Capítulo 13 #4
—Lo sé.
—No dejaré de amarte al cruzar una frontera.
—Eso resulta poco eficiente.
Una sonrisa triste apareció.
—No quiero una relación a medias, Adrien.
—Lo sé.
—Y tú sigues enamorado de Evie.
—Sí.
No aparté la mirada.
Isabella recibió la respuesta.
El dolor apareció.
También el respeto.
—Gracias por no mentir.
—La honestidad continúa ofreciendo recompensas terribles.
—Algún día quizá aprendas a utilizarla antes de destruir algo.
—No exijas un desarrollo poco realista.
Se detuvo frente a mí.
—Si algún día puedes elegirme sin mirar hacia atrás, sabes dónde encontrarme.
—¿Y si ya estás con otra persona?
—Tendrás que sufrir.
—Pareces disfrutar la idea.
—Un poco.
Levantó una mano y apartó el cabello de mi frente.
Sus dedos recorrieron la cicatriz de mi ceja.
—No me esperes —dije.
—No pensaba hacerlo.
—Eso fue rápido.
—Tengo un país que heredar.
—Siempre tan ambiciosa.
—Es una de las razones por las que me deseas.
—Una de muchas.
Isabella me besó.
Breve.
Suave.
Una despedida sin promesa.
No intenté prolongarla.
Cuando se apartó, mantuvo la frente contra la mía.
—Encuentra a Orfeo.
—Lo haré.
—Protege a Alexander sin convertirlo en una prisión.
—Lo intento.
—Y deja que Evie te odie si lo necesita.
Esa parte dolió.
—¿Por qué?
—Porque algunas veces el odio es el único lugar donde puede sobrevivir un amor que ya no se siente seguro.
Isabella retrocedió.
Entró en la casa.
La vi desaparecer.
En menos de veinticuatro horas volvería a España.
Evie recorría Europa con Noah.
Había conseguido perder a dos mujeres sin que ninguna necesitara cerrar una puerta con violencia.
El crecimiento emocional resultaba extraordinariamente silencioso.
* * *
Wren habló por última vez cerca de medianoche.
Bash recibió la llamada mientras revisábamos el registro maestro.
—Quiere verte —informó.
—Acabo de pasar seis horas con él.
—Dice que encontró la etapa final.
—¿En su propia operación?
—Afirma que estaba cifrada dentro de los registros añadidos por Orfeo.
Regresamos a Ashdown Hall.
Wren esperaba en la biblioteca.
Ya no llevaba chaqueta. Parecía más pequeño dentro del chaleco y la camisa blanca.
Había llenado una mesa con documentos.
—Westminster no era el final —dijo sin saludarnos.
—Eso suponíamos.
—Era una demostración.
—Casi mató a Alexander.
—Y consiguió que el país exigiera su reemplazo.
Wren señaló una secuencia de transferencias.
—Después del aniversario debían producirse tres movimientos.
—¿Cuáles?
—Exposición médica del heredero. Acusación contra el segundo hijo. Retiro del monarca.
—¿Retiro?
—Muerte.
La palabra cayó sin dramatismo.
—¿Mi padre? —pregunté.
—Sí.
—¿Por qué?
—Si Edmund muere, Alexander se convierte inmediatamente en rey.
—Está incapacitado.
—Por eso usted sería nombrado regente.
—No necesariamente.
—El Gobierno lo exigiría para mantener estabilidad.
—Entonces Orfeo obtendría exactamente la situación que dijo querer evitar: los dos compartiendo poder.
—No compartirían. Competirían.
—No.
—Un rey incapaz y un regente popular. Cada decisión sería una prueba de cuál debe conservar la Corona.
—Alexander y yo no…
—Ustedes creen que su amor es inmune a la estructura. Aristeo fue creado para demostrar que ninguna relación lo es.
Golpeé la mesa con la palma.
—¿Cuándo?
Wren señaló una fecha.
La operación ya había comenzado.
—¿Qué significa este código?
—Traslado real.
—¿Destino?
—No aparece.
Saqué el teléfono y llamé a mi padre.
No respondió.
Otra vez.
Nada.
Llamé al jefe de su seguridad.
Bash recibió una comunicación al mismo tiempo.
Su rostro cambió.
—El vehículo del rey salió de Kensington hace cuarenta minutos.
—¿A dónde?
—La orden indica Windsor.
—¿Quién autorizó?
—El propio rey.
—¿Está dentro?
—Seguridad afirma que sí.
—¿Confirmación visual?
Bash guardó silencio.
—¿Hablaron con él?
—No desde que salió.
Volví a llamar.
La línea fue directamente al buzón.
Wren cerró la carpeta.
—Mientras escondían al heredero, dejaron al rey completamente solo.
Lo sujeté por el cuello de la camisa.
—¿Dónde está?
—No lo sé.
—Tus registros prepararon el traslado.
—Orfeo utilizó mi red.
—¿Destino?
—Busque dónde comenzó la Corona.
—Eso no es una dirección.
—Para su familia sí.
Bash ya hablaba con seguridad.
—El convoy abandonó la ruta hacia Windsor hace doce minutos —informó—. Dos vehículos de escolta dejaron de transmitir.
—Última ubicación.
—Cerca de Bosworth.
El lugar donde Ricardo III perdió la Corona.
Donde una dinastía terminó y otra comenzó.
Solté a Wren.
—Prepara el helicóptero.
—El clima…
—No me importa.
—Puede ser una trampa.
—Naturalmente.
Salimos.
Mi padre había autorizado que Aristeo evaluara a sus hijos.
Había colocado la supervivencia de la Corona por encima de nuestra intimidad, nuestra libertad y quizá nuestras vidas.
Aun así, continuaba siendo nuestro padre.
Y alguien acababa de sacarlo de Kensington utilizando una autorización auténtica.
Durante meses creímos que Orfeo quería elegir cuál de los dos hermanos debía morir.
Estábamos equivocados.
Primero pretendía retirar al hombre que seguía colocado por encima de ambos.
El rey.