Donde arden las coronas (Una corona de mentiras 2) Capítulo 10 #4
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Capítulo 10 #4

—No lo sé.

—¿Estarán juntos?

—Sí.

La palabra me atravesó.

No pregunté si se acostarían otra vez.

Ya no necesitaba imaginarlo como una posibilidad.

—No quiero que me contactes —dijo.

—Existe una amenaza contra ti.

—Mi abogada hablará con Ginny. Seguridad hablará con Bash.

—¿Y yo?

Evie respiró.

—Tú cuidarás de tu hermano.

—Puedo hacer ambas cosas.

—Eso es lo que siempre crees.

—No utilizaré la investigación para obligarte a verme.

—Entonces demuéstralo.

Miré el documento falso.

La firma robada.

Otra parte de mi vida convertida en un arma contra ella.

—De acuerdo.

Pronunciarlo me destrozó.

—No te contactaré fuera de la investigación.

Evie guardó silencio.

Esperaba que dijera algo más.

Que retirara la petición.

No lo hizo.

—Gracias —murmuró.

La palabra fue peor que una despedida.

—Te amo.

No debía decirlo.

La frase escapó de todos modos.

Evie soltó una respiración temblorosa.

—Yo también.

—No parece suficiente.

—Nunca lo fue.

Terminó la llamada.

Me quedé con el teléfono junto al oído.

Noah estaba con ella.

La acompañaría durante tres meses.

Compartiría aeropuertos, escenarios, hoteles y noches en las que nadie tendría que entrar por una puerta secreta.

Yo había prometido no contactarla.

Esta vez cumpliría.

No porque hubiera dejado de amarla.

Porque comenzaba a comprender que un amor incapaz de respetar una despedida solo era otra forma de encierro.

* * *

Bash analizó el documento durante el aterrizaje.

La firma había sido extraída del archivo original, tal como sospechaba. La fecha de creación fue modificada y el certificado pertenecía a una cuenta eliminada.

—¿Dónde se encontraba la declaración original? —pregunté.

—En el servidor de comunicaciones del Palacio, el archivo de tu oficina y el sistema privado utilizado por Alexander.

—El Palacio tiene miles de empleados.

—El sistema de Alexander, seis usuarios.

—Marcus.

—Sí.

—Lawson antes de morir.

—Sí.

—Lorraine pudo copiarla durante los episodios.

—Es posible.

—¿Alguien de mi familia?

Bash cerró el ordenador.

—Técnicamente, Alexander.

Lo miré.

—No.

—No lo estoy acusando.

—Entonces no pronuncies su nombre.

—Preguntaste quién tenía acceso.

—Mi hermano no falsificó una autorización mientras alguien lo drogaba y grababa.

—No he dicho que lo hiciera.

—Orfeo entró en su sistema.

—Probablemente.

—Y continúa haciéndolo porque nadie ha encontrado el acceso.

Bash sostuvo mi mirada.

—Eso significa que la persona puede estar dentro del equipo actual.

—Entonces revisa a todos otra vez.

—Ya lo hacemos.

—No lo suficiente.

—Nunca será suficiente para ti.

—No mientras continúe perdiendo personas por nuestros errores.

Bash miró hacia el compartimento donde dormía Isabella.

—¿Evie se marcha?

—Sí.

—¿Con Noah?

—Sí.

—Lo siento.

—No necesito compasión.

—No era compasión.

—¿Qué era?

—Reconocer que algo te duele sin intentar arreglarlo.

La frase parecía sencilla.

No lo era.

Guardé el documento.

—Mi padre firmó la primera fase de Orfeo.

—Sí.

—Lorraine dice que otra persona tomó el control.

—Sí.

—Y la firma utilizada contra Evie salió del sistema de Alexander.

—Sí.

Las piezas comenzaban a rodear a mi familia.

Mi padre tenía el motivo institucional.

Personal de Alexander poseía el acceso.

Lorraine conocía al responsable mediante un título.

Su Alteza.

El avión tocó tierra.

Mi teléfono recibió señal.

Cientos de notificaciones aparecieron.

Una fotografía de Evie y Noah saliendo juntos de un edificio ocupaba la primera noticia. Él llevaba una mano sobre su espalda. Ella mantenía la cabeza inclinada hacia él.

No abrí la imagen.

Bloqueé la pantalla.

Había prometido no contactarla.

No había prometido dejar de querer hacerlo.

* * *

Mi padre esperaba en Kensington.

La página con su firma quedó entre ambos sobre el escritorio.

—¿Esto es auténtico? —pregunté.

Edmund la leyó.

—Sí.

—Firmaste el Proyecto Orfeo.

—Ese no era su nombre cuando lo aprobé.

—Aparece en el documento.

—La referencia fue añadida después.

—Una explicación conveniente.

—No autoricé ninguna operación contra ustedes.

—Autorizaste una evaluación de continuidad.

—Sí.

—Evaluaron la enfermedad de Alexander, mi personalidad, la capacidad de Isabella para convencerme y la vulnerabilidad de Evie.

—Evelyn no aparecía en el proyecto original.

—Pero existía una estructura preparada para utilizarla cuando alguien decidió incluirla.

Mi padre dejó la página.

—Cometí un error.

La admisión me sorprendió.

No suavizó nada.

—Alexander perdió partes de su memoria por ese error.

—Lo sé.

—Casi murió.

—Lo sé.

—Evie cree que entregué sus ataques de pánico a una organización que la consideraba una variable.

—Sé lo que está en juego.

—No tienes idea.

El rey se levantó.

Parecía más viejo que la noche anterior.

—Creí que podía controlar Aristeo. Creí que era preferible conocer cada riesgo antes de que se convirtiera en una crisis.

—Y ahora cada riesgo tiene nuestro nombre.

—Sí.

No se defendió.

Aquello hizo más difícil odiarlo.

—¿Quién tomó el proyecto? —pregunté.

—No lo sé.

—Lorraine afirma que era alguien de la realeza.

—Aristeo trabajaba con seis casas europeas.