Donde caen los reyes (Ofem 1) Capítulo 12 #2
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Capítulo 12 #2

—Oh, mierda —intervino Thomas—. Tengo que comprarle más harina al viejo Morrison.

Salió de detrás de la barra en cuestión de segundos, volviéndose a nosotros antes de salir de la taberna.

—Nos vemos.

Y cerró la puerta tras de sí.

Me volví a centrar en Archer, que se había levantado del taburete y ahora permanecía de pie junto a la barra.

—Ayer dijiste que te metiste en reuniones de hombres de gran importancia —le recordé—. ¿Qué tiene que ver con mi padre?

Él se tomó un instante para inspirar aire antes de darme una respuesta. Sin embargo, esta vez obtuve todo lujo de detalles.

—Tu padre formaba parte de las reuniones. Era uno de los hombres trajeados que alababan las hazañas de los demás mientras fumaban un par de puros.

—Mi padre odia fumar —intervine, cortando su discurso.

—No me sorprende —continuó, clavando su mirada aún más en la mía—.

Supe que tramaba algo cuando lo encontré en el servicio.

Al principio no pensé nada extraño. Nos dedicamos una mirada y un leve asentimiento de cabeza.

Me largué de allí, pero justo cuando me disponía a regresar al gran salón me percaté de que me faltaba un guante.

Quise volver a entrar en el servicio, pero en ese instante encontré a tu padre abriendo un sobre y echando lo que fuera que contuviera dentro de una copa.

¿Que mi padre qué?

—¿Estás insinuando que envenenó a un hombre? —pronuncié, notando cómo algo empezaba a arder en mi interior .

—Lo seguí —continuó, esquivando mi pregunta—. Donald regresó nuevamente a la gran sala. Se acercó a Dunstan Radcliffe y le tendió la copa de vino con una sonrisa en los labios.

Una grieta se abrió paso por mi corazón.

—Mientes —solté.

Archer se acercó a mí. Y de repente, noté la presión de sus manos sobre mis hombros.

—Espera. —Apretó los labios un instante—. Tu padre hizo lo correcto, Melody.

—¿Lo correcto? —Mis ojos se abrieron enormemente—. ¡Dices que envenenó la copa de un hombre! —No podía creer lo que acababa de escuchar—. ¿Y si era peligroso? ¿Y si lo hubiera matado?

Fue la cara de Archer la que hizo que perdiera toda la presión de mi cuerpo.

—No —susurré—. No, no, no, no, no…

—Melody —colocó sus manos sobre mis mejillas, obligándome a mirarlo.

Su ceño permanecía fruncido y sus ojos cargados de algo parecido a preocupación. ¿Qué esperaba? Me acababa de soltar una acusación que no tenía ningún tipo de sentido. ¿Por qué iba mi padre a hacer algo así?

—¡No! —exclamé en algo similar a un sollozo—. Él no era así.

—Melody, tu padre salvó a un hombre.

Abrí los ojos de nuevo, desconcertada. ¿Qué lo salvó? ¿A qué se refería con que lo salvó? ¡Acababa de decir que lo había envenenado!

—El tipo al que mató era el nuevo consejero del rey —explicó—. No soy conocedor de todos los detalles pero, hasta donde sé, estaba tramando un asesinato contra el antiguo consejero real. Lo único que hizo Donald fue evitarlo.

Estudié su mirada, tratando de encontrar una mota de culpa o temor. Nada. Parecía estar siendo totalmente sincero conmigo.

El aire salió desesperado de mis pulmones. Que hubiera salvado la vida de alguien no justificaba matar a otra persona, ¿verdad?

—¿Estás seguro de que murió por culpa de mi padre?

No traté de disimular el miedo en mi voz. Necesitaba una certeza, tan solo eso.

—Lo encontraron a la mañana siguiente desplomado en el suelo de su habitación. No hay pruebas concluyentes.

—Entonces no estás seguro de que fuera él.

Me negaba a aceptar una verdad como aquella si no había pruebas seguras. Era una acusación muy grave. Conocía a mi padre, lo conocía mejor que nadie. Papá me había cuidado, me había enseñado, me había querido. Él no… Simplemente no.

—Melody, encontré a tu padre envenenando la copa de un hombre que murió al día siguiente. —Tragó saliva—. ¿Qué más pruebas necesitas?

Me mordí la lengua.

No había dudas: si Archer era sincero, entonces mi padre era un asesino.

—¿Y por qué lo mató? ¿Por qué no acudió a las autoridades? —inquirí.

Él dejó escapar una risa triste y hueca.

—Las autoridades están bajo las ordenanzas de tipos influyentes. Lo único que hubiera conseguido es que lo encerraran por falsas acusaciones .

—¿Mereció la pena?

—La merecerá si acabamos lo que él empezó.

Me observaba como si intentara descifrar mis pensamientos. El problema era que ni yo misma sabía qué demonios pensar.

—Mi padre murió. ¿Qué te hace pensar que nosotros no lo haremos?

—Soy un chico tremendamente optimista —La comisura de sus labios se elevó—. Y, además, tu padre creía en ti. Eso me da esperanza.

La confusión se reflejó en mi rostro.

—¿A qué te refieres?

Archer se volvió a apoyar en la pared, dejando un notable espacio entre ambos.

—Uno de sus hombres de confianza me habló de ti. Dijo que tenía dos hijas; la mayor, comprometida con un duque y tú, su hija prodigio. —Hizo una pausa—. Según Richard, su amigo, tu padre tenía un gran afecto hacia ti. Decía que eras excepcional y que ibas a reestructurar la sociedad.

Más lágrimas asomaron para unirse a las anteriores, formando una catarata que descendía sin reparo por mis mejillas. En cualquier otra situación, habría sido motivo de vergüenza, pero aquellas revelaciones lo justificaban.

—Fue entonces cuando lo tuve claro: tenía que encontrarte —prosiguió—. Tu padre ha sido el único hombre que se ha atrevido a enfrentarse a los líderes. Pensé que podrías ayudarme a acabar su cometido.

Era un exceso de información. Demasiado para asimilar. Sin embargo, intenté comprenderlo todo.

¿Mi padre había asesinado a alguien… honorablemente? ¿Dónde ac aba el bien y empieza el mal? ¿Cuál era el límite de un acto atroz si las consecuencias eran por un bien mayor?

—No sé si podré hacerlo —susurré, tapándome la cara con ambas manos. Las lágrimas empaparon la comisura de mis dedos.

—Claro que no lo sabes —respondió, cogiéndome las manos y apartándolas de mi rostro. No me había percatado de que había vuelto a situarse junto a mí—. Al menos si no lo intentas.

Asentí débilmente.

—No voy a obligarte a nada, Melody. —Su voz se suavizó—. Esta decisión es únicamente tuya.

Alcé la mirada hacia él.

—¿Y si digo que no?

—No te negaré que me sentará como el culo —respondió, frunciendo los labios—. Pero continuaré solo.

Centré mi mirada en un punto de la pared para poder pensar con claridad. ¿Estaba dispuesta a esto? ¿A dejar atrás mi vida?

Pero ¿qué vida? Ya no me quedaba nada. Sin mi padre no era nadie. No tenía nada que perder.

—Lo haré. —No me creía mis propias palabras—. Pero no mataré a nadie.

Me negaba a ser una asesina; de esa parte tendría que encargarse otro.

Vi el inciso de una sonrisa sobre sus labios, la cuál camufló sorprendentemente bien pasándose un dedo por la comisura del labio inferior .

—No puedo decir lo mismo, princesa.

Un fuerte escalofrío recorrió todo mi cuerpo con solo imaginarlo.

—¿Y por dónde empezamos?