me llamo Delphine Pennington.
Delphine Pennington.
Por más que intentara recordar el nombre, era incapaz de conectarlo con cualquier parte de mi vida. ¿Conocía a algún Pennington? ¿A alguien de la aldea, quizás?
—¿No nos habíamos visto antes? —quise saber, solo para sacar esa idea de mi cabeza.
Delphine negó con la cabeza.
—No en tiempos que tú puedas recordar —hizo una pausa—. La última vez que vi a tu padre, tú tenías dos años.
—¿Y no lo ha visto desde entonces?
—Desgraciadamente, no. Digamos que lo mejor para los dos era mantener las distancias.
Eso captó toda mi atención.
—¿Por qué?
Delphine me miró fijamente, y pude notar el debate que se estaba formando en su cabeza. Pero finalmente, respondió:
—Supongo que si tu padre te dio mi dirección era porque quería que algún día supieras toda la historia —suspiró—.
Conocí a tu padre trabajando. Nos veíamos a menudo y, con el tiempo, terminamos siendo bastante cercanos.
—Hizo otra pausa, clavando sus ojos durante medio segundo sobre los de Archer—.
Ambos terminamos metidos en mitad de algo demasiado terrible como para ser siquiera contado.
¿Algo demasiado terrible? ¿En qué demonios andaba metido papá?
—¿Usted está enlazada con el Caso Cenit?
Apoyó sus manos sobre las rodillas. Me fijé en el pequeño tic que tenía en su ojo izquierdo, que me recordó al mismo que tenía mi tía.
—No, o al menos, no en estos momentos. La cuestión es que nos metimos a fondo en nuestro propósito hasta que se volvió demasiado peligroso.
No tuve otra opción más que desaparecer de la vida de todos.
Era consciente de que darle mi dirección a tu padre era imprudente, pero necesitaba tener la certeza de que, si lo necesitaba, podía contar conmigo.
—Espera —la interrumpí—. Antes has dicho que la última vez que lo viste iba conmigo.
Asintió.
—No volví a encontrarme con tu padre. La última vez fue hace diecinueve años.
Diecinueve años. Por todos los Dioses.
—El deber de Donald era mantenerse alejado del Caso Cenit, pero… —Sus labios temblaron ligeramente—. Han dado con él, tal y como dijeron que harían.
Sentí cómo mi respiración se aceleraba hasta alcanzar a un ritmo alarmante.
Mi padre tendría que haberse mantenido alejado del Caso Cenit pero no lo hizo. ¿Por qué?
—No tengo nada que ver con el Caso Cenit —añadió Delphine, rompiendo el silencio—. No después de saber lo que son capaces de llegar a hacer.
—Lo entiendo, pero mi padre nos hizo venir hasta aquí por alguna razón. —Apreté los labios—. Quiero… No. Necesito entender cuál es esa razón.
—Hay cosas que no deben removerse —contestó, más nerviosa que antes—. No puedo permitir que salga más gente herida. No podéis volver a pisar esta casa. Jamás.
Abrí la boca para transmitirle mi desaprobación, pero Archer, como si me hubiera visto venir, alzó la voz.
—¿Nos puede dar algún nombre?
Delphine se quedó pensativa durante un instante, y luego volvió a mover la cabeza en señal de negación.
No. No pensaba largarme de allí sin la información que necesitaba, de modo que, con mi tono más suplicante, le rogué:
—Por favor. Lo único que quiero es comprender qué llevó a mi padre hasta ese punto. Entender si su muerte fue en vano o el resultado de algo mucho más complejo.
Delphine me retuvo la mirada y pude ver con claridad la batalla que se seguía librando en su interior. Finalmente, dijo:
—Buscad a Collin Ederhart. No os puedo dar más información.
La presión en mi pecho disminuyó considerablemente mientras memorizaba el nombre en mi cabeza.
Collin Ederhart.
—De acuerdo —contesté, agradecida de tener al menos una pista—. Gracias, Delphine.
—No hay de qué.
Archer y yo nos levantamos, dispuestos a marcharnos.
—Y… —Ambos nos giramos al mismo tiempo hacia ella—, no os fiéis de nadie. —Deslizó una mano por su frente—. Os deseo mucha suerte. Espero que los Dioses de Ofem os ayuden.
Por algún extraño motivo, su comentario logró hundirme el pecho.
—Tendremos cuidado —le aseguré. Y me pareció apreciar que la preocupación en sus ojos se aliviaba poco a poco.
Finalmente salimos de su casa.
Aún sentía ese nudo en el estómago, apretando pese a tener una pista. Y me preocupaba llegar a descubrir algo para lo que quizá no estaba preparada.
Desde la muerte de mi padre no había hecho más que dar tumbos alrededor de algo que él quería que terminara.
El Caso Cenit era un enigma mucho más grande de lo que podía llegar a imaginar y cada vez dudaba más de poder resolverlo.
La vida de mi padre había sido mucho más activa de lo que creía y nunca me había percatado. Nunca supe ver ninguno de los indicios.
¿Cómo podía haber estado tan ciega?
Claro que esa no era la primera vez en la que no había sido capaz de fijarme en aquello que se encontraba más a la vista.