Donde caen los reyes (Ofem 1) 07/08/1884
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07/08/1884

Melody

— Cariño — pronunció papá—. ¿Qué ha pasado?

Quería responder. De verdad… pero la falta de aire me lo impedía. Vi de reojo cómo mis lágrimas caían sin remedio sobre el colchón, empapando la tela.

—Melody, shhh…

Se sentó junto a mí y me colocó entre sus brazos. Luego, empezó a trazar círculos sobre mi espalda con su pulgar.

No sabría decir cuánto tiempo estuvimos en esa posición. Cuando pude volver a respirar con normalidad, me incorporé levemente hasta quedar cara a cara con él.

—Ha sido Cam —sollocé, sintiendo cómo un par de lágrimas caían aún por mis mejillas.

Papá arqueó las cejas.

—¿El hijo de los Grenville? —preguntó. Asentí—. ¿Y qué ha hecho?

—Ha roto mi vestido favorito —expliqué ahogadamente.

—¿Tu vestido azul?

—Sí.

Apretó los labios.

—¿Y dónde está ahora? Tal vez pued…

—¡No! —lo corté—. No se puede reparar, papá... Ya no está en este mundo.

Suspiré.

—Me lo quité y lo tiré —susurré finalmente.

La confusión cruzó su rostro.

—¿Por qué hiciste eso?

—Porque Cameron dijo que parecía un arándano. Dijo que siempre iba vestida igual y que si alguna vez lo lavaba. Luego lo rompió y… vi inútil repararlo.

Era consciente de que mis palabras eran apenas entendibles.

—Oh, cariño… —Juntó sus labios contra mi frente—. Algo que tienes que aprender es que todo se puede reparar, hasta lo que se ha roto en millones de trocitos. Tan solo requiere tiempo y voluntad.