Capítulo 9
Melody
—¿Melody? —me llamó la voz de Thomas.
Unas manos me empujaron suavemente hacia un taburete, donde me dejé caer sin pronunciar palabra.
No era capaz. Mis manos temblaban y a duras penas lograba coger una simple bocanada de aire. ¿Dónde demonios estaba el aire?
—Melody —repitió.
Unas manos distintas se apoderaron de mis hombros. Archer me miró fijamente y, con una fascinante calma, empezó a inspirar y espirar lentamente.
—Haz lo mismo que yo —me indicó entre las respiraciones.
Pese al nudo en mi garganta, intenté imitarlo, sintiendo una mezcla de vergüenza y dolor.
Inspirar.
Espirar.
¿Cómo algo aparentemente sencillo podía resultar tan complicado?
—Muy bien, Melody. Sigue así.
Las palabras de Archer me animaron un poco más y, con mucho esfuerzo, conseguí que el aire empezara a entrar poco a poco en mis pulmones. La presión fue bajando y el temblor disminuyó notablemente.
—Gracias —susurré casi sin aliento.
Thomas me tendió un vaso de agua que acepté sin pensar.
—No hay de qué —respondió Archer.
Levanté la vista hacia él.
—¿Cómo…?—intenté pronunciar entre el sin fin de preguntas que surcaban mi mente—. ¿Por qué…? ¿Ha muerto?
No sabía siquiera por dónde empezar.
Ya no era una posibilidad, sino una realidad: papá me había dejado, del mismo modo que lo hizo mi madre años atrás. Estaba sola. Completamente sola.
Archer se apoyó en una de las mesas y suspiró.
—Dicen que fue un accidente, pero no es cierto —explicó.
—¿Un accidente?
Asintió, sopesando sus siguientes palabras.
—La prensa ha afirmado que su carruaje se volcó por una rueda mal colocada.
¿Mal colocada?
—Eso es imposible —murmuré—. Yo misma me aseguro cada semana de que estén todas y cada una de ellas en perfectas condiciones.
—Precisamente —continuó—. Tengo más motivos de los que me gustaría para pensar que se trata de un asesinato. Alguien no quería a tu padre dentro del mapa.
—¿Qué? —solté en un grito ahogado.
¿Alguien había matado a mi padre a conciencia? La palabra asesinato resonó en mi mente con tanta fuerza que temí desmayarme de nuevo. ¿Por qué querrían acabar con su vida? ¿Por qué me lo habían arrebatado?
Mi padre era un gran hombre, un alma pura y empática.
Siempre ayudaba a los demás sin esperar nada a cambio.
Nos cuidó a Sloane y a mí e hizo todo lo que estuvo en su mano para que tuviéramos todos los privilegios posibles.
No había día en el que no antepusiera sus necesidades a las nuestras.
Cada domingo donaba una parte de sus beneficios a los pobres.
¿Quién querría matar a un hombre así?
Nunca dijo nada malo de nadie.
Nunca hizo daño a nadie.
Tan solo vivía.
—Más tarde volveremos a este tema. Antes contestaré al resto de preguntas. —Apoyó sus codos sobre la mesa—. ¿Por qué? Es de suponer que tu padre andaba metido en el «Caso Cenit».
Fruncí el ceño. ¿El… qué?
—¿El Caso Cenit? —repetí, desconcertada.
Dirigí mi mirada hacia Thomas, quien me observaba con la misma expresión.
—Última pregunta —prosiguió Archer, alejándose de la mesa—. ¿Cuándo? Hace un par de amaneceres, justamente a las once y cincuenta y tres.
¿Once y cincuenta y tres?
Lo miré, entornando los ojos. Sus labios se curvaron en una suave sonrisa antes de añadir:
—Me gusta hacer paralelismos.
—A veces me asustas —añadió su amigo tras la barra.
Negué con la cabeza, intentando ordenar mis pensamientos, los cuales eran una bola de confusiones que se iba agrandando más y más a cada segundo que transcurría.
—¿Qué más sabes sobre la muerte de mi padre? —quise saber.
Necesitaba recopilar la máxima información que me fuera posible.
—Lo suficiente para sospechar que estaba envuelto en algo importante y peligroso.
Mis ojos se abrieron como platos. ¿Peligroso?
—¿Mi padre?
Archer suspiró, tomando un sorbo de lo que parecía ser ron.
—Problemas con los jefes —hizo una mueca—. Ya sabes, las clases altas.
Incliné la cabeza, sin creerle del todo.
—¿Me estás mintiendo?
La pregunta era absurda. Si lo hacía, no lo admitiría. Su credibilidad era totalmente inexistente.
—¿Y por qué iba a molestarme en hacerlo? —replicó.
Me levanté, agarrando un mechón de mi cabello como si fuera la única cosa a la que podía aferrarme.
—No tengo ni idea. De hecho, no tengo ni idea de nada.
—Deslicé mis dedos por ambas mejillas—. Hace menos de una hora estaba metida dentro de un hospital y la última imagen que había visto era la de mi padre desplomado en mitad de la calle.
¿Cómo se supone que debo estar? —Mi tono de voz se fue elevando por momentos—.
¡No te conozco de nada! Y parece ser que tú conoces más a mi padre que yo.
Esto no…. Nada de esto tiene el más mínimo sentido, joder.
—¿Y qué parte de tu vida consideras que sí lo tiene? —preguntó Archer, colocándose frente a mí.
Las lágrimas ardían tras mis ojos, a punto de derramarse, pero me obligué a contenerlas. Negué con la cabeza.
—Esto —suspiré—. Desde luego que no.
Archer intercambió una breve mirada con Thomas antes de volver a mí. Entonces, sin preguntarme siquiera, tomó mi mano.
Retrocedí un paso, apartándome del mismo modo que lo haría ante un fuego abrasador.
—Escucha —pronunció, y esta vez pude ver la determinación en sus palabras—. Tu padre murió buscando algo. ¿Acaso no quieres saber de qué se trata? ¿No ansías conocer el motivo por el que estuvo dispuesto a morir?
—Me ha dejado —contesté, sintiendo como el resentimiento me desgarraba por dentro.
Porque era la verdad, Donald SinClair me había abandonado.
—Haz que no lo haya hecho en vano —hizo una pausa—. Yo puedo ayudarte, podemos descubrir lo que esconde.
—¿Lo que esconde quién?
—El Caso Cenit —aclaró, como si el tal «Caso Cenit» fuera la cosa más conocida de la sociedad.
—El Caso Cenit. —Me reí sin un ápice de ganas—. ¿Y se puede saber qué demonios es eso?
Sus labios se curvaron levemente. Retrocedió un par de pasos y pronunció:
—Eso vamos a descubrir, Melody.
Parpadeé.
—¿Pretendes burlarte de mí?
La confusión cubrió su rostro y tuve que reprimir otra risa incrédula.
—Ni siquiera sabes de qué se trata. Maravilloso.
Dejé caer los brazos, sin fuerzas. Aquello era una completa locura.
—Si me permite una breve observación —intervino Thomas desde el otro extremo de la estancia, dirigiéndose a mí—. Debo decir que, aunque el chaval sea un tocapelotas de los buenos, y a veces un auténtico gilipollas, puede confiar en él en lo que se refiere al Caso Cenit.
—Vaya, gracias. —Archer se llevó una mano al pecho—. Me has tocado la fibra.
—No te acostumbres.
Ladeé la cabeza. Era evidente que aquel lugar no me conduciría a nada bueno. Necesitaba marcharme. Necesitaba aire… y claridad. ¿Y después? ¿Qué iba a ocurrir después?
—Melody —dijo Archer, captando nuevamente mi atención—.
No lo voy a negar, no tienes motivos para confiar en mí.
Ni yo mismo confiaría en mí… —Deslizó una mano por su mentón—.
Te ngo más defectos de los que sería prudente admitir.
Pero algo con lo que he vivido toda mi vida es que, cuando pongo el foco en algo, cuando me obsesiono con llegar a mi objetivo, lo consigo.
Me tomé unos cuantos segundos para sopesar mi respuesta. ¿Podía fiarme de él? Probablemente no. ¿Pero… qué alternativa tenía?
La realidad me golpeó como un látigo. No tenía alternativa.
—Está bien —suspiré, vencida—. Solo tengo una condición.
Su sonrisa se ensanchó.
—Dime cuál es, princesa.
—Me ayudarás a sacar a mi hermana del hospital.
Un destello cruzó su mirada, o tal vez no fue más que fruto de mi imaginación. Fuera como fuese, su respuesta terminó de convencerme.
—Trato hecho.