Donde arden las coronas (Una corona de mentiras 2) Capítulo 16 #2
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Capítulo 16 #2

El médico revisó los monitores.

—Se terminó.

—Padre.

No respondió.

—¿Daniel es Orfeo?

—Fuera —ordenó el médico.

Mi madre se colocó entre nosotros.

—Adrien.

—Él sabe.

—Y responderá cuando pueda hacerlo sin que su corazón vuelva a detenerse.

La frase me obligó a retroceder.

Salimos.

En el corredor, mi madre apoyó ambas manos contra la pared.

—Nunca me habló de un hijo.

—Pero padre lo sabía.

—Sí.

—Pagó para ocultarlo.

Helena volvió el rostro.

—Probablemente.

—¿Cuántas vidas construyó sobre secretos?

—Las suficientes para que ahora todos intenten salir al mismo tiempo.

* * *

Bash llegó antes del amanecer.

Ginny lo acompañaba.

Él llevaba la mano quemada vendada y una camisa arrugada. Ginny vestía pantalones oscuros, una blusa gris y las trenzas recogidas en una cola alta.

Beatrice apareció desde la habitación de Alexander envuelta en una manta.

—Padre despertó —le dije.

Mi hermana se detuvo.

—¿Está bien?

—Todavía no.

—¿Puedo verlo?

—Cuando retiren el respirador.

—¿Preguntó por nosotros?

Miré hacia la puerta.

—Escribió el nombre de Mercer.

No era la respuesta que esperaba.

Beatrice la aceptó.

Nos trasladamos a una sala privada.

Bash conectó el ordenador y proyectó las fotografías tomadas dentro de la casa antes del incendio.

La lista de posibles regentes apareció sobre la pared.

Mi nombre estaba primero.

La segunda línea continuaba cubierta por tinta.

—Forense consiguió separar parte de las capas mediante análisis de contraste —explicó.

La imagen cambió.

Debajo de la tinta aparecieron letras.

D. F. MERCER.

—Daniel Frederick —dijo Ginny.

—El hijo de Frederick —respondí.

Bash levantó la mirada.

—¿Quién confirmó eso?

—Mi padre.

El silencio duró varios segundos.

—Daniel Mercer no aparece en ningún registro vinculado con la familia —dijo Beatrice.

—Porque era ilegítimo.

Ginny tomó notas.

—Eso explica su acceso inicial a Aristeo, pero no un derecho legal sobre la Corona.

—Frederick no parecía especialmente interesado en la legalidad.

Bash amplió otra sección.

EL HEREDERO SUPERVIVIENTE.

—Podría referirse a Mercer —dijo—. Único descendiente de Frederick.

—Un heredero sin reconocimiento —añadió Ginny—. Criado cerca de la Corona, pero sin derecho a utilizar el apellido.

—Motivo —dije.

Beatrice apretó la manta.

—¿Hizo todo esto porque quería ser príncipe?

—No necesita querer el título —respondió Bash—. Puede creer que heredó la obligación de proteger la institución.

—¿Destruyéndola?

—Las personas como Frederick suelen distinguir entre la Corona y quienes la llevan.

La puerta se abrió.

Alexander entró en una silla de ruedas.

Un enfermero empujaba desde atrás. Mi hermano tenía la pierna elevada y una manta oscura sobre el regazo. Había discutido para vestirse con una camisa azul en lugar de la bata.

—No vuelvan a comenzar reuniones familiares sin mí —dijo.

—Estabas durmiendo —respondí.

—Una discriminación histórica contra los inconscientes.

El enfermero colocó la silla junto a Beatrice.

Ella acomodó la manta sobre sus piernas.

—Padre despertó.

Alexander quedó inmóvil.

—¿Habló?

—Escribió.

—¿Qué dijo?

—Daniel Mercer es hijo de Frederick.

Mi hermano miró la proyección.

—Por eso utilizaba su segundo nombre.

—¿Lo conocías?

—Lo vi algunas veces durante actos de Aristeo. Frederick lo presentaba como ayudante.

—¿Sabías que era su hijo?

—No.

—¿Qué recuerdas?

Alexander se llevó una mano a la sien.

—Era mayor que nosotros. Diez o quince años. Nunca hablaba si Frederick estaba presente.

—¿Entró en esta casa?

—No lo sé.

—Piensa.

Sus dedos se tensaron.

—Adrien.

—Lo siento.

Retrocedí.

—Tómate tu tiempo.

Alexander observó la fotografía del cobertizo.

—Había un muchacho que llevaba leña. No parecía parte del personal.

—¿Mercer?

—Podría ser.

—Entonces conocía la propiedad antes del incendio.

—También el escondite, si Frederick se lo mostró.

Bash cambió la imagen hacia los registros financieros.

—La activación del fondo ocurrió dieciocho meses atrás. Mercer ya trabajaba con Asteria y Meridian.

—Tenía las evaluaciones originales —dije—. Conocía el proyecto, el lago y la forma en que reaccionaríamos.

—También podía utilizar el sello de Frederick —añadió Ginny.

Beatrice se acercó a la pantalla.

—¿Por qué su nombre aparecía como posible regente?

—Quizá Frederick consideraba incorporarlo formalmente si nosotros fallábamos —dijo Alexander.

—No podía convertirlo en regente sin reconocimiento legal.

—Aristeo no estaba preparando un procedimiento constitucional —respondí—. Preparaba una crisis donde las reglas pudieran modificarse.

Mi hermano apoyó ambas manos sobre las ruedas de la silla.

—Mercer era Cantor.

Bash levantó la cabeza.

—¿Por qué?

—Frederick lo obligaba a cantar durante las cenas privadas.

La memoria pareció afectarlo.

—No cantaba bien. Adrien se burló una vez.

Intenté recordar.

Un joven alto junto al piano.

Cabello castaño.

Una voz grave entonando una canción francesa mientras Frederick marcaba el ritmo con el bastón.

—Le dije que parecía un funeral con acompañamiento musical.

Alexander sonrió débilmente.

—Frederick te castigó.

—Me prohibió cenar.

—Le robaste un pastel desde la cocina.

—Una consecuencia previsible.

Bash tomó el teléfono.

—Marcus debe ver una fotografía de Mercer.

—Ya lo conocía —dije—. Lo investigaba.

—Necesitamos saber si relacionó el nombre Cantor con él.

Ginny abrió otra carpeta.

—Wren continúa bajo custodia.

—Hablaré con él —dijo Alexander.

—No —respondí.

Mi hermano me miró.

—¿Por qué?

—Wren intentó secuestrarte.

—Precisamente por eso puede reaccionar ante mí.

—No te colocaremos frente a él.

—Puede realizarse detrás de un cristal.

—Alexander.

—¿Otra vez decidirás por mí?

El tono no era hostil.

Eso lo hizo más efectivo.

—Lo discutiremos con seguridad —me corregí.

—Bien.

Beatrice sonrió.

—Su progreso emocional resulta perturbador.

—El incendio dañó mi juicio.

Alexander volvió hacia la pantalla.

Los documentos rodeaban a Mercer.

El nombre.

El acceso.

El linaje escondido.

El código de Cantor.

Todo encajaba.

Demasiado bien.

Bash fue el único que no parecía satisfecho.

—¿Qué? —pregunté.

—Mercer ha permanecido desaparecido durante meses. Si controlaba Orfeo, ¿por qué necesitaba a Lawson, Shaw, Cole y Wren?

—Porque no podía aparecer directamente.

—¿Y por qué dejar su nombre debajo de tinta que podía recuperarse?

—Frederick creó la lista antes de que existieran los métodos actuales.

—O alguien quiere que la encontremos.

—Siempre piensas que cada prueba es una distracción.

—Es mi trabajo.

Alexander habló:

—También puede ser ambas cosas. Mercer era parte del proyecto y alguien decidió exponerlo.

—¿Quién? —preguntó Bash.

Mi hermano miró hacia la fotografía de Frederick.

—La persona que quiere heredar lo que él construyó.

No parecía hablar de sí mismo.

No existía nada en su rostro capaz de sugerirlo.

Solo un hombre herido contemplando al posible hijo de quien había convertido su infancia en una prueba.

—Encontraremos a Mercer —dije.

Alexander sostuvo mi mirada.

—Esta vez, vivo.

—Si él lo permite.

—No necesito que lo perdones. Necesito respuestas.

Asentí.

—Vivo.

* * *

Wren reconoció a Daniel Mercer.

La entrevista se realizó dentro de una sala protegida de Scotland Yard. Alexander observaba detrás de un cristal junto a Ginny y dos médicos. Yo permanecía dentro con Bash.

Wren llevaba un uniforme gris y esposas sujetas a la mesa.

Había perdido peso desde la última vez que lo vi. Sus ojos continuaban poseyendo la serenidad desagradable de un hombre convencido de servir a algo superior.

Bash colocó seis fotografías frente a él.

—¿Cuál de estas personas conoce como Cantor?

Wren no miró.

—No conozco ese nombre.

—Lorraine Shaw lo utilizaba.

Una sonrisa leve apareció.

—Lorraine utilizaba demasiados nombres.

—Marcus Vale también lo reconoció.

—Marcus escuchaba puertas que no debía abrir.

Me incliné.

—Daniel Mercer.

Los dedos de Wren se detuvieron.

Solo un segundo.

Suficiente.

—¿Qué ocurre con él? —preguntó.

—Es hijo del príncipe Frederick.

—Eso no es una pregunta.

—¿Dirige Orfeo?

Wren bajó la mirada hacia las fotografías.

Señaló a Mercer.

—Frederick decía que una Corona necesitaba hijos visibles y hombres invisibles.

—¿Mercer era el hombre invisible?

—Era el único hijo que entendía el precio de la continuidad.

—Entonces sí.

—No he dicho eso.

—Lo llamaban Cantor.

Wren levantó los ojos.

—Cantor transmitía la voz.

—¿La voz de Orfeo?

—Las órdenes.

—¿De quién?

—Del heredero.

—Mercer.

—El heredero superviviente.

—Es el único descendiente de Frederick.

Wren sonrió.

—La sangre no necesita reconocimiento para recordar de dónde viene.

Bash mostró una fotografía del archivo negro.

—¿Mercer tiene esto?

—Si sobrevivió al fuego.

—¿Estaba en la casa?

—Orfeo siempre está donde los hermanos creen encontrarse solos.

La respuesta me irritó.

—¿Mercer incendió la propiedad?

—El fuego comenzó mucho antes de que ustedes llegaran.

—El dispositivo.

—El proyecto.

La frase parecía preparada.

—¿Por qué intentaron secuestrar a Alexander? —pregunté.

Wren miró hacia el cristal.

No podía ver a mi hermano.

Sabía que estaba allí.

—Porque el heredero recordaba la palabra.

—¿Uno cae?

—Y porque usted jamás abriría la pared sin él.

—Entonces no querían matarlo.

—Todos pueden morir.

—No fue lo que pregunté.

Wren se inclinó sobre la mesa.

—Alexander debía llegar a la casa. Usted debía cargarlo fuera. Beatrice debía salvar la grabación. Cada uno representó el papel que Frederick escribió.

Sentí un frío profundo.

—¿Y tú?

—Yo debía asegurarme de que comenzaran a leer.

—¿Mercer te lo ordenó?

Wren se recostó.

—Pregúntele cuando regrese.

—¿Regresar a dónde?

—A casa.

Bash recogió las fotografías.

La entrevista terminó.

Al otro lado del cristal, Alexander permanecía inmóvil.

Cuando entré, tenía ambas manos cerradas sobre la manta.

—¿Estás bien?

—Sabían que iríamos los tres.

—Wren puede estar mintiendo.

—Sabían que me cargarías.

—Cualquiera que conozca nuestra familia podía imaginarlo.

—Mercer nos conocía.

—Entonces encontramos a la persona correcta.

Alexander miró hacia la sala donde Wren permanecía sentado.

—“Cantor transmitía la voz”.