Donde arden las coronas (Una corona de mentiras 2) Capítulo 11 #3
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Capítulo 11 #3

—La condición del heredero crea un riesgo intolerable. Procedan con la transición antes de que el segundo hijo se vuelva incontrolable.

Bash detuvo el audio.

Todos guardamos silencio.

—Es él —dije.

—La voz sí —respondió.

—Acaba de ordenar la transición.

Isabella tomó el reproductor.

Volvió al inicio.

Escuchó varias veces.

—Hay un corte.

—¿Dónde?

—Entre heredero y crea.

Ginny acercó el dispositivo al ordenador.

La forma de onda mostraba interrupciones.

—Está editado —confirmó.

—¿A partir de qué?

—Necesitaremos compararlo.

Un investigador encontró los archivos originales dentro de otra carpeta.

Tres conversaciones distintas.

Mi padre había dicho:

La condición del heredero requiere una evaluación.

Cualquier filtración crea un riesgo intolerable.

No procedan con la transición antes de informar al Gobierno.

El segundo hijo se vuelve incontrolable cuando cree que alguien está en peligro.

Aristeo había unido las frases.

La mentira utilizaba únicamente palabras verdaderas.

—Orfeo quería que encontráramos esto —dije.

—Sí —respondió Bash.

—Entonces sabía que llegaríamos a la cámara.

—O preparó el material para cuando alguien lo hiciera.

Miré las cajas.

Décadas de secretos.

Familias estudiadas.

Hijos clasificados como riesgos.

—¿Qué falta? —preguntó Isabella.

—El administrador actual.

—Entonces busquemos aquello que no preparó para nosotros.

* * *

No encontramos el nombre.

Encontramos algo peor.

Una carpeta fechada tres meses antes.

VENTANA DE TRANSICIÓN.

El aniversario de coronación aparecía marcado como primera oportunidad.

La recuperación de Alexander, como segunda.

Una anotación indicaba:

AH-1 debe quedar física o institucionalmente incapacitado antes de que AH-2 recupere estabilidad emocional.

—Adrien debía continuar descontrolado —dijo Bash.

—Evie era la herramienta.

—Y cuando te alejaste de ella, filtraron la autorización falsa.

—Para que se marchara.

Isabella continuó leyendo.

—Hay una referencia a exposición pública de Belgravia.

Le quité la página.

FASE DE RUPTURA FINAL: PUBLICACIÓN DEL ENCUENTRO PRIVADO. DESTRUCCIÓN DE CREDIBILIDAD DE EH. HUMILLACIÓN DE IV. AISLAMIENTO DE AH-2.

—Tienen la fotografía —dije.

—La policía también —respondió Bash.

—Orfeo conserva una copia.

—Probablemente más de una.

Saqué el teléfono.

—Debemos advertirles.

—Evie pidió que no la contactaras —recordó Isabella.

—Esto es investigación.

—Su abogada debe informarle.

La urgencia intentó convertirse en excusa.

La reconocí.

Llamé a Ginny.

—Advierte a la abogada de Evie. Existe una filtración preparada sobre Belgravia.

—Lo haré.

—También al equipo de Isabella.

—Yo me ocupo —dijo ella.

No llamé a Evie.

Todavía podía respetar un límite incluso mientras todo dentro de mí exigía escuchar su voz.

Llegamos tarde.

La fotografía apareció siete minutos después.

* * *

Evie estaba sentada sobre la encimera.

Sus piernas rodeaban mi cintura.

Una mano se hundía en mi cabello y la otra tiraba de mi camisa mientras nos besábamos.

El reflejo de una ventana mostraba parte de mi rostro.

La fecha aparecía debajo.

La misma noche en que Isabella y yo habíamos asistido a la recepción.

Horas después de besarla.

Los titulares no necesitaron imaginación.

EL PRÍNCIPE, LA CANTANTE Y LA FUTURA REINA.

ADRIEN ENCUENTRA A EVIE DESPUÉS DE BESAR A ISABELLA.

LA AMANTE SECRETA DE BELGRAVIA.

Millones de personas recibieron la imagen antes de que pudiéramos solicitar su retirada.

Isabella observó la pantalla.

Su rostro perdió toda expresión.

—Lo siento —dije.

—Ya sabía que ocurrió.

—Saberlo no es verlo.

Amplió la fotografía sin querer.

Los labios de Evie contra los míos.

Mi mano bajo su suéter.

El modo en que nuestros cuerpos parecían incapaces de dejar espacio.

Isabella bloqueó el teléfono.

—Necesito un minuto.

Se alejó hacia el extremo de la cámara.

No fui detrás.

No tenía derecho a pedir que procesara su humillación cerca de mí para disminuir mi culpa.

El teléfono de Bash no dejaba de sonar.

—Asteria ya publicó —informó—. Afirma que Evie incumplió condiciones de conducta y puso en riesgo acuerdos institucionales.

—Ella no sabía lo de Isabella.

—Lo sé.

—El mundo no.

Abrí mi cuenta oficial.

Escribí sin consultar a Julian:

La reunión mostrada en la fotografía fue organizada por mí. Evelyn Han no conocía las negociaciones privadas entre las casas Hawthorne y Valcázar. Yo poseía toda la información y decidí ocultarla. Cualquier responsabilidad por lo ocurrido me pertenece exclusivamente.

Bash leyó.

—Ginny va a querer revisarlo.

—No hay tiempo.

Publiqué.

Isabella regresó.

Había recuperado el control de su expresión.

—Yo también hablaré.

—No tienes que hacerlo.

—No lo hago por ti.

Abrió su cuenta.

Su declaración fue más breve.

Evelyn Han nunca me debió fidelidad, explicaciones ni una renuncia. No convertiré a otra mujer en responsable de decisiones tomadas por un hombre que poseía toda la verdad.

La miré.

—Eso puede perjudicarte.

—No más que guardar silencio mientras la llaman amante.

—Gracias.

—Tampoco lo hice por ti.

—Lo entendí la primera vez.

—Quería asegurarme.

Su teléfono volvió a vibrar.

Esta vez era una llamada de su padre.

Isabella la rechazó.

—Termina de revisar la cámara —ordenó a los investigadores—. Quiero una copia de cada documento relacionado con España.

Su voz no tembló.

Solo sus manos.

* * *

El primer concierto de la gira se realizó esa noche en París.

No lo vi completo.

Permanecí junto a Alexander mientras seguridad cambiaba su habitación después del hallazgo de la cámara.

Mi hermano observó la fotografía de Belgravia.

La estudió durante demasiado tiempo.

—No digas nada —advertí.

—No pensaba hacerlo.

—Tu rostro sí.

—Mi rostro se pregunta cómo conseguiste que una casa de Bash pareciera un lugar donde se cometía un delito internacional.

—Técnicamente se estaba cometiendo.

—Eso explica la iluminación.

Dejó el teléfono.

—¿Hablaste con Evie?

—No.

—¿Vas a hacerlo?

—Me pidió que no la contactara.

—La fotografía afecta a ambos.

—Su abogada tiene la información.

Alexander me observó.

—Estás intentando hacerlo bien.

—No parezcas tan sorprendido.

—Parece doloroso.

—Lo es.

La transmisión del concierto continuaba sin sonido en el televisor.

Evie estaba sobre el escenario.

Vestía pantalones negros y una chaqueta plateada. Cantaba junto a Noah frente a miles de personas.

Asteria intentó suspender la presentación.

La organización local se negó.

Al terminar la canción, varios periodistas esperaban junto a la salida lateral.

Evie y Noah aparecieron tomados de la mano.

Subí el volumen.

—¡Evie! ¿Continúa siendo la amante secreta del príncipe?

Ella siguió caminando.

—¿Se reunió con Adrien mientras él mantenía una relación con Isabella?

Noah colocó una mano sobre su espalda.

—No respondas —dijo.

El micrófono captó sus palabras.

Evie se detuvo.

Noah también.

Ella lo miró.

Hablaron brevemente, demasiado bajo para escucharlos.

Después Evie regresó frente a las cámaras.

Se quitó las gafas.

—Amé a Adrien —dijo.

Mi corazón dejó de funcionar durante un segundo.

Alexander volvió la cabeza hacia mí.

—Lo que ocurrió en esa casa fue consensuado y real. No me avergüenzo de haberlo amado ni de haber deseado estar con él.

Los periodistas gritaron.

Evie levantó la voz.

—Sí me avergüenza haber aceptado convertirme en un secreto. No volveré a permitir que ningún hombre me convenza de que esconderme es el precio necesario para quererlo.

Noah permanecía varios pasos detrás.

No intentó acercarse.

Evie extendió la mano.

Él la tomó.

Ella lo atrajo.

Lo besó.

Frente a todas las cámaras.

No fue un roce.

No fue un gesto calculado para fotografías.

Evie rodeó el cuello de Noah con los brazos y él la sostuvo por la cintura. El beso se prolongó mientras los flashes convertían la noche en una secuencia de luces blancas.

Noah fue quien intentó apartarse primero.

Evie volvió a besarlo.

Algo se cerró dentro de mí.

No una herida.

Una puerta.

Alexander bajó el volumen.

—Lo siento.

—No lo digas.

—Adrien.

—Ella quería dejar claro que no es mi amante.

—Sí.

—Lo consiguió.

Me levanté.

—¿A dónde vas?

—A trabajar.

—Puedes quedarte.

—No necesito que me consueles.

—No iba a hacerlo.

Alexander señaló el sillón.

—Solo pensé que no debías estar solo.

Miré la pantalla.

Evie todavía sujetaba la mano de Noah mientras seguridad los conducía hacia un vehículo.

Podía llamar.

Romper la promesa.

Preguntarle si el beso había sido real o una respuesta a la humillación.

No importaba.

Ella lo había elegido delante del mundo.

Exactamente lo que yo nunca tuve el valor de hacer.

—Tengo una reunión —dije.

—Son casi las once.

—Las crisis institucionales respetan poco los horarios.

Salí.

Caminé por el corredor sin mirar atrás.

No golpeé ninguna pared.

No rompí el teléfono.

No busqué información sobre Noah.

Había aprendido a sentir celos sin convertirlos inmediatamente en un delito.

La mejora resultaba miserable.

* * *

Isabella me encontró dentro de la cámara de Windsor una hora después.

Había regresado para supervisar el traslado de los documentos. Se había quitado la chaqueta y llevaba el cabello recogido con un lápiz.

—Vi el video —dijo.

—Todo el mundo lo vio.

—¿Estás bien?

—Una pregunta ofensivamente popular.