Donde caen los reyes (Ofem 1) Capítulo 10
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Capítulo 10

Archer

—¿Cuánto tiempo va a quedarse aquí? —preguntó Thomas una vez hubo bajado los escalones.

—El que haga falta.

Cogí un vaso y lo coloqué sobre la barra. Luego agarré una de las botellas de ron y me vertí una buena cantidad. Un par de gotas cayeron fuera del cristal y mancharon la madera. Deslicé un dedo por lo alto.

Mi amigo vino hacia mí con las cejas fruncidas y una expresión que dejaba claro que aquello no terminaba de convencerle.

—No creo que sea una buena idea —opinó, sentándose en un taburete frente a mí.

Agarró mi vaso y se bebió hasta la última gota de ron de un trago.

—¡Eh!

Se lo arranqué de la mano .

—Yo lo necesito más que tú, chaval.

«Te puedo asegurar que no».

—Esa chica parece un corderito asustado —agregó.

No la compararía con un corderito, aunque sí que parecía un poco aterrorizada.

—Acaba de perder a su padre —contesté, encogiéndome de hombros—. Cualquiera hubiera reaccionado peor que ella.

En verdad, esperaba que se hubiera echado a correr o que me hubiera enviado a tomar por culo. Hacía menos de una hora desde que había salido del hospital y había venido hasta aquí. Y lo primero que se me ocurrió decirle fue: «Tu padre ha muerto».

La delicadeza no era mi punto fuerte.

Thomas chasqueó la lengua, sumido en sus pensamientos.

—Nunca hemos tratado con una mujer —añadió al cabo de unos segundos.

Arqueé las cejas, divertido.

—¿Te da miedo tener a una chica en la taberna? —me burlé.

Me dio un tortazo en el brazo a modo de respuesta.

—Al menos yo tengo experiencia con mujeres, chico. ¿Puedes decir tú lo mismo?

Touché.

Si no había estado con mujeres hasta la fecha era porque no me interesaba. De hecho, la única mujer a la que había estado siguiéndole la pista — sin que se entrara— era Melody SinClair. Podía parecer un tanto extraño; y por eso mismo esa información quedaría entre Thomas y yo.

Pero todo tenía un motivo de peso: resolver de una puta vez el enigma que me había obsesionado durante los últimos años.

—No necesito experiencia para tratar con ella —contesté al final—. Solo necesito que deje de mirarme como si tuviera cuatro cabezas.

En parte la entendía. Le había soltado mucha información de golpe y todavía guardaba la peor parte. Cuando conociera toda la verdad, lo más probable era que saliera de la taberna sin mirar atrás.

Thomas resopló.

—Apuesto una botella de ron a que se marcha antes del próximo atardecer.

—Recuerda que fui yo quien la encontró y quien consiguió sacarla del hospital. ¿De verdad dudas tanto de mis capacidades?

—No dudo de tus capacidades, dudo de las de esa chica para soportarte.

Apreté los dientes, mirando de reojo la escalera por la que había subido ella minutos antes. Se me hacía extraño que, después de tanta investigación y empeño, por fin estuviera aquí.

Joder. Pensé que esta sería la parte más sencilla, pero claramente estaba equivocado.

—Voy a ser muy caballeroso —le hice saber.

Thomas arqueó una ceja.

—Perdone, su majestad. —Sonrió con burla—. ¿Quiere que le consiga también un ramo de flores?

—Vete a la mierda.

Su carcajada resonó por toda la taberna, pero a mí no me hizo ni una pizca de gracia.

De acuerdo. No tenía experiencia con mujeres… ni con la gente en general. Pero eso no me iba a suponer un obstáculo. Podía acercarme a Melody SinClair y conseguir que confiara en mí.

«O al menos, eso esperaba».

Me serví otro vaso de ron.

—Ella y yo tenemos algo en común. Supongo que es un buen punto de partida.

Aunque también algo desconcertante. Mis investigaciones me habían llevado hasta Donald SinClair como si los Dioses de Ofem lo hubieran puesto frente a mis narices para decirme: «¡Eh, idiota, ese hombre es una pieza importante!»

¿El porqué? Eso ya era otro asunto.

Pero para eso había traído a Melody hasta aquí; con ella estaría más cerca de encontrar la verdad.

—También puede ser lo que la haga salir por patas.

Sí. Esa también era una opción.

—¿Y qué coño le has prometido? —continuó, ladeando la cabeza—. ¿Que vas a sacar a su hermana del hospital?

Me mordí la lengua. Mierda. Eso era exactamente lo que le había prometido Y ciertamente, no lo tenía planeado. Sabía que tenía una hermana y que resultó herida en el accidente, pero no indagué más.

Su condición me pilló por sorpresa, pero no iba a negarme.

—Si la saqué a ella, podré con la hermana.

Thomas negó con la cabeza pero se guardó su comentario para él mismo. Mejor. Luego se levantó y cogió un cazo .

—Le he dicho a la chica que le iba a preparar algo de comer —me informó—. Podrías ir a hablar con ella y consolarla o algo.

Hablar con ella.

Sí. Claro. Pan comido.

Porque después de haberla buscado como un acosador, hablar con ella era una tarea sencilla.

—Claro —respondí, aclarándome la garganta.

Me alejé de la barra y fui hacia las escaleras, sintiendo un leve temblor en las manos.

—¡Archer!

Me detuve en uno de los escalones y me giré con impaciencia hacia él.

—Sé simpático. —Curvó sus labios y los señaló—. Y sonríe.

Puse los ojos en blanco e hice lo que me pedía.

—Joder. No tanto, que ahora das miedo.

Quizá Thomas tenía razón y aquello iba a salir terriblemente mal.