Donde arden las coronas (Una corona de mentiras 2) Capítulo 13 #2
62%

Capítulo 13 #2

Sus ojos se detuvieron en Isabella.

—La última vez que la vi, robó una pieza de mi tablero.

—Usted había colocado dos reinas negras.

—Quería comprobar si prestaba atención.

—Yo quería comprobar si era capaz de continuar jugando con una pieza menos.

Wren sonrió.

—Futura reina.

Después me miró.

—Segundo hijo.

—Anciano sospechoso de conspiración. Las presentaciones informales resultan refrescantes.

Bash avanzó.

—Mantenga las manos visibles.

Wren levantó ambas.

—No encontrará armas.

—Lo decidiremos nosotros.

Registraron la casa.

Solo había personal doméstico, dos enfermeros y un conductor. Todos fueron trasladados para declarar.

Wren nos condujo hacia una biblioteca.

No pidió ver una orden.

No intentó destruir documentos.

Se sentó frente a la chimenea y nos ofreció té.

Nadie aceptó.

—Graham fue capturado —dijo.

—Disparó a un agente —respondí.

—Le ordené evitar violencia.

—Entonces necesitas elegir mejor a tus secuestradores.

—No pretendía secuestrar a Alexander.

—Solo trasladarlo sin consentimiento.

Wren inclinó la cabeza.

—Una práctica que parece compartir.

Isabella me dirigió una mirada.

Decidí no responder.

Bash instaló un dispositivo de grabación.

Ginny abrió su carpeta.

—¿Diseñó el Proyecto Orfeo?

—Sí.

La respuesta llegó sin vacilación.

—¿Con qué propósito?

—Preparar a la Corona para una transición que ninguno de ustedes quería contemplar.

—Alexander estaba enfermo —dije—. No muerto.

—Las instituciones no esperan la muerte para preparar sucesores.

—Ustedes tampoco esperaron su consentimiento para drogarlo.

—No autoricé medicamentos.

—¿Grabaciones?

—Evaluaciones controladas.

—Lo interrogaron durante episodios.

—Necesitábamos comprender qué podía recordar y qué decisiones tomaba bajo presión.

Me puse de pie.

—Era una persona enferma.

—Era el futuro jefe de Estado.

—Es mi hermano.

—Ambas cosas pueden ser verdad.

Apreté las manos.

Isabella habló antes de que perdiera el control.

—También me evaluaron.

Wren la miró.

—Sí.

—¿Por qué?

—España ofrecía la solución más estable para Adrien.

—No soy una solución.

—Institucionalmente, sí.

La frialdad de su respuesta hizo que incluso Bash tensara la mandíbula.

—¿Y Evie? —pregunté.

Wren tomó su taza.

—El vínculo de ruptura.

—Tiene un nombre.

—Evelyn Han.

—¿Por qué ella?

—Alcance internacional, antecedentes de resistencia ante figuras de autoridad, una empresa dispuesta a controlar su respuesta pública y una vulnerabilidad emocional capaz de activar su necesidad de protección.

—La colocaron en el centro de la gala.

—Sí.

—Permitieron que alguien la apuntara.

—No.

—La siguieron. Modificaron su ruta. Entraron en su avión.

—Eso ocurrió después de que perdiera el control del proyecto.

—¿Cuándo?

—Hace dieciocho meses.

—Antes de la gala.

—Sí.

—Entonces ya no elegiste a Evie.

Wren me observó.

—La evaluación inicial la identificó. Otra persona ordenó utilizarla.

—¿Quién?

—Orfeo.

—Tú creaste ese nombre.

—Creé la operación. No a la persona que terminó convirtiéndose en ella.

—¿Cómo tomó el control?

—Eliminó intermediarios, falsificó autorizaciones y comenzó a enviar órdenes con códigos del rey.

Ginny tomó la palabra.

—¿Por qué obedeció si Edmund se había retirado de Aristeo?

—Porque los códigos eran auténticos.

—Podían ser robados.

—Incluían frases de validación que solo el rey y su círculo más cercano conocían.

—¿Habló directamente con él?

—No.

—Entonces obedeció mensajes sin verificar y permitió que una organización vigilara a dos mujeres y drogara al heredero.

Wren la observó.

—Cuando una orden contiene una autenticación real, verificarla mediante canales comprometidos puede advertir al enemigo.

—Una manera elegante de decir que no quería descubrir que estaba equivocado.

Wren dejó la taza.

—Creí que Edmund había comprendido finalmente que la sangre debía sacrificarse para proteger la continuidad.

La frase llenó la biblioteca.

—Mi padre utilizaba esas palabras —dije.

—Las aprendió de Frederick.

—Y tú de él.

—Sí.

—¿Qué significa realmente?

Wren miró las estatuas visibles a través de la ventana.

—Que una familia real no pertenece únicamente a sí misma. Si un miembro amenaza la institución, debe ser apartado.

—¿Alexander?

—Si no puede reinar.

—¿Yo?

—Si rechaza la sucesión.

—¿Beatrice?

—Si su apego hacia ustedes la vuelve vulnerable.

La rabia llegó con tanta claridad que resultó casi tranquila.

Avancé.

Apoyé ambas manos sobre los brazos de su sillón.

—Vuelve a convertir a mi hermana en una evaluación y averiguaremos cuánto sacrificio tolera tu cuerpo por una institución.

Bash pronunció mi nombre.

No me moví.

Wren tampoco.

—Eso es exactamente lo que el informe describía —dijo—. Amenaza, intervención y violencia ante cualquier riesgo dirigido a una figura que considera suya.

—No es mía. Es mi hermana.

—Para usted, la distinción llegó tarde.

Las palabras encontraron un lugar incómodo.

Me aparté.

Isabella permanecía de pie junto a la chimenea.

—¿Cómo conocía Orfeo detalles privados? —preguntó—. Predijo que yo pediría a Adrien que me besara.

—Tenía acceso a los informes de las dos casas.

—Eso no estaba escrito en ninguno.

—Entonces alguien escuchaba.

—¿Quién?

Wren negó.

—Nunca vi su rostro.

—¿Su voz?

—Distorsionada.

—¿Hombre o mujer?

—No podía saberlo.

—Lorraine afirmó que era miembro legítimo de una familia real.

—Lo es.

—¿Cómo puede asegurarlo?

Wren se puso de pie.

Caminó hacia una caja fuerte oculta detrás de un retrato.

Bash lo acompañó.

Dentro había una carpeta gruesa.

Wren la dejó sobre la mesa.

—Registro maestro de Aristeo. Cada autorización requiere un nivel de acceso. Orfeo utilizó códigos reservados para integrantes de líneas directas de sucesión.

Ginny abrió el documento.

Había códigos británicos, españoles y de otras casas.

—¿Cuál utilizó? —pregunté.

—Británico.

—Mi padre.

—O alguien con acceso a sus claves.

—¿Alexander?

Wren me miró.

No respondió inmediatamente.

—Mi hermano estaba enfermo —dije.

—Precisamente por eso sus dispositivos resultaban accesibles.

—No era una pregunta.

—No creo que Alexander dirigiera el proyecto.

El alivio llegó antes de que pudiera impedirlo.

—¿Por qué?

—Porque varias órdenes se emitieron durante episodios documentados o mientras se encontraba hospitalizado.

—Entonces era imposible.

—Era improbable.

—No utilices una palabra diferente para fingir prudencia.

Wren cerró la caja fuerte.

—Además, Orfeo conocía una frase pronunciada por Alexander cuando tenía ocho años.

—¿Cuál?

—“Si Adrien cae, yo salto detrás”.

Recordé.

El lago helado.

Yo caminando sobre una superficie prohibida.

Alexander gritándome desde la orilla.

Nuestro padre estaba allí.

También un médico después de que el hielo se quebrara bajo mis pies.

—¿Quién escuchó? —pregunté.

—La familia, un médico y dos agentes.

—¿Cuál médico?

—Doctor Henry Vale.

El apellido me tensó.

—¿Relación con Marcus?

—Su padre.

—Murió hace diez años.

—Sí.

Otra conexión con una persona muerta.

Otra frase arrancada de nuestra infancia.

—Orfeo tuvo acceso a archivos familiares —dijo Isabella.

—O estaba allí —añadió Wren.

—Mi padre.

—Posiblemente.

Todo regresaba a Edmund.

Los códigos.

La frase.

El acceso.

La obsesión con la continuidad.

Wren empujó el registro hacia mí.

—Creí que su padre retomó el proyecto. Ahora sé que alguien utilizó su identidad y preparó estas pruebas para que, cuando todo terminara, él pareciera responsable y yo el ejecutor.

—¿Por qué ayudaste a localizar a Alexander?

—Porque Orfeo necesita que uno de ustedes muera creyendo que el otro lo eligió.

—Mi hermano se interpuso entre una estructura y yo.

—Eso no elimina el plan. Lo fortalece.

—¿Cómo?

—La culpa es una herramienta más eficaz que el odio.

Las palabras permanecieron dentro de la biblioteca.

—Si Alexander queda incapacitado después de salvarlo, usted aceptará la Corona para justificar su sacrificio —continuó—. Si se niega, él creerá que sufrió por nada.

—No conoces a mi hermano.

—Ayudé a educarlo durante dos años.

—Tenía tutores. No necesitaba un arquitecto.

Wren sonrió sin diversión.

—Todos los reyes son construidos por alguien.

* * *

La solicitud de Evie llegó mientras los investigadores sellaban la biblioteca.

Ginny me la mostró en un salón contiguo.

—Pide acceso a las grabaciones de Alexander —dijo.

—No.

—No solicita los archivos médicos completos. Solo fragmentos donde aparece su nombre o se discute su selección para la gala.

—Las grabaciones se obtuvieron durante episodios sin consentimiento.

—Eso argumenté.

—Entonces ¿por qué hablamos?

—Porque su abogada sostiene que las referencias a Evie influyeron en decisiones que afectaron su seguridad y carrera.

—Puede recibir transcripciones donde su nombre aparezca después de que Alexander las autorice.

—No quiere transcripciones preparadas por la Corona.

—Ginny.

—No estoy de acuerdo con la solicitud. Te explico su posición.

Tomé el documento.

La firma de Evie aparecía al final.

Había solicitado todos los registros que permitieran conocer quién la seleccionó, qué información se utilizó y cuándo comenzó la vigilancia.

Tenía derecho a esas respuestas.

No al cuerpo expuesto de Alexander.

—No entregarás los audios —dije.

—Necesito una instrucción de Alexander, no tuya.

—Está recuperándose.

—Eso no lo vuelve jurídicamente incapaz.

—Entonces pregúntale cuando podamos volver.

—La comisión exige una respuesta en cuarenta y ocho horas.

—Solicita una extensión.

Ginny me observó.

—Sabes cómo lo interpretará Evie.

—No estoy decidiendo qué verdad puede soportar. Protejo la intimidad de una víctima.

—Ella también es una víctima.

—Y recibirá cada documento sobre sí misma.

—Algunas respuestas solo aparecen dentro de las grabaciones.

—Entonces buscaremos otra forma.

—No siempre existe otra forma.

Doblé la solicitud.

—No permitiré que Alexander sea violado otra vez para reparar lo que le hicieron a Evie.

Ginny asintió.

—Estoy de acuerdo.

La miré.

—Podías empezar por eso.

—Quería asegurarme de que tu motivo no fuera proteger a la Corona.

—No me importa la Corona.

—Te importa tu hermano. Desde fuera, a veces ambas cosas pueden parecer iguales.

Guardó los documentos.