Capítulo 8
Melody
—Chico, mira quién nos complace con su presencia —pronunció Thomas.
Mi mirada seguía centrada en el joven que cerraba la puerta a sus espaldas. Una sensación extraña recorrió mi cuerpo en el momento en que sus ojos se encontraron con los míos.
Era más alto que yo, un poco delgado, aunque se adivinaban unos notables músculos bajo la tela de su camisa negra, ceñida a su piel bronceada.
Poseía una innegable belleza. Su rostro estaba compuesto por una marcada mandíbula, unos labios algo carnosos, una nariz recta y, lo más impresionante de todo, unos ojos color esmeralda que me exploraban bajo su despeinado cabello.
No sabría describir con claridad su color: ¿marrón oscuro?
¿Negro? No. Más bien se trataba de un marrón muy oscuro.
En esos momentos, sus ondas estaban desechas por el viento de la calle.
Me costó hasta tragar saliva.
Siempre era la primera en hablar, pero ahora me sentía incapaz.
—Te debo una, Thomas —contestó el tal Archer.
No le hicieron falta más de un par de grandes zancadas para colocarse frente a nosotros. Con un movimiento ágil, se quitó de encima el gran arco que llevaba colgado a su espalda y lo apoyó en la pared. Entonces estampó su cuerpo contra el de su amigo en un fuerte abrazo.
—Me debes más de una, chaval —respondió Thomas mientras se separaban.
Y, sin previo aviso, Archer se acercó a mí.
Su mera presencia me hizo sentir pequeña, cosa que no disfruté. Se colocó a un metro de mi cuerpo y me dedicó una amplia sonrisa, tendiéndome a su vez la mano.
—Hola, Melody.
Esas fueron las primeras palabras que me dirigió.
Pestañeé un par de veces y ladeé la cabeza.
No. No había visto jamás a ese chico.
—Hola, Archer.
Su sonrisa se amplió, si es que acaso era posible.
—Antes de nada, te daré la información que te pertenece —añadió sin tapujos.
«Por fin alguien decente» .
Mis músculos se relajaron y asentí en silencio, expectante. Me retuvo la mirada durante unos largos segundos antes de pronunciar:
—Tu padre ha muerto.